En familia
Nacer en una familia con pacientes de migraña aumenta la probabilidad de padecerla. ¿Genes? ¿Factores ambientales? La opinión mayoritaria entre los neurólogos se decanta por los genes y deja a los desencadenantes la parte que corresponde a los factores externos. Uno nace con un componente patológico de hiperexcitabilidad de las neuronas que conforman el “generador” de migraña y, sin necesidad de nada más, o con el empujoncito de un desencadenante, inicia el calvario de las crisis recurrentes. Los padres afectados temen transmitir la condición migrañosa a sus hijos y, a veces, comprueban que así parece haber sucedido: con pocos años aparecen los primeros indicios. - Me duele la tripa… La migraña infantil tiene sus peculiaridades. Se asoma primero por la tripa, puede que más adelante por una de las extremidades (“dolores de crecimiento”), o con episodios de vértigo paroxístico o tortícolis. Finalmente, la migraña del adulto: dolor de cabeza (a veces en media cabeza), nauseas-vómitos e intolerancia sensorial precedida en una cuarta parte de los casos de auras. - Es migraña. La ha heredado de usted. La maldición se ha cumplido. - Vida ordenada, identificar y evitar desencadenantes, analgesia precoz, preventivos si fuera necesario. De por vida. Quizás con la menopausia se vaya. Los genes siempre andan en todo pero su expresión depende de muchos factores que interactúan de modo complejo. Un gen influye en muchos caracteres y muchos genes pueden influir en un sólo carácter. En todo caso la carga genética que propicia la migraña no residiría en un sólo gen ni sería determinante, salvo en rarísimos casos, tal como sucede en la “Migraña hemipléjica familiar”. Por delante, el aprendizaje, de por vida. Mi propuesta se centra en el aprendizaje, esculpido por la experiencia propia, la observación-imitación de la experiencia ajena y la instrucción directa y/o indirecta de expertos. A los cursos acuden ocasionalmente dos miembros afectados de una familia: hermanas, madre-hija… Si han acudido al curso es porque la guía oficial no ha resultado y, después de haberlo probado todo, acuden a ver de qué va esta propuesta novedosa. - La migraña no se transmite por los genes. Se aprende. Los genes pueden facilitar el aprendizaje pero hay un factor más importante: la cultura. El organismo aprende a evaluar amenaza allí donde la experiencia parece confirmar lo temido (sesgo de confirmación) - ¿Heredará mi hijo mis genes migrañosos? Parece confirmarse, pues ha comenzado con dolores recurrentes. - ¡Pobre hijo! Ha salido a mí. Nadie le ha hecho ver que el cerebro humano es un observador-imitador compulsivo y que la instrucción experta puede, al menos, cuestionarse. No ha habido transmisión de genes de migraña sino crianza en un entorno con un modelo a imitar (precoz e inconscientemente) y una evaluación experta que sentencia a favor de esos supuestos genes. Explicamos la propuesta cultural y los resultados son variables: Todo sigue igual Uno de los dos, mejora. Mejoran los dos. Incluso la migraña puede desvanecerse casi por completo. La estrategia de la crianza cambia. La angustia cede su lugar a la convicción de que puede protegerse el aprendizaje, desactivar la dinámica del bucle viciado. Los padres instruyen a los hijos o los hijos a los padres, en el nuevo modelo. Sea cual sea la parte de herencia genética y a través de qué caracteres se expresa, pienso que la cultura actual del dolor y de la migraña en particular, favorece los errores evaluativos de amenaza, alumbrando así diversos síndromes, caracterizados por un sufrimiento e invalidez considerables, generados por un organismo razonablemente sano pero gestionado por un Sistema Neuroinmune alarmista, instruido en el miedo a escenarios inofensivos y en la convicción de enfermedad. La migraña no se transmite por los genes. Sí lo puede hacer y lo hace por la cultura. Como muestra la notable incidencia de migraña en neurólogos-as, especialmente si se dedican a ella. De lo que se cree, se cría.
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