Osakidetza. Evidencias e invidencias
Ayer, Osakidetza (Servicio vasco de salud ) dio la espalda a la propuesta de aplicar la intervención pedagógica grupal, basada en el modelo del error evaluativo neuroinmune aprendido. Muy interesante lo que hacéis. Nos parece bien que sigáis… pero no lo apoyamos, es decir, no ponemos ni un duro para que lo hagáis. Podéis seguir dedicando vuestro tiempo libre a trabajar con los pacientes en nuestros locales y no os desalojaremos. No hay evidencia científica que justifique la inversión que os negamos. Palmadita en la espalda. Buenos días. He trabajado para Osakdetza toda mi vida profesional, con carácter exclusivo. Allá por los 90, consciente de que existía un problema de salud colosal en torno a los denominados “Síntomas sin explicación médica”, que en mi caso (soy neurólogo) se centraba fundamentalmente en el dolor de cabeza y el mareo, dediqué muchas horas a la escucha atenta a los pacientes y al estudio y reflexión de algo evidente pero que hasta entonces no había visto: Una parte sustancial de la población estaba mortificada e invalidada por un dolor absolutamente real para el que los profesionales no disponíamos de explicaciones ni soluciones satisfactorias. En muchos casos llegábamos incluso a dudar de la realidad de ese dolor y recurríamos a las manidas y odiosas sospechas del origen “psicológico”. Poco a poco fuí construyendo mi modelo del error evaluativo neuroinmune aprendido. Lo escribí y describí en el libro “Migraña, una pesadilla cerebral” (2009). Durante todos esos años informaba a mis pacientes de lo que iba aprendiendo y algunos, luego bastantes y, finalmente, muchos de estos pacientes, comprendían y aceptaban la explicación y sus misteriosos síntomas se disolvían. Tambien en otros lugares del planeta, otros investigadores llegaban a conclusiones similares. Había nacido la “Educación terapéutica en Neurociencia”, la habilitación del paciente para gestionar su problema, una vez vista la incapacidad de la Medicina de las sagradas evidencias para hacerlo. Los cuantiosos fondos dedicados por Osakidetza, supuestamente para paliar el dolor, eran útiles en el contexto del dolor asociado a daño tisular (cirugía, cáncer) pero no en el del dolor sin daño que lo justifique biológicamente, es decir, en el dolor crónico, migraña, fibromialgia y un largo etcétera de etiquetas pseudodiagnósticas. Estuve predicando en el desierto de la salud pública hasta que me jubilé. Afortunadamente para mí y los ciudadanos del barrio de San Martín, de Vitoria, el doctor Iñaki Aguirrezábal se interesó por lo que hacía y nos reunimos muchas veces para poner en marcha la intervención pedagógica en grupos de pacientes de migraña. Tambien afortunadamente, la dirección del Centro de San Martín apoyó el proyecto y cedió el aula para las clases. La intervención fue un bombazo. El alumnado se puso las pilas. Escuchó atento en las clases las explicaciones de Iñaki, Marisol y mías, compró el libro de texto (Migraña, una pesadilla cerebral) leyó con interés los apuntes de Cristina Arenaz (paciente y desinteresada colaboradora) y tomó sus propias decisiones, desde el nuevo marco teórico. Controlamos los resultados. Hicimos un ensayo clínico aleatorio (ECA), que no hemos conseguido que se acepte para publicación, hasta el momento- Más del 70% de reducción de días de dolor, escala de invalidez y consumo de fármacos. Con la intervención pedagógica, no sólo ganaron los pacientes sino también Osakidetza (menos bajas, más energía en el trabajo, menos fármacos) y los bares (más cenas y chupitos). Sólo Farmaindustria se resintió de la intervención pero en la despreciable relevancia de nuestra pequeña muestra, 12 pacientes por grupo. Poco a poco se interesaron otros colegas. Mi hija Maite y mi yerno Asier, ambos fisioterapeutas autónomos, se sumaron con coraje y