Certezas
– Yo sólo sé que me duele. A menudo los pacientes con dolor sólo saben que en su conciencia aparece el sentimiento doloroso, un sentimiento que todos conocemos, por haberlo padecido en alguna ocasión. Aquí y ahora, al hacer esto o lo otro. La función del profesional no es la de confirmar o refutar ese dolor sino la de desvelar un proceso que lo explique. No siempre es así: - No puede dolerle. No tiene usted nada o… - Tendría que dolerle. Tiene usted una artrosis de caballo. El profesional no puede certificar si ese dolor es real o no, es decir, si quien lo padece miente o dice la verdad. Lo que le corresponde es descartar un proceso que justifique y explique, biológicamente, ese dolor relatado por el único testigo, el paciente. - Sólo yo soy quien sabe lo que me duele. Sin embargo el paciente debe incluir otra certeza, la de conocer el proceso que genera ese dolor, privado. Aquí surgen los problemas. - No es normal que duela. Tiene que haber algo anormal que genera el dolor… donde y cuando duele. No necesariamente. Puede haber dolor cuando y donde no hay nada alterado y puede no haberlo cuando y donde sí sucede algo anormal. Profesionales y pacientes están instruidos en construir y admitir “certezas”, más o menos fundadas. - Me duele “la columna”. Tengo la certeza de que no es normal. - Tiene usted dos hernias y mucha artrosis. Con toda certeza el dolor se genera en esa columna tan degenerada. Los pesos, las malas posturas, la escasa musculación… Hay “certezas” del profesional que son asumidas por el paciente sin resistencia. Las certezas son necesarias y , aunque sean falsas, son útiles. - Por fin sé lo que tengo. El paciente complementa la certeza del dolor con la ratificación del profesional y la certeza añadida de que tiene mal la columna. Existen también las falsas certezas de la etiqueta: - Tiene usted migraña…, fibromialgia Por fin se dispone de las certezas necesarias. El dolor es cierto y paciente y profesional tienen la certeza de que la etiqueta lo explica todo, aunque, realmente no explique nada. El proceso de dar carta de certeza es delicado y peligroso. No hay nada peo que obrar desde una certeza falsa o, al menos, cuestionable o matizable. En el dolor, sólo disponemos de la certeza de lo relatado por el paciente y de las certezas que el conocimiento profesional nos provee: - Si le duele la zona lumbar podemos tener la certeza de que su organismo evalúa amenaza consumada, inminente o imaginada (probabilística, anticipada) de daño, con muerte de células competentes. Vamos a ver si existe esa condición amenazante. La historia, la exploración y las pruebas complementarias dictaminarán la probabilidad de que, realmente, se dé esa condición amenazante, consumada o inminente. - No tiene usted ninguna condición que ponga en peligro la integridad de los tejidos de la zona lumbar. Puede y debe moverse sin miedo. No siempre el paciente convence al profesional de que, realmente, siente mucho dolor y no siempre el profesional convence al paciente de que donde siente ese intenso dolor no hay ningún proceso que lo explique y justifique, biológicamente. El problema del dolor no explicado ni justificado es un problema de certezas. A veces lo que se da como cierto no lo es y lo que sabemos que puede presentarse como una certeza no se admite como tal. Apremia un consenso sobre certezas. Apremia eliminar el lábel de cierto a lo que no lo es y divulgar las certezas actuales sobre el dolor. El dolor es siempre cierto si no hay voluntad de mentir- - Sólo yo sé lo que me duele El dolor siempre es el resultado de un proceso evaluativo. El proceso evaluativo del organismo puede ser erróneo. La atribución de origen a etiquetas diversas de éxito no es una certeza fiable. Las consecuencias de dar por cierto algo que no lo es pueden ser dramáticas. Es otra certeza.
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