Aprender a jugar

De cuando en cuando recibo correos o comentarios en el blog de tono descalificador. Duelen por varios motivos, pero lo que me interesa de ellos es el hecho de que se haya malinterpretado lo que vengo defendiendo.
Ayer recibí este:
Llevo desde los 8 años con migraña y tengo 56. He leído ‘Desaprendiendo la migraña,” y tengo la impresión que Usted no ha sufrido crisis de migraña y por tanto, no puede saber lo que de verdad es. La teoría que expone en el libro, eso sí con palabras muy rimbombantes, poco o nada tiene que ver con la realidad. En mi caso, nadie de mi familia ha tenido migraña, por lo que no lo he aprendido de nadie y con sólo decir que el dolor no existe, le aseguro que no desaparece y tb le puedo asegurar que tanto el dolor como las náuseas son absolutamente reales y no es ninguna invención mía. No juegue con la desesperación de la gente.
La crítica recoge varias objeciones que me resultan familiares. De hecho, en los cursos me anticipo a ellas para tratar de que no se cometan los errores de interpretación que contiene el comentario.
Tengo la impresión que Usted no ha sufrido crisis de migraña y por tanto, no puede saber lo que de verdad es
Cierto. No he padecido crisis completas de migraña. Solamente auras visuales en tres o cuatro ocasiones. Sí he padecido dolor lumbar recurrente invalidante y mareo crónico insufrible. Afortunadamente espabilé desde el conocimiento y ya ni el dolor ni el mareo, que de vez en cuando se asoman, consiguen cuajar. He escuchado innumerables relatos de pacientes con migraña y me hago cargo de lo que supone estar con dolor 10/10, vómitos, intolerancia sensorial, incomprensión social y desesperanza por no ver una salida al túnel después de haber peregrinado infructuosamente por todos los mercadillos del remedio.
La teoría que expone en el libro, eso sí con palabras muy rimbombantes, poco o nada tiene que ver con la realidad
Mi teoría sostiene que el sistema de defensa neuroinmune aprende a catalogar escenarios, agentes y estados como amenazantes, con una cuota variable de error. Si el organismo activa de modo recurrente estados de alerta protección (pródromos, aura, dolor, vómitos, intolerancia sensorial) sin que exista un daño que los justifique, evidentemente se trata de un error evaluativo de amenaza. El cáncer, las enfermedades autoinmunes, la alergia, la sensibilización central, las adicciones tóxicas… son errores de evaluación neuroinmune. La teoría oficial propone que los errores se producen por una hiperexcitabilidad neuronal (“generadores de migraña”) congénita, sin considerar la importancia del aprendizaje. Yo no niego la influencia genética, pero la sitúo en el contexto de la interacción con el entorno, incluida la información de los expertos.
En mi caso, nadie de mi familia ha tenido migraña, por lo que no lo he aprendido de nadie
El aprendizaje, como todo lo que sucede en el interior del organismo, es absolutamente inconsciente. Conocemos las consecuencias de ese aprendizaje a través de lo que aparece en la conciencia. Si un mal día aparece la primera crisis, sólo podemos concluir que ese día la evaluación de amenaza superó el umbral de probabilidad exigido para generar conciencia (dolor, nauseas, intolerancia sensorial). El problema se consolida con la evaluación que propone la cultura. Si el sistema neuroinmune pudiera evaluar el error como error podría modificarlo, pero los expertos proponen etiquetas y explicaciones que no sólo no disuelven el error sino que lo consolidan, generando un bucle interpretativo que sólo se puede disolver con la información sobre la trama del aprendizaje.
y con sólo decir que el dolor no existe, le aseguro que no desaparece y tb le puedo asegurar que tanto el dolor como las náuseas son absolutamente reales y no es ninguna invención mía
Jamás he sugerido que basta con decirse que el dolor no existe para que desaparezca. Unicamente informamos de que, a pesar de las apariencias, no hay daño ni amenaza de daño en la cabeza y eso es lo que debe interiorizarse.
Por supuesto nunca sugerimos que los síntomas no son reales. Insistimos en lo contrario. Es más: explicamos que el sufrimiento es más intenso porque realmente no está sucediendo nada nocivo. (“Dolores comedidos y desmedidos”-entrada del blog-)
No juegue con la desesperación de la gente
En los cursos animamos a los pacientes a jugar, es decir, a explorar desde el nuevo conocimiento el modo de disolver el embrollo. El juego forma parte del aprendizaje y debemos aprender a desarrollarlo con la máxima probabilidad de acierto. “Tocar” el piano se expresa en otros idiomas como “jugar” con el piano (play, jouer).
En ese sentido profundamente biológico estoy de acuerdo con usted. He jugado con la desesperación de los pacientes. He explorado en las bibliotecas respuestas a todas las incógnitas y dificultades que plantea la migraña. Ese juego me ha permitido construir una hipótesis (El error evaluativo neuroinmune) que ha ayudado a mucha gente, precisamente porque han decidido jugar (aprender, explorar) desde la nueva propuesta.
Lamento, de verdad, los malentendidos y me esfuerzo en evitarlos, pero no siempre lo consigo.
He compartido el correo descalificador por si ayuda a minimizar a otros el error de interpretación.
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