Las "fibras del dolor" y el cerebro (V): El impacto de las creencias.
El efecto placebo, un oxímoron
Todos hemos oido hablar del efecto placebo. Tal como se sugiere en el programa de La 2 El cazador de cerebros, se trata de un oxímoron: Combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador (RAE).
Algo que no hace nada no puede generar un efecto. El efecto de la acción placébica corresponde a la creencia previa que esa acción activa. Lo que el sistema neuroinmune cree respecto a una acción se activa cuando se ejecuta la acción.
La creencia sí genera efectos
La creencia no es algo que construya el individuo a su antojo y conveniencia. Esa labor le compete al sistema neuroinmune y es básicamente inconsciente. Sólo sabemos lo que el sistema cree conociendo los efectos.
Yo sé que mi sistema neuroinmune cree que el aire con polen es peligroso por los estornudos y el lagrimeo.
Un paciente de migraña sabe que su sistema neuroinmune cree que el chocolate o cualquier otro desencadenante es peligroso para la cabeza por la crisis que le sigue, es decir, el efecto.
Hay creencias de impacto subjetivo positivo: expectativas de que algo puede aportar un beneficio (efecto placebo) y creencias de impacto subjetivo negativo: algo puede generar perjuicio (efecto nocebo).
Las acciones que activan el efecto placebo y nocebo se apoyan en el estado evaluativo neuroinmune, la información validada, sea veraz o falaz.
Placebos y nocebos neuroinmunes
Una reacción alérgica a algo inofensivo es un efecto nocebo. El sistema neuroinmune cree que el alergeno es peligroso. Una enfermedad autoinmune es, también, un efecto nocebo: el sistema neuroinmune cree que algunas células son peligrosas (aunque se equivoca) y hay que eliminarlas.
Un cáncer asintomático genera efecto placebo. El paciente no padece ningún síntoma, “gracias” a que su sistema neuroinmune cree que esas células son de fiar, aunque, evidentemente, se equivoca.
Un síntoma sin justificación biológica visibiliza el efecto nocebo de las creencias que operan en el sistema neuroinmune.
Una conducta adictiva contiene el efecto placebo de la consumación de esa conducta. Encender el cigarro genera el efecto placebo de eliminar la ansiedad por hacerlo. Un calmante, en ausencia de daño, elimina la ansiedad expresada como dolor, que presiona a la conducta de ingerirlo. El sistema neuroinmune cree que es eso lo que debe hacerse para eliminar la incertidumbre evaluativa.
Hay placebos más potentes que otros
Tal como se explicó en el programa, hay acciones con más efecto placebo o nocebo que otras. Una pastilla pequeña tiene una acción menos creíble que una grande, dos comprimidos de 100 mg más que uno de 200 mg. Un inyectable más que un comprimido.
Sorprendentemente, no se dijo nada de la intervención quirúrgica: la acción con mayor efecto placebo… o nocebo. Es frecuente que, tras una intervención, el dolor lógico postoperatorio siga a pesar de que todo ha cicatrizado correctamente. Las explicaciones del cirujano (“todo está en orden”) no consiguen la creencia del paciente de que es así y domina la creencia contraria: “algo ha sucedido en la intervención que no me quieren decir”; “yo sólo sé que antes de operarme no me dolía”.
¿Qué me cree cuando me cree?
La frase, aunque suene rara, contiene la misma lógica que la del programa: “¿Qué me duele cuando me duele?” En realidad la pregunta se interesa por el origen del dolor y, en este caso, de las creencias.
Si las creencias influyen en lo que el sistema neuroinmune hace, y es evidente que no siempre lo que cree debe ser creído, la cuestión es: ¿cómo se construyen las creencias? ¿qué podemos hacer para minimizar los errores que llevan al cáncer, las alergias, las enfermedades autoinmunes, la migraña, el dolor “músculoesquelético”, la fibromialgia y otras etiquetas sin explicación médica?
¿Todo vale?
En el programa se expuso la tesis de que “todo efecto placebo” vale si nos hace sentirnos mejor. Si la acupuntura aporta más bienestar que los fármacos, indiquemos la acupuntura, aunque puede que no sea mas que un efecto placebo. Da igual.
No comparto esa propuesta. La información que nutre las creencias sobre organismo debe ajustarse a lo que la ciencia dice sobre los procesos biológicos, neuroinmunes.
Hay que minimizar el efecto nocebo: el error evaluativo neuroinmune. No me parece una buena idea, a medio y largo plazo, potenciar el efecto placebo para neutralizar creencias que activan innecesariamente estados de alerta-protección-ahorro de energía (creencias nocebo).
El efecto nocebo no se combate con placebos, sino con información que desactive las creencias que sostienen el nocebo. No arbitrariamente, predicando lo que funcione como placebo, sino como información validada biológicamente.
Hay que desactivar toda esa terminología errónea de las “fibras del dolor”, “señales del dolor”. No es cierto que podamos controlar el dolor “bloqueando las fibras del dolor” antes de que sus señales lleguen a la médula espinal y ya no se pueda evitar que lleguen al cerebro y se hagan conscientes. Es una concepción “cartesiana” que sigue viva, pero debería estar muerta.
El cerebro no es un simple modulador de “señales de dolor” que libera endorfinas cuando quiere quitar dolor y bloquearlas cuando quiere lo contrario. El cerebro no procesa ni modula el dolor. Gestiona la información disponible en cada escenario-acción, evalúa coste-beneficio-sanción social y ese estado evaluativo se expresa en la conciencia como dolor con una carga motivacional que presiona al individuo a determinadas conductas, que incluyen la solicitud de ayuda profesional.
Es posible que al paciente lo que le interesa es que le quiten el dolor y no le importe cómo se consigue.
No está tan claro que las creencias deban ajustarse a ese objetivo.
¿En qué cree usted?
Know pain, no pain.
Continuará.
Artículos anteriores de esta serie, analizando el capítulo «¿Qué me duele cuando me duele?» del programa El cazador de cerebros:
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