Las "fibras del dolor" y el cerebro (I)
Ayer en La 2, el programa El cazador de cerebros se dedicó a explicar el origen del dolor: “¿Qué me duele cuando me duele?”
La cuestión tiene su miga. Se dijeron muchas cosas y me gustaría, al filo de lo que se fue diciendo, aprovechar el contenido para aclarar cuestiones.
El guión arrancó con la escena del albañil al que un clavo le atravesó el pie y sintió un dolor espantoso.
uno de mis vídeos del confinamiento representé la misma escena. El dolor del pie atravesado por un clavo se disipó cuando el espacio opaco de la bota aportó información, al mostrarse el pie desnudo con el clavo atravesando, sin lesionar nada, el espacio interdigital. Los ojos aportaron los datos sensoriales necesarios. Ver para creer. Analgesia.
El interior es opaco a la información sensorial consciente. No sabemos lo que sucede. Sólo sabemos si nos encontramos bien o mal. Todos los dolores responden al dilema del clavo en el zapato. ¿Tenemos algo que explica y justifica ese dolor o todo está correcto?
Podemos hacer pruebas. Movernos y observar lo que sucede con ese dolor. Si aumenta, concluimos que hay algo que roza, desgarra o comprime. Si el dolor amaina estando quietos, reforzamos la hipótesis del daño y la estrategia de la quietud.
Si viéramos el interior…
Con la anécdota del zapato queda en evidencia la importancia de la información. Si la bota fuera transparente… pero no lo es. Sólo los expertos con su conocimiento, su tecnología de imagen, nos pueden acercar a la situación real de ese interior opaco.
-Tiene usted artrosis. Mire: estas son sus vértebras… Han recibido mucha tralla. Eso de ser bípedo nos ha salido caro. La evolución no siempre aporta beneficio. Hay contrapartidas, costos…
El dato de la imagen cuela. Justifica, además, la queja subjetiva. Con la imagen obtenemos el respeto y la compasión. En cierto sentido, nos alegramos de “tener algo”.
Ese algo da pie a los profesionales a hacer también algo, recetar fármacos, por ejemplo, y si no es suficiente, operar, abrir el interior y quitar ese algo visto en la imagen.
El albañil se sugestionó y pensó que el clavo le había atravesado el pie. Por eso dolía. Las neuronas vigilantes del pie no comunicaron nada, “no detectaron dolor”, pero el cerebro se dejó llevar por la peor opción, la del clavo destruyendo tejido y esa hipótesis fue suficiente para que en la conciencia apareciera un dolor espantoso, que requirió sedación para intervenir, abrir la bota y comprobar que todo estaba en orden.
El programa sigue un hilo argumental claro: hay unas neuronas que “detectan el dolor” (las fibras del dolor) cuando algo genera daño. Ese dolor se transmite hasta el cerebro en forma de unas señales electroquímicas (“señales de dolor”) hasta que llegan al cerebro. Allí se procesan y en función de factores psicoemocionales diversos, memorias, expectativas… el cerebro modula el dolor: lo hace más o menos intenso.
¿Qué se puede hacer?
Muy sencillo: bloquear las señales de dolor y distraer al cerebro para que se centre en otras cosas y no module al alza el dolor.
Iremos analizando el programa. De momento, quédense con la idea del zapato y el clavo. La información del espacio opaco es la clave. No se fíe del dolor. Las apariencias pueden engañar. La información de los expertos puede ser incorrecta.
¿Qué me duele cuando me duele, entonces?
Continuará…
Know pain, no pain.
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