Estrés
No hay duda de que el virus viral ese ha generado una situación de estrés sostenido, de pronóstico incierto. Los miedos (perdón, medios) de comunicación nos alertan de las consecuencias psicológicas del estrés y nos ofrecen múltiples consejos para minimizarlas.
Hablemos del estrés
Hay que distinguir entre 1) lo estresante: cualquier escenario que contiene una amenaza a la integridad física o psicológica del individuo y que activa un estado de alerta-protección por parte del organismo.
Además del agente o estado que estresa, hay que considerar 2) la percepción o apreciación de estrés. Hay escenarios que estresan a unos y dejan fríos a otros. Lo importante es la evaluación que cada organismo hace de ese escenario, la capacidad de amenaza que le atribuye.
Finalmente, en función de la fuerza estresante del agente o estado y el modo en que es evaluado, se produce 3) la respuesta de estrés.
El mal bicho viral ese es un agente estresante. El sistema neuroinmune adaptativo no ha aprendido a detectarlo cuando entra. Es un virus nuevo. Sólo tiene noticia de él a partir de los miedos (medios) de comunicación. Si lo pillamos, hará sus destrozos correspondientes, individuales, según la carga viral, la capacidad de cada sistema neuroinmune y otros factores que desconozco. El sistema neuroinmune detectará los destrozos y tomará nota de que hay un agente no catalogado sobre el que recaen todas las sospechas. Las células vigilantes informarán a los centros evaluativos y, si seguimos vivos, quedará probablemente fichado. Tendremos inmunidad que puede que nos evite otro destrozo en el futuro.
El sistema neuroinmune de toda la ciudadanía ya está en estado de alerta, es decir, está estresado.
¿Cómo afecta este estado estresado a la capacidad defensiva del sistema neuroinmune?
Por lo que he leído sobre esa cuestión, el organismo de un ratón previamente estresado (viviendo colgado de la cola, o sobre una plataforma inclinada o sobre el agua, o recibiendo unos cuantos choques eléctricos cada día) responde a un mal bicho con más vigor. El sistema neuroinmune estresado, alertado, anticipa el estado de protección y así responde con más vigor cuando el agente estresante aparece. Es bueno estar preparado (estresado) para cuando llegue el enemigo.
Claro que la respuesta defensiva puede resultar excesiva (tormenta de citoquinas) y, en ese caso, el sistema neuroinmune nos genera más peligro con su ardor defensivo que el bicho en sí.
¿Cuál es la alerta justa que aumenta la capacidad defensiva sin pasarse de la raya?
No tengo ni idea. Tampoco sé cómo se gestiona ese estado de alerta óptimo, razonable, ponderado. No estoy seguro de que el estado de alarma actual propicie la ponderación. No es fácil mantener el tipo ante todo el bombardeo de imágenes y cifras y las perspectivas inciertas del futuro.
Una cuestión a considerar es la persistencia del estado de alarma. Una cosa es el estrés agudo y otra el crónico. El organismo responde de un modo distinto al invasor desde un estado anticipado de estrés de poca duración que si ese estado de alerta lleva ya instaurado días o meses.
Si mantenemos el estado de alarma en el tiempo, el sistema neuroinmune pierde capacidad defensiva. El bicho lo tiene más fácil, al menos en los ratones.
Todo esto es muy complejo y no es fácil para el sistema neuroinmune, para los expertos que lo conocen, para los que toman decisiones y para el propio individuo que no tiene claro lo que debe hacer para seguir vivo o psicológicamente presentable para cuando llegue la incierta “nueva normalidad”.
El estado de alarma, de momento, me ha enseñado algo bastante deprimente
Se empeñan, por mi bien, en concienciarme de que soy un anciano; vulnerable, a proteger. Debo vivir, dicen, a golpe de franja horaria, con mascarilla y evitando el contacto cercano con las personas que me interesan, sin saber cuándo volveré a disponer de la libertad para salir y entrar a casa (hasta el toque de queda común) cuando quiera, guardando la debida distancia y poniéndome la mascarilla en “espacios públicos”.
Nos lo están poniendo muy duro a los “ancianos”: la vida que nos pueda quedar la viviremos tocados ya por el estrés crónico, es decir, con el sistema neuroinmune en horas bajas, desmotivados, algo más obesos, alcoholizados y malnutridos.
En mi caso particular, no sé cuándo podré recuperar la actividad que más vidilla me daba: los cursos a pacientes y a profesionales, los ensayos del coro (un espacio con mucho potencial de contagio) y las comidas y cenas grupales.
Cuídate. Es un consejo que me resulta especialmente odioso en esta circunstancia.
Por lo demás, bien. Todo esto nos hará mejores, dicen…
Know pain, no pain.
Comentarios (9)
Los comentarios están cerrados.