La migraña, abierta en canal
Partiendo del dogma de que la migraña es una enfermedad cerebral de origen genético, que expresa una condición de hiperexcitabilidad neuronal que la emparenta con la epilepsia y otros trastornos paroxísticos, se ha buscado con insistencia el gen o los genes responsables de esa condición hiperexcitable.
Cada cierto tiempo salta la noticia en los medios: identificado un gen que podría explicar la migraña y abrir una nueva vía de investigación de fármacos eficaces.
Las neuronas son células especialmente excitables. Es su obligación. Se les pide que detecten sensiblemente variables físicoquímicas, internas y externas, obedezcan también sensiblemente a los mensajes que les llegan por la red y se organicen también sensiblemente en circuitos.
Las neuronas se comunican a través de mensajes electroquímicos: potenciales eléctricos y neurotransmisores. La conversión de un estímulo o un mensaje en el código eléctrico se realiza en unas proteínas especiales insertadas en la membrana, los llamados canales iónicos, que cuando se abren, al ser debidamente estimulados, permiten fugazmente el flujo libre de cargas eléctricas, es decir, generan una pequeña corriente. Hay infinidad de canales, específicos para el paso de cada uno de los iones (cloro, sodio, potasio, calcio). Cada canal tiene un umbral de estimulación (apertura). Habitualmente la excitabilidad de toda esa selva de canales iónicos establece un equilibrio que permite el encendido razonable de los circuitos, ajustados a lo que realmente sucede y a la función a la que se dedican.
Pueden darse variantes genéticas de alguno de estos canales iónicos, que faciliten un estado patológico de hiperexcitabilidad, dando lugar a la descarga espontánea de diversos grupos neuronales. Tal es el caso de la epilepsia genéticamente condicionada.
Se da por sentado el carácter genético de la migraña común y se describen unos “generadores de migraña”, un grupo de neuronas hiperexcitables que al activarse anormalmente, pondrían en marcha las crisis. Primero el aura y luego el dolor con las nauseas y la intolerancia sensorial.
En el dogma de la hiperexcitabilidad congénita no cabe la consideración de otros factores, por ejemplo, el aprendizaje. No se contempla la posibilidad de que la conectividad de los circuitos y su excitabilidad pueda estar influida por lo que experimentamos en carne propia y ajena y por la información que provee la cultura. Los genes lo determinan todo.
Bienvenido sea cualquier avance en la intrincada biología molecular. No tengo capacidad para juzgar la relevancia de lo que se descubre en la selva de los canales iónicos pero pienso que estamos ante un reduccionismo que en nada favorece a los pacientes.
El cation potasio es un ion con carga positiva que genera una corriente eléctrica cuando se abre uno de los muchos tipos de canales esparcidos por la membrana de las células.
Reducir la migraña a una “canalopatía” es una vieja pretensión. Existen variables genéticas de canales iónicos y bombas de sodio-potasio, que explican la hiperexcitabilidad de formas rarísimas de migraña con aura (migraña hemiplejica familiar). Ello ha animado a dar con otras variables que se den en la migraña común con aura.
Los genes existen y nacemos con una distribución variable de poblaciones de canales iónicos. Cada variable pondrá su granito de arena en la hiperexcitabilidad neuronal. Cada experiencia y cada información también pondrá su granito en la conformación de los circuitos que utilizan los canales para codificar los estímulos y los mensajes.
La red tiene sus mecanismos para mantener el equilibrio de ese endiablado maremagnum de canales (homeostasis sináptica).
Suponiendo que un ciudadano venga al mundo con esa variable genética que condiciona una cierta hiperexcitabilidad, le hacemos un flaco favor informándole que su migraña es genética y nada puede hacerse para evitar ese estigma.
Uno puede tener unos canales iónicos que condicionen una tendencia de la red a la vigilancia y evitación de daño, a la alerta-protección. Puede ser, pero no veo la necesidad de amplificar esa tendencia con una cultura que estigmatiza y mete más miedo, más vigilancia y más dependencia de acciones terapéuticas.
Puede que el avance en el conocimiento de los canales iónicos aporte algo a la migraña. Está por ver si tocar los cationes es una buena idea.
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