La etiqueta diagnóstica, el lado oculto del nocebo
Me manda mi amigo Mariano la referencia de un artículo publicado en El Correo: el efecto nocebo, el lado oscuro del placebo. Cuando crees que un tratamiento te va a hacer daño y termina haciéndotelo.
En general los artículos sobre el efecto nocebo, se centran en los efectos secundarios adversos que puede generar la creencia de estar tomando un medicamento, sin tomarlo.
– No puedo tomar ese medicamento pues me produce nauseas, mareo, dolor de cabeza, falta de concentración. Lo he tenido que dejar.
En realidad el medicamento era algo inerte, un engaño. La cápsula estaba vacía o contenía sólo azúcar.
El efecto nocebo pone al descubierto el poder de las creencias y expectativas sobre los síntomas, tanto para ponerlos (efecto nocebo) como para quitarlos (efecto placebo). Habitualmente el efecto se limita a los síntomas. Un placebo puede eliminar el síntoma “dolor” en un infarto de miocardio, pero no lo cura. Todo tiene su límite. Un nocebo puede provocar una crisis de migraña pero no una meningitis.
El efecto nocebo más poderoso y extendido es la etiqueta diagnóstica en los denominados “Síntomas sin explicación médica”.
Migraña, fibromialgia, dolor crónico, protrusiones discales, contracturas, columnas torcidas, colon irritado, mareo inespecífico, hipersensibilización central…
La etiqueta migraña, pòr ejemplo, consolida los síntomas de la etiqueta. Si su sistema neuroinmune “cree” que la cabeza está amenazada cuando sale viento sur o se acerca la menstruación, padecerá los efectos secundarios correspondientes. Es como leer el prospecto de un fármaco.
Los síntomas expresan en la conciencia el estado evaluativo-motivacional del organismo. Si ese estado es correcto, está generado por una amenaza real, consumada, los síntomas informan de lo que está sucediendo. Si la evaluación es errónea, ponen al descubierto el efecto de las creencias (en este caso, erróneas).
Si el efecto placebo elimina los síntomas del infarto, quiere decir que el subsistema neuronal defensivo ha eliminado el estado de alerta-protección por una interpretación errónea del efecto del fármaco (simulado, placébico). Actúa de cara al individuo, como si nada estuviera sucediendo.
El efecto placebo y nocebo acompañan a todos los encuentros del paciente con la información profesional. Lo que procede es informar debidamente y minimizar el efecto nocebo. Si los síntomas corresponden a un error de activación del estado de alerta-protección, el profesional debe informar que ese es el problema y no recurrir a la etiqueta.
– Padece usted las consecuencias de un error evaluativo. Su organismo activa el estado de alerta por una evaluación de amenaza absolutamente injustificada.
Si el profesional cree que la explicación está en la etiqueta trasladará su creencia al paciente facilitando la aparición de los síntomas.
– Padece usted una migraña, una enfermedad cerebral crónica, congénita.
Ese es el verdadero efecto nocebo, el lado oculto del impacto negativo de la información.
Leer el prospecto favorece la aparición de efectos secundarios. Recibir la etiqueta también.
Frente a esta propuesta algunos pacientes argumentan que ellos no fueron conscientes de recibir ninguna información. Un mal día empezaron a padecer las crisis y sólo después de padecerlas repetidamente acudieron al profesional a por la etiqueta (nocebo). La objección es comprensible y es importante disolverla con la información adecuada. El sistema neuroinmune extrae y recibe información por muchos canales, generalmente inconscientes, y sólo tenemos noticia de sus estados cuando se activan. El momento clave del efecto placebo o nocebo es el contacto con la información nocébica, con encuentro físico o no con un profesional.
Los fármacos reales, con química real, no están exentos de generar el efecto placebo. Gracias a él aparentan más eficacia de la que tienen.
Ante una etiqueta para los síntomas sin justificación biológica, lo que procede es evitar tanto el efecto nocebo de la información como el nocivo de los fármacos (efectos secundarios reales). Si tiramos de etiqueta, estaremos maximizando el impacto del nocebo y la nocividad real de los fármacos, generando la ilusión de control de la acción benéfica, que en realidad es un efecto placebo.
Frente al efecto nocebo, acción antinocébica, información desde la perspectiva biológica, no desde la profesional.
No sorprende que sean los neurólogos quienes padecen más el efecto nocebo de la información sobre migraña. La padecen más que ningún otro colectivo. Creen lo que predican.
Know pain, no pain.
Primum, non nocebere.
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