Motivos y razones
¿Qué es la motivación?
Como sucede con muchas palabras sabemos lo que quieren decir pero cuando intentamos desnudarlas para desvelar su significado tenemos problemas.
“Me duele, pero me dicen que no tengo motivos. Está todo en orden”.
El paciente necesita razones para saber por qué duele si no hay una razón o motivo para que duela, según los profesionales.
El paciente sólo tiene, en privado, la certeza absoluta del dolor y de la incredulidad de los profesionales. ¿Por qué motivo o razón no creen su relato?
“Piensan que me invento el dolor o lo exagero”. “Me dice que con todos los fármacos que tomo y siendo la Resonancia normal no tendría que dolerme…”
El profesional piensa que es todo psicológico- ¿Por qué motivo; por qué razones?
El paciente no quiere trabajar; pretende generar lástima; obtener estima-compasión y protagonismo social. Esos pueden ser los objetivos que le motivan a seguir exhibiendo ese dolor cuestionable y esquivo a los fármacos.
No hay razones sino motivaciones, según el dictamen profesional.
El profesional también tiene razones y motivaciones.
Tiene que mantener el prestigio, la autoestima y aprecio del gremio. No puede cuestionar su competencia. Ese es el motivo. No tiene razones para afirmar lo que afirma. Sólo motivos, objetivos, valores individuales y corporativos a defender.
En la consulta, de modo más o menos confesado, se confrontan motivos y razones del paciente y el profesional.
En realidad es una confrontación entre narrativas. El dolor o cualquier otro síntoma, no es mas que la expresión en la conciencia de un estado evaluativo del sistema neuroinmune, influido poderosamente por l instrucción de los expertos.
“Me duele”. No tengo motivos, es decir, beneficio. Sólo quiero que deje de dolerme. Por eso me he motivado a acudir a la consulta. Tampoco conozco una razón para sentir este dolor. Yo no soy el médico. Deme usted esa razón y un remedio”.
Lo deseable, en mi opinión, sería que el médico o cualquier otro profesional hiciera una buena historia y exploración, con o sin ayuda de pruebas complementarias. Si esa evaluación concluye plausiblemente que no hay una razón de nocividad que lo explique y justifique (asigne un valor-beneficio al estado de valoración de amenaza por parte del sistema neuroinmune) habría que explicar al paciente el motivo y razón del dolor desde la perspectiva biológica.
“No tiene usted nada nocivo que justifique el dolor. Su sistema neuroinmune ha cometido un error evaluativo. Es lógico. Con la información que nosotros generamos facilitamos esos errores. Motivamos al sistema de defensa a hipervigilar y cometer errores por exceso de celo. Esa es la razón de que le duela. Tiene que invalidar la información previa y retocar la narrativa de su organismo. Codificar ese dolor como la expresión en la conciencia de un error neuroinmune”
Lo sé: es impensable un diálogo así, pero haría comprensible el desencuentro y confusión de las razones y motivos.
El paciente no tiene motivos para que le duela. Es su organismo. Está motivado por la función de la supervivencia. Si está instruido en la hipervigilancia cometerá antes o después un error y el paciente acudirá al profesional motivado por el valor de estar y encontrarse bien para hacer su vida, motivado por lo que a todos nos motiva, por razones evidentes.
Se entenderá mejor si analizamos el componente inmune adquirido (aprendido).
“Tengo muchos estornudos. Me lloran los ojos… ”
La razón de que estornude y llore está en un error de su sistema inmune que ha valorado amenaza en el aire con polen, motivado por su papel de defender el organismo de todo aquello que considera pueda ser peligroso”
El paciente no tiene motivos ni razones para estornudar. Le encantaría disfrutar de un día soleado, primaveral, cuando la naturaleza estalla de alegría, motivada por la reproducción.
No tiene más remedio que colaborar con su organismo y proceder a estornudar y frotarse los ojos.
”¿ No puede decirle doctor a mi sistema inmune que el polen es inofensivo, que no hay motivo para que inflame mis ojos y narices, que no tiene razón al juzgar ese aire primaveral como peligroso”?
No hay acceso directo al proceso evaluativo inmune a través del lenguaje. Las células vigilantes sólo entienden de moléculas internas y externas. Las detienen, analizan y presentan a los centros evaluativos para que decidan si corresponde a un agente peligroso”
Los errores inmunes no son razonables ni podemos hacer entrar en razón a los centros evaluativos sólo hablando. Podemos utilizar vacunas, con éxito variable. Tenemos que conformarnos con sabotear la respuesta inflamatoria con antihistamínicos, corticoides, inmunosupresores…
Los errores evaluativos del componente defensivo neuronal adquirido (aprendido) los facilitamos a través de la información experta, a través del lenguaje, y también podemos y debemos disolverlos con información de signo contrario cuando disponemos de evidencia de que ese componente defensivo neuronal actúa desde creencias y expectativas erróneas.
Hay razones y motivos para que los profesionales empecemos a reconocer y disolver los errores que hemos contribuido a crear.
Puede que algunos pacientes una vez etiquetados como enfermos quieran encontrar un entorno soportable para su condición y se motiven a encontrar subsidios y ventajas. Es comprensible. Tienen razones y motivos para hacerlo.
Lo deseable sería disolver el proceso previo, las razones (creencias adquiridas) y motivos (supervivencia) de su sistema neuroinmune, erróneos e injustificados.
Know pain, no pain
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