El YO del organismo
El dolor es una percepción aversiva y protectora que contiene implícitamente una evaluación aprendida de daño necrótico consumado, inminente o imaginado y que incita al individuo… Las neuronas aparecen evolutivamente con la prestación de mover el organismo por el entorno, experimentar, tomar nota y construir hipótesis, predicciones, de lo que cada escenario aporta y puede aportar. Hay escenarios a evitar y otros apetecibles. Cada interacción con el entorno genera un cúmulo de predicciones, posibilidades. Riesgos, recompensas, costos, aprecio social. El proceso evaluativo integra todas estas consideraciones y proyecta sus conclusiones en la conciencia, en forma de pensamientos, percepcciones, emociones y ganas de actuar en una u otra dirección. Cada acción genera refuerzos positivos (“premios”) o negativos (“castigos”), a veces esperados y confirmados y otras, inesperados. El Sistema motivacional toma nota, poniendo o quitando un chorrito de dopamina, la “droga” mensajera de tener o no tener ganas de hacer algo. ¿Duele? El organismo expresa en la conciencia el temor al daño físico, los peligros de la actividad de casa escenario. El dolor propone y dispone. El individuo “decide”. Se mueve o se queda quieto. Sale o se queda en casa. Se sienta o sigue de pie. La percepción del interior opaco somático es poco fiable, especialmente si la red evaluativa neuroinmune construye sus catálogos de lo peligroso desde una perspectiva catastrofista, hipersensible e hipervigilante