Años perdidos
Un porcentaje sustancial de los pacientes de dolor crónico peregrinan por diversas consultas sin encontrar el alivio prometido con las terapias al uso, sin un diagnóstico con el que presentarse socialmente.
Al cabo de los años, un profesional pone, por fin, nombre a su padecimiento. “Tiene usted: fibromialgia, migraña, dolor crónico, sensibilización central” u otros muchos más.
“Por fin han dado con lo que tengo” “He perdido el tiempo y el dinero en este sin-vivir” “Ahora me pondrán un buen tratamiento y todo cambiará”.
Las cosas no van siempre lo bien que uno esperaba. Los profesionales son conscientes de ello. Las cifras del dolor “primario” crónico (sin un daño o estrés físico que lo justifique) siguen inamovibles, a pesar de las nuevas terapias, de cuarta o quinta generación.
Los pacientes ascienden lentamente por la escala jerárquica de la superespecialización, recorriendo con lentitud exasperante el tramo que va de la atención primaria a las Unidades del dolor o Neurología.
– Los pacientes nos llegan tarde. Se pierden muchos años sin tratarlos como se debiera, con medios modernos. Se prescriben pocos triptanes para controlar las crisis de migraña. Sólo con ibuprofeno no basta. Tenemos también tratamientos preventivos. Es una pena o incluso… un delito.
Las alumnas (y algún alumno ocasional) acuden a nuestros cursos tras muchos años de peregrinaje. La mayoría han probado ibuprofenos, triptanes, preventivos y terapias alternativas variopintas. Les ha visto el neurólogo y ha tirado la toalla, reconociendo su impotencia para solucionar el problema:
– No podemos hacer nada más. Tiene usted una migraña “refractaria”. Su cerebro procesa mal los estímulos sensoriales. Ha cronificado una dinámica de hipervigilancia e hipersensibilidad, que supera la capacidad de modulación de los fármacos, el bótox, los antiepilépticos y los betabloqueantes. Quizás si le hubiéramos atendido antes…
Nosotros explicamos los conceptos de Biología neuroinmune y los padecientes refractarios (“náufragos”) deciden cambiar la estrategia. Dejan de ser sujetos pasivos y se proponen intervenir activamente en las cuestiones de la gestión neuronal de la seguridad física del organismo.
Saben ahora que su red neuronal es normal, que procesa debidamente la información, pero que esa información, facilitada por diversos expertos en esos años perdidos, no es correcta o, al menos, puede cuestionarse, a la luz de la Biología moderna.
Los seres vivos explicamos, vivimos en una narrativa abierta al cambio, en función de lo que experimentamos y, sólo en nuestro caso (sapiens, ma non troppo), con el poderoso complemento de la información facilitada por los expertos.
El sistema neuroinmune actúa desde la información adquirida y validada, fluctuando en sus estados (normal, alerta, protección, desmotivación-ahorro de energía, exploración-explotación…).
Esos estados se expresan en la conciencia como sentimientos físicos (síntomas), pensamientos, run-runes mentales, decisiones conductuales. Los expertos ponen etiquetas e inculpan a genes y estilos de vida, no cuestionando el aprendizaje guiado por la información que ellos vierten en el entorno.
A pesar de los años perdidos y de la supuesta refractariedad, un porcentaje estimable del alumnado espabila, pone su mente a trabajar y va deconstruyendo con calma y constancia su historia, enfriando sus miedos y recuperando los hábitos perdidos.
Olvidan los años perdidos y vuelven a vivir.
Tenemos la impresión de que necesitaban esos años perdidos para aceptar una propuesta tan extraña como la nuestra.
No es una terapia. No damos pautas, remedios ni consejos. Quitamos vendas y animamos a abrir los ojos a la Biología. Visibilizamos lo invisible.
– ¿Sólo hablando?
– ¿“Sólo”, dice?
El saber ocupa mucho lugar en nuestra especie. Respecto a lo que se escapa a nuestros sentidos dependemos en gran medida de lo que “sólo” a través del lenguaje nos llega, para bien y para mal.
Know pain, no pain.
No pierda más años…
“No tiene nada que perder. “Sólo” el dolor (Kevin Allcoat)
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