Tregua navideña
Es costumbre que, incluso en los más enconados conflictos, los contendientes se concedan una tregua para celebrar la Navidad, cada uno a su manera.
El dolor expresa un conflicto entre lo que el individuo quisiera hacer y el Sistema Neuroinmune de su organismo, que se empeña en considerar que esos planes ponen en peligro su integridad física. Las guerras son todas absurdas y el dolor persistente y otros síntomas, en ausencia de un daño que lo justifique biológicamente, también lo es. No tiene sentido que el Sistema Neuroinmune, seleccionado para separar lo inofensivo de lo ofensivo, se empeñe en ver amenaza donde no hay. Todo lo que el individuo desea, es decir, llevar una vida normal, es considerado como una agresión, una pretensión hostil, peligrosa.
En el conflicto del individuo con su Sistema Neuroinmune no debería caber otra estrategia que la del diálogo. Bombardear las sinapsis con triptanita, ibuprofeno, topiramato, amtriptilina o toxina botulínica no conduce a nada. El conflicto seguirá ahí, pendiente de que las partes entren en razón.
Espero y deseo que al menos en Navidad las lectoras-lectores del blog, que todavía no se hayan sacudido el yugo de su disparatado Sistema Neuroinmune, puedan conseguir, al menos, una pequeña tregua en estas fechas y tomarse los chupitos, chocolates y demás viandas absurdamente prohibidas e irse a dormir cuando les plazca sin que eso implique la acostumbrada represalia por parte del enemigo.
¡Felices fiestas!
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