no sin riesgo, a la tarea. Se fundó la SEFID, Sociedad Española de Fisioterapia y Dolor que impulsó el cambio de paradigmas emergente. Edité el blog, dímos cursos y conferencias allá donde nos lo solicitaron. Comenzaron a acudir profesionales de otras regiones y la intervención pedagógica grupal desde el modelo del error evaluativo aprendido (organismo sano, gestionado por un cerebro equivocado) se fué aplicando fuera de Vitoria. La doctora Barrenengoa puso en marcha la intervención pedagógica en Vizcaya con grupos de pacientes de fibromialgia, con éxito notable- Casi el 70% de las pacientes dejaron de tener los síntomas exigidos para validar la etiqueta “fibromialgia”. Los fisioterapeutas Miguel Angel Galán y Federico Montero, de Valladolid, aplicaron su propia versión del modelo, desde el mismo marco teórico, también con éxito notable. ¿Evidencias, dicen ustedes, señores de Osakidetza? Es evidente que tenemos un grave problema de salud pública, el del dolor sin daño. Es evidente que lo que ustedes gastan en tratar de paliar el problema no sólo no no palía sino que lo amplifica. Es evidente que el problema está empeorando. Es evidente que los paradigmas teóricos vigentes en dolor (la Ciencia normal, que diría Thomas Kuhn) están obsoletos. El dolor no es una cuestión de tejidos, sino de cerebro evaluativo. Es evidente que hay un diminuto grupo de profesionales y pacientes que está apasionada y desinteresadamente dedicado a estudiar, comprender y aplicar el modelo, en sus horas libres y a sus espaldas, eso sí en los locales que ustedes generosamente autorizan. Es evidente que lo que explican está amparado por la Ciencia. Medicina basada en la Ciencia. Es evidente que el alumnado de los cursos está absolutamente encantado y agradecido por el trato recibido y por los resultados y que no entienden cómo se ha tardado tanto en darles la oportunidad de aprender lo que ahora saben y aplican. Es evidente que muchas de las cosas que se dicen a los pacientes por parte de los profesionales que ustedes pagan no debieran decirse porque no hacen mas que empeorar la situación (efecto nocebo). Hay evidencia abrumadora al respecto. En este caso ustedes aplican la invidencia de la evidencia. Es evidente que muchas intervenciones”terapéuticas”, farmacológicas y quirúrgicas, aplicadas sin ninguna objeción, no cuentan con ninguna evidencia de su utilidad o, incluso, están evaluadas como inútiles y perjudiciales. En Castilla y León, la Consejería de Sanidad ha escuchado a los fisios Miguel Angel Galán y Federico Martín y ha promovido y esponsorizado un programa de intervención pedagógica grupal, siguiendo el modelo que ahora ustedes rechazan. Su rechazo no será noticia en los medios. Este blog puede que sea el único que refleje lo sucedido. No creo, por tanto, que las consecuencias de su decisión les preocupe. El apasionado, desinteresado, informado y generoso grupo de profesionales al que ustedes han decepcionado, está profundamente dolido con su desaire. Supongo que seguirán en la brega por imperativo ético y porque son incapaces de negarse a seguir siendo lo que son. Ustedes nos hablan de evidencias. Para nosotros no es una cuestión de sus evidencias. Las conocemos perfectamente y, por ello actuamos como actuamos. La Medicina de la Evidencia tiene sobre su mesa todas las que quiera y escogerá las que se ajustan a sus deseos. Primero decidimos y luego buscamos razones. Ustedes ya sabían lo que querían y preferían decidir. Han buscado las razones y las han encontrado en la “falta de evidencias científicas”. Nosotros seguiremos buscando conocimiento científicamente validado y lo explicaremos a los ciudadanos pues les asiste el derecho a ello. Una cosa es la evidencia y otra la invidencia. Ustedes no quieren ver lo evidente. Buenos días.
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