Dolor y gloria: un dolor de cine
Me gustó la peli de Pedro Almodovar, pero lamentablemente, me encontré con lo que temía. La peli previsible, si el dolor es el protagonista.
Es sabido que Pedro padece dolores varios (“cuando me acuesto con cuatro dolores diferentes, rezo a Dios para que me ayude. Si lo hago con sólo uno, me vuelvo ateo”), con etiquetas diagnósticas confesadas públicamente de migraña, cefalea tensional, estenosis lumbar intervenida, todas ellas con mala respuesta a las terapias.
Pedro convive con el dolor, con los acúfenos y la intolerancia a la luz. Lo sobrelleva como puede.
Es una tremenda historia, la que refleja la peli. Millones de personas padecen una situación similar. El dolor crónico se ha convertido en el compañero de viaje inseparable, indisoluble, que estará siempre junto a quien lo padece… “hasta que la muerte os separe”.
Hay una escena de consulta con el médico en la que se vierten todos los tópicos habituales sobre dolor.
Pedro lleva unas oscuras gafas para protegerse de la luz y, previsiblemente, toma todos los analgésicos disponibles a los que suplica un mínimo alivio, en general, esquivo.
El film de Almodóvar refleja la intimidad del dolor, lo que el sufriente siente en el espacio privado de la conciencia, en soledad, desconcertado, desesperanzado, harto.
La conciencia es una sofisticada pantalla de cine. En ella el organismo, a través de la actividad compleja de la red neuronal, proyecta, cuando se encienden las luces, una historia integrada del pasado, presente y futuro, un mix de realidad y ficción. Lo que percibimos es una alucinación continua constreñida por los sentidos. En ocasiones, el cine cerebral es una retransmisión en directo. Otras es un documental y otras muchas, es ficción. Lo que el la red neuronal proyecta es sólo lo que imagina, teme y desea. Al organismo le ocupa y preocupa la supervivencia, no la veracidad.
El individuo consciente es un espectador interactivo que es atrapado con más o menos fuerza por lo que aparece en su pantalla privada.
Duele aquí y allá. ¿Qué estará pasando en los tejidos de la zona doliente?
Dice el médico…
Etiquetas…
Tómate esto y lo otro.
Sigo igual
Yo más no puedo hacer. Tendrás que convivir con ello…
El cuerpo se vuelve hostil, intolerante, agrio.
Realmente el dolor, en muchos casos, aun siendo real y desmedido, refleja un daño ficticio, irreal. Los tejidos de las zonas dolientes son iguales a los de otros ciudadanos a quienes no les duele nada. Una misma realidad es evaluada y relatada por cada organismo de un modo absolutamente distinto.
La función biológica más importante es la de la narrativa de uno mismo. En ella vivimos, igual que lo hacemos en nuestro páncreas, nuestros pulmones o nuestra piel.
Pedro es, como todo bicho viviente humano, un espectador de la peli que su organismo proyecta en la conciencia. Por lo que parece, está cautivado (cautivo) por esa narrativa, sin ser consciente de ello.
Hubiera sido sorprendente que en el guión la consulta con el médico fuera la que debiera ser:
“En ausencia de un daño que explique y justifique el dolor, como es tu caso, creo que padeces la consecuencia de una narrativa errónea, una ficción. Hay que recomponerla, acercar el organismo imaginado al real. Puedes y debes llevar una vida normal, pero para ello debes comprender la Biología de todo este embrollo”.
Si así hubiera sucedido los espectadores pensarían que la peli entraba en modo ficción, tipo matrix. El mundo real de las consultas no es así.
La peli de Almodóvar refleja la realidad subjetiva de los padecientes, los espectadores, pero, sin ser consciente de ello, refleja también la narrativa ficticia, irreal, irracional, de sus organismos.
Dolor y gloria.
Realidad y ficción.
Historias del cine, consciente e inconsciente.
La vida es sueño…
La vida es cine…
¿Quién escribe el guión?
Los profesionales. No siempre ese guión refleja la realidad.
No se puede abandonar la sala, pero podemos informarnos y desbaratar la trama, hacer que acabe bien… sin dolor.
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