Para cortarse las venas

Un colega médico me informa que ha escuchado esta mañana un programa en la cadena SER (minuto 9:39) en el que se hablaba del dolor de cabeza. Si lo oyes te hubieras cortado las venas, ha sentenciado.
Cierto. Pinchen el link y tiemblen.
Para empezar tanto la entrevistadora como el entrevistado (catedrático de Psicobiología) confiesan padecer migrañas.
Al parecer hay gente rara que nunca ha padecido dolor de cabeza (salvo traumatismos, infecciones…etc, se supone). Es gente “anormal”. Lo normal es que la cabeza duela.
Hay quien sugiere que el dolor se produce en el cerebro, comentan. Tonterías, no es cierto, sentencia el cátedro. El cerebro no duele. No tiene “receptores de dolor”.
Ni el cerebro ni ningún otro tejido de ninguna especie los tiene. Sencillamente los “receptores de dolor” no existen. Los mal llamados “receptores de dolor” son proteínas transmembrana sensoras que captan moléculas producidas por la necrosis celular (daño consumado) o la presencia de estados físico-químicos capaces de generarlo (daño potencial o inminente). Se codifica la información en señales eléctricas y se conducen dichas señales hacia los centros de procesamiento-respuesta. En el cerebro están los centros de recepción de las señales de daño que abren el paso al procesamiento final de más alto nivel, en un conjunto de áreas (“neuromatriz del dolor”) que evalúan los datos sensoriales al calor de lo aprendido . En función de esa evaluación, que contiene muchos componentes cognitivos, emocionales y sociales alimentados previamente por la cultura, aparece o no en la conciencia la cualidad “dolor”.
Para el experto el dolor necesariamente proviene de las meninges y los vasos, compartiendo así la opinión de las tesis habituales. La Biología de la red defensiva neuronal no dice eso.
Una vez excluidas las cefaleas secundarias (tumor, infección, traumatismos… etc)… estaremos ante las cefaleas primarias:
Distinguiremos entre la migraña y las cefaleas tensionales. La tensional aparece porque los músculos craneofaciales están contraídos. Fruncimos demasiado el ceño y eso pasa factura.
En la migraña duele porque hay una “inflamación de los vasos meníngeos” y eso sucede por los consabidos hábitos desordenados. El tratamiento no es muy eficaz. El botox inhibe los “receptores del dolor” del trigémino… (¡Ay, Señor!)
El aura aparece porque las arterias dilatadas comprimen el cerebro (hay que joderse…).
Esto es lo que hay. Información en boca de expertos que proclaman como Ciencia lo que no tiene nada que ver con ella.
Si es usted, lector, un asiduo del blog, tendrá la tentación de cortarse las venas.
Mientras tanto sigue la publicidad del nuevo y primer tratamiento “específico” para la migraña, el anticuerpo monoclonal antireceptor de CGRP.
A la migraña le va muy bien todo este circo mediático. Goza de muy buena salud. Cada vez afecta a más gente desde más temprana edad.
No sé qué se puede hacer frente a este despropósito informativo.
Realmente el problema ha adquirido tintes dramáticos y no hace otra cosa que engordar.
“Lo normal es que la cabeza duela.”
Sólo unos pocos anormales se libran del dolor.
Justo debería ser lo contrario. El dolor tendría que ser una excepción. Si no hay amenaza de destrucción de tejidos de la cabeza no tendría por qué doler.
Algo muy sustancial está mal.
Genes, hábitos…
¿No será el adoctrinamiento, los programas como el antedicho?
¡Qué horror!
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