Dolor. Fortalecer o debilitar al paciente. (1). Migraña
Recientemente Osakidetza (Servicio vasco de Salud) declinó la propuesta del modelo del error evaluativo neuroinmune y su aplicación en forma de cursos a grupos de pacientes, por entender que carecía de “evidencia científica”. Cabe pensar que el modelo teórico que promueve y esponsoriza sí está sostenido por la debida evidencia y que dicha supuesta evidencia justifica la provisión de los cuantiosos fondos que demanda, con modestos y discutibles resultados..
La propuesta rechazada está dirigida a situaciones de dolor sin causa que lo explique y justifique biológicamente. Me centraré en tres etiquetas solamente: “Migraña”, “dolor músculoesquelético crónico” y “fibromialgia”, pues son estas las que contamos con el conocimiento y experiencia suficiente como para opinar.
Osakidetza y la migraña
Aun cuando cada profesional actúa en conciencia libremente y, teóricamente, puede aplicar el modelo que considere más oportuno, la mayoría de los profesionales están instruidos en el modelo oficial, propuesto por los neurólogos.
La migraña, según este modelo, es una enfermedad genética. Determinadas áreas o centros neuronales, los “generadores de migraña”, en base a una condición patológica de hiperexcitabilidad, se activarían de modo espontáneo o por un “desencadenante”, generando secundariamente un extado de sensibilización extrema en las terminales del trigémino esparcidas por las meninges y grandes vasos intracraneales, condición esta exigida, necesaria y suficiente para que duela.
Los pacientes nacen ya con la condición. El modelo propone que nada se puede hacer para modificar dicha condición pero sí para aliviar sus consecuencias: 1) llevando una vida ordenada y saludable 2) identificando y evitando los desencadenantes 3) siendo supervisado por un neurólogo, quien, además de los consejos, prescribirá fármacos que deberá seguir, evitando la automedicación y 4) tomando el calmante con la mayor precocidad posible.
La migraña sería irreversible. El paciente debe adaptar su vida a esa condición y esmerarse en vigilar y detectar cualquier indicio que anuncie el encendido de la crisis. Yugulando precozmente cada episodio se impedirá que el camino neuronal que incendia la cabeza se refuerce con cada incidencia. Además de la vigilancia, apoyada actualmente por diversas apps que avisan por el móvil (¡en 30 minutos, crisis!) y la toma precoz del calmante, se llevará un diario de crisis (también hay apps para tal efecto).
No todos los desencadenantes son detectables ni evitables pero deben evitarse los evitables y se puede paliar el impacto de los inevitables. Los cambio hormonales, por ejemplo, justifican una modulación con preparados hormonales, los estados ansiosodepresivos, un antidepresivo-ansiolítico. No vendrían mal los apoyos psicoterapéuticos, los masajes, las relajaciones, las dietas y otros complementos de segunda fila.
Ponerse bajo la tutela de esta propuesta ¿fortalece o debilita al paciente?
Aparentemente lo fortalece. Detecta la crisis y permite la actuación inmediata con el calmante; rebaja el nivel de excitabilidad de su generador neuronal, con la vida ordenada y los tratamientos preventivos.
El paciente vive pendiente de su migraña pero, ya se sabe, en medicina el tiempo es oro. Diagnóstico precoz, prevención…
Genes, estilo de vida, monitorización continua y fármacos. Es el modelo moderno, científico, para los tiempos actuales. Previsiblemente en el futuro habrá aplicaciones de móviles que conectarán el monitor con un estimulador magnético transcraneal que inhibirá los generadores.
Puede que muchos pacientes estén satisfechos con el modelo. Han detectado y evitado los desencadenantes, han ordenado y saneado su vida, toman los preventivos y calmantes precoces bajo estricta supervisión médica y han conseguido un control aceptable de su condición patológica.
Los pacientes que nosotros vemos no corresponden, lógicamente, al grupo de los satisfechos. No han identificado los desencadenantes o son inevitables; llevar una vida ordenada sólo ha generado más aburrimiento; los fármacos ya no hacen nada; su neurólogo ya no sabe qué más hacer; han acudido al psicólogo; han probado todas las ofertas alternativas; esperan que alguna vez salga algo realmente nuevo y efectivo y sospechan que ya nadie les comprende ni cree. Se sienten débiles, frágiles, vulnerables, indefensos, desconcertados, desesperanzados, decepcionados, hastiados del mercadillo de los remedios.
Nuestros pacientes pertenecen al grupo de los irredentos. Han optado inicialmente a “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” y hasta que han agotado lo socialmente conocido, lo políticamente correcto, no conceden la oportunidad a esa propuesta novedosa extraña que acaban de conocer:
– Me han dicho que organizan unos cursos en el Centro de San Martín y en una clínica de fisioterapia(Asier Merino). Sólo te hablan. Nada de fármacos ni terapias. Sólo te explican la migraña… Una amiga mía está encantada. Chica, ¿por qué no pruebas? Mal no te va a hacer.
Llevamos ya unos años y ediciones con los cursos. Controlamos los resultados. Hemos hecho un ensayo clínico aleatorio. Los resultados son excelentes.
Básicamente, les explicamos argumentadamente que no se nace migrañoso sino que se aprende a serlo, al calor de la cultura experta.
No damos consejos pero desarmamos la recomendación de los desencadenantes y les animamos a llevar una vida normal, protegidos por la convicción que da el saberse sano. Ellos toman sus decisiones.
Generalmente se libran de la tiranía de buscar el desencadenante o de temerlo si lo han identificado. Han re-desordenado su vida y son más felices. Prácticamente no toman fármacos. Tienen convicción de controlar las crisis cuando asoman, sin monitorización externa. La olfatean, interiorizan lo aprendido, desvían la atención a su tarea y siguen con lo que les interesa. “Me habéis librado de un secuestro”…
La propuesta pedagógica es sencilla, económica y eficiente. Lo único que hacemos es explicar la base biológica del dolor y su aparición fuera de contextos que lo expliquen y justifiquen biológicamente, a la luz del modelo del error evaluativo neuroinmune aprendido.
Osakidetza ha optado por la estrategia de “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” y, escudándose en la afirmación gratuita de que falta evidencia científica, se limita a tolerarlo, renunciando a un ambicioso programa de alfabetización de profesionales y ciudadanos en algo que cada vez resulta más apremiante: la Biología del dolor.
El paciente activo, ilustrado, “enpoderado” (fortalecido, habilitado).
Aquí han tenido una oportunidad y, digan lo que digan cuando hablan de modelos de salud pública, en esta ocasión la han desperdiciado.
Siempre hay tiempo para rectificar. Esperan para hacerlo que publiquemos lo suficiente como para ser políticamente correctos.
No sé si lo conseguiremos pues exige muchos empeño y tragaderas.
Seguiremos trabajando en lo biológicamente correcto.
Tenemos todas las evidencias de que lo que explicamos se ajusta a la Ciencia y podemos demostrar que no todo lo que se predica como evidencia se ajusta a la corrección biológica, por más corrección política que ostente.
Que alguien nos discuta que lo que explicamos no es biológicamente correcto…
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