Refractarios
Con toda seguridad habrá pacientes etiquetados de migraña que se dan por satisfechos con el beneficio aportado por los fármacos u otras terapias. Puede que sigan padeciendo crisis pero aceptan la condición. Los preventivos y los calmantes parecen cumplir con lo prometido y sobrellevan el estigma con resignación. Un día malo lo tiene cualquiera y visto lo que hay (cambios hormonales y meteorológicos, transgresiones dietéticas, estrés, ajetreo, sobrecarga de estímulos, posible toxicidad ambiental…) y con los genes heredados de antecesores también migrañosos, ni tan mal.
El alumnado de nuestros cursos no pertenece a esta categoría de padecientes más o menos controlados y conformes. Han probado todas las ofertas oficiales y alternativas y a falta de nada mejor que echarse a la mente deciden probar esta oferta novedosa. Son, al sentir de los neurólogos, pacientes “refractarios”, resistentes a la presión de la química antimigraña y al orden autoimpuesto en la vida.
¿Qué falla? No lo saben. Han hecho todo lo que se les ha pedido. Habrá algo en su organismo, en sus arterias, en las terminales trigeminales meníngeas, en esos supuestos “generadores de migraña” ubicados en los sótanos de la mente, insensibles, autónomos, impermeables, obstinados, recalcitrantes… refractarios. En su cabeza siempre sale mal tiempo, borrascoso, nublado, “falso”. Apenas ven el sol y cuando lo hacen temen disfrutarlo.
Siempre ha habido pacientes “refractarios”. No sabíamos qué hacer con ellos. Puede que tuvieran depresión, ansiedad o, simplemente, la migraña delataba la incapacidad para organizar su vida. Eso pensaba yo en mis primeros años de andadura profesional.
Los triptanes prometieron mucho en los 90 pero cumplieron menos que a medias. Luego llegó el topiramato, los antidepresivos, los betabloqueantes. Cuando todo parecía perdido para los refractarios, apareció el bótox. Inyectable, novedoso y caro. Un buen placebo, pero poco o nada más.
Tampoco cumplió con las expectativas.
A los alumnos refractarios les explicamos cuestiones del aprendizaje neuroinmune. Pura biología. Eso es todo. Un porcentaje considerable de ellos mejora sustancialmente. En muchos casos se libran de los fármacos y de las privaciones. No debiera sorprender. Lo que se aprende puede desaprenderse. Es cuestión de informar desde otro ángulo, el de la biología.
A los refractarios se les ha anunciado ahora una potente novedad terapéutica, precisa, específica. Es algo mejor que un placebo, aunque no demasiado. Los neurólogos respiran aliviados. Por fin tienen algo distinto. Anticuerpos monoclonales. El curso puede esperar. Una inyección al mes…
No sólo hay pacientes refractarios. También abundan los profesionales con la misma condición opositora.
¿La migraña se aprende? ¡Bah! filosofía barata. Pseudociencia. Soy refractario.
La condición refractaria se supera informándose acerca de lo que se rechaza sin más argumentos que el del sentir mayoritario y la autoridad (falacia ad verecundiam).
Afortunadamente para los pacientes refractarios un colectivo creciente de fisioterapeutas y más minoritario de médicos de atención primaria dedica una parte sustancial de su tiempo y dinero a informarse y formarse en los nuevos paradigmas de la biología neuroinmune. No son refractarios. Lamentablemente las instituciones siguen exhibiendo una terca refractariedad y se escudan en la falta de evidencia para negar la oportunidad de aplicar libremente lo que han aprendido.
Nada hace pensar que el colectivo de neurólogos quiera apearse de sus dogmas. Están anclados en su condición refractaria, convencidos de que están situados en la única opción científica.
Mal asunto. Siempre ha sido así. Cuando toca cambiar radicalmente algún paradigma surge la refractariedad, la resistencia.
Refractarios.
¿Los pacientes? A veces sí. Algunos alumnos nuestros también lo son, pero la gran mayoría abre su mente y acepta la propuesta del aprendizaje.
Puede que haya que empezar a pensar en exculpar a los pacientes, considerar a los profesionales como refractarios al cambio de paradigmas y plantearse seriamente qué se puede hacer con esa obstinada resistencia.
Know pain, no pain.
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