Tejidos sensibleros
A veces uno siente dolor o está cansado. Puede que haya sufrido un esguince y eso justifica y explica el dolor o haya corrico una maratón, que también justifica y explica el cansancio.
No es la regla, ni la excepción es lo contrario: que duela donde no sucede nada relevante o aparezca la fatiga cuando uno ni siquiera ha salido de su casa en toda la semana.
Cuando se produce un incidente de lesión, una destrucción violenta de tejidos, es decir, un incidente de necrosis, las moléculas que la célula muerta vierte en el espacio extracelular, los DAMPs (Damage-associated molecular patterns) provocan una respuesta inmediata de las células vecinas sanas. Esta respuesta es la inflamación, un estado de emergencia que inicia la protección y regeneración de la zona destruida. Cada célula vecina sana responde activándose y liberando mensajes que a su vez potencian la respuesta defensiva inflamatoria. Las neuronas defensivas (nociceptores) participan liberando sus mensajes de alarma y modificando la sensibilidad de sus sensores. Lo que hasta el evento necrótico era un estímulo inofensivo y no generaba ninguna señal de alarma, genera ahora la descarga de esas neuronas sensibilizadas y fluyen por la red neuronal defensiva trenes de señal eléctrica que contienen la información de “necrosis” en el lugar que vigilan.
Si el agente o estado que generó la necrosis desaparece (hemos apartado la mano de la cazuela que abrasa o el sistema inmune neutraliza el germen de turno) se pone en marcha la respuesta de resolución o fin del estado de alarma. Cesan las sirenas y el despliegue desbocado de mensajes y efectivos, y todo vuelve a su sitio en unos días. La zona sensibilizada se desensibiliza y ya no proyecta señales de peligro salvo que vuelva a producirse otro evento.
Los tejidos son sensibles a la necrosis. La detectan y responden (se inflama el lugar). Las neuronas defensivas (nociceptores) son sensibles a agentes y estados potencialmente destructivos. Detectan y responden (respuesta de evitación) a la amenaza.
¿Qué pasa cuando los tejidos sanos se comportan como si hubiera necrosis continuada o recurrente, aunque no la haya?
Dicen los expertos que se ha generado un estado de “sensibilización central”.
Ya, pero ¿cómo?
¿De abajo arriba? Una lesión aguda deja un falso camino sensible. No se ha producido la fase resolutiva. La memoria de lo ocurrido deja hipersensible la red. Estrés postraumático. El robo hace que una vez detenido el ladrón y recompuesto el sistema de seguridad siga sonando la sirena ante cualquier variable irrelevante. La memoria sensible del dolor.
¿De arriba abajo? Lo psicoemocional, confunde el procesamiento de las señales sensoriales normales… Conflictos emocionales mal resueltos hacen que todo lo que sucede sea interpretado como una amenaza. El organismo somatiza. Convierte en dolor lo que no acierta a expresar como sufrimiento psicológico.
Si uno trata de imaginar los procesos celulares complejos que organizan la respuesta de sensibilización periférica de la zona destruida, que incluyen la resolución del proceso, no acaba de entender cómo ese lugar deja la secuela de unos sensores sensibles y un estado de procesamiento de señales en estado perpetuo de sensiibilización (“sensibilización central”).
Si intenta comprender la vía de la somatización no lo consigue por más que se aporten datos de marcadores biológicos que objetivan el estado hipersensible.
No se discute el estado de sensibilización sistémico. Por eso duele o aparece el cansancio, que no son mas que la expresión de un estado de alerta-protección-economía de recursos.
La cuestión es: la red de vigilancia-defensa está sensible porque es patológica o está sensible porque, aun siendo absolutamente normal, responde erróneamente a lo que sucede. Puede más lo que se imagina. Los bucles, los sesgos de confirmación, las pescadillas interpretativas que se muerden la cola y engordan, hacen que todo sea un despropósito.
La red necesita información sobre lo que sucede. Información experta.
La imaginación exige realidad.
Los expertos aportan etiquetas diagnósticas, pronósticos desesperanzadores. Una enfermedad misteriosa e irreversible. Las palabras desplazan de su sitio a los hechos.
Todo lo que sentimos proviene de una integración continua entre lo real y lo imaginado.
El experto debería analizar la realidad tisular y, una vez descartado el foco generador tisular, poner el acento en lo imaginado. Puede que ahí esté la clave de la Sensibilización central.
Eso es lo que yo pienso.
Cambiaría de opinión si comprendiera la sensibilización por otros caminos y dinámicas.
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