Curso online de migraña para pacientes
Acabé mi formación de especialista en Neurología en 1977. Creí a pies juntillas lo que leía en libros y revistas. Procuraba estar al día y aplicar lo que se presentaba ante mis ojos como la mejor evidencia científica. Era, digamos, un neurólogo ortodoxo, “creyente”.
No he padecido migrañas, pero sí mareo crónico, que fue para mí un laboratorio viviente en el que me formulaba preguntas que no encontraban una explicación satisfactoria. ¿Tendría algo físico, grave o, quizás no era mas que un simple neurótico, fuera lo que fuera lo que ese término quisiera decir, pero algo “psicológico”? Cualquiera de las dos opciones era tremenda.
Más adelante, inicié mi calvario de dolor lumbar. Tuve una hernia discal. Evolucionó mal y me extrajeron el disco extruido, con alivio del dolor. Todo parecía normalizado, pero el dolor volvió y padecí ataques recidivantes de lumbalgia, que me mantenían encamado durante un mes, con mucha limitación funcional entre ataque y ataque.
Esto fue a mediados de la década de los ochenta. En la cama tuve mucho tiempo para pensar, leer y explorar el movimiento, buscando el modo de librarme del dolor. Caí en la cuenta de que el reposo y el miedo a moverme habían sido mis enemigos. Interioricé mi disco intervenido, modifiqué mi idea de la inflamación y regeneración de los tejidos, me interesé por los procesos psicobiológicos básicos: la percepción, el aprendizaje, las creencias, la imaginación, la atención… el placebo y nocebo.
Todo lo que aprendía lo incorporaba en la información a mis pacientes. Muchos de ellos padecían “migraña”. Creo que coincidió la salida al mercado del primer triptan (Sumatriptán) con mi cambio de paradigmas, hacia 1990. Una cosa es el dolor, una percepción, compleja como todas, y otra el daño. El daño era una cuestión de tejidos, pero el dolor, en todos los casos, era una cuestión cerebral. Leí lo que se publicaba sobre nocicepción.
Para el 2000 ya tenía la firme convicción de que los profesionales formábamos parte del problema. La información que generábamos contribuía a cronificar el despropósito de la migraña.
Algunos de los pacientes a los que informaba de mis nuevas convicciones mejoraron, a veces de forma dramática. Fuí consciente del impacto de la información sobre la evolución del proceso.
Puede que el cerebro no procesara mal la información, sino que la información a procesar tuviera un efecto nocebo. Escribí mi primer libro (2003), un par de monografías sobre dolor y, finalmente, “Migraña, una pesadilla cerebral”, en el que expuse mi hipótesis del error evaluativo, similar al de la alergia.
Por esa fecha edité el [blog /blog/) y un par de años después me jubilé. El Dr Aguirrezábal me animó a explicar el proceso a grupos de pacientes en el Centro de Atención Primaria de San Martín. Me ofrecieron dar cursos y participar en Congresos mis amigos Fisioterapeutas y pronto se hizo patente la necesidad de optimizar la difusión de las propuestas en las redes sociales.
Mi hija Inés se ofreció a editar un curso online sobre migraña. Me grabó y hoy lo estrenamos.
Estoy firmemente convencido de lo que divulgo porque está basado en conocimiento científico validado.
Los alumnos de los cursos de migraña no han oido hablar de lo que les explicamos, pero todos ellos han tenido noticia de las propuestas oficiales. Hoy, más que nunca, con la epidemia de dolor rampante, es urgente la alfabetización en Neurobiología del dolor.
En el curso online explico las cuestiones básicas de la Biología de la migraña, su sentido evolutivo.
Conocer lo que realmente sucede en la cabeza es fundamental. Debemos protegernos de la tendencia imaginativo-predictiva de nuestro cerebro, especialmente si el sueño cerebral (Llinás) está agitado por una información alarmista, patologizante.
Como sucede con los estrenos, hay nervios. No sabemos si hemos acertado.
Pues, eso. Quien quiera conocer esta propuesta novedosa, puede acceder apuntándose a la lista de correo aquí: GoiGroup.
Suerte.
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