En busca de la analgesia
El dolor es una percepción aversiva y protectora, que contiene implícitamente una evaluación aprendida de daño necrótico, consumado, inminente o imaginado y que incita a una indagación causal y a la exploración de conductas de evitación. Las percepciones instilan significado a la realidad, seleccionan una parcela de interés, por su novedad y/o por su relevancia, y sugieren una interacción con lo percibido. Percibimos el exterior y, también el interior. A las percepciones de interior les denominamos “síntomas”, dando por sentado que pueden indicar que algo inconveniente está sucediendo. El dolor, en ausencia de daños superficiales, es una percepción que contiene una interpretación de algún estado interno. Nos incita a considerar posibles causas, dentro del abanico de causas que conocemos y, también, nos presiona para que exploremos la conducta que minimice ese dolor. A lo largo del aprendizaje construimos posibles causas y , también, posibles “soluciones”. Si el dolor aparece por un motivo justificado, tiene sentido que intentemos dar con la conducta que lo minimiza. Probablemente será una conducta protectora. En el caso de no existir una causa nociva que explique y justifique el dolor, tendemos a aplicar la misma estrategia de explorar la conducta más analgésica, dando por sentado que esa conducta es la que protege mejor una zona supuestamente dañada o en peligro. Podemos quedarnos quietos, buscar una postura cómoda, movernos con cuidado, buscar apoyos, tomar un calmante, meditar… Lo que ofrezca alivio será considerado como aconsejable. Reforzará positivamente la conducta seleccionada. La red neuronal memorizará esa conducta y la exigirá en el futuro. Cada paciente dispondrá de una experiencia exclusiva de intentos fallidos y exitosos. Realmente lo que podemos afirmar ante esta situación (dolor sin daño) es que si una conducta resulta analgésica, sólo indica que es esa conducta la que se exige por parte de la red neuronal. - A mí me funciona. Sin embargo lo que procede es no evitar lo que duele sino exponerse y trabajar en la línea de la tolerancia perdida. Renunciar a la búsqueda de la analgesia a través de la evitación y explorar la exposición a lo evaluado como peligroso. - No soporto estar sentado. Mi columna protesta. No me deja. Tengo que levantarme. Ni caso. Hay que trabajar el escenario que duele, sin evitarlo, desde la convicción del error evaluativo. No pasa nada. Miedo. No evitar. Exposición gradual a la actividad normal. Pero… primero hay que exponer los conceptos básicos de la trama del dolor. Una cosa es la evitación de daño y otra la de dolor. No tienen por qué coincidir. En ausencia de daño consumado o inminente, evitar el dolor genera una situación de distrés, nociva a largo plazo, si se mantiene. Evite el daño, no el dolor. Puede ser un informador engañoso.
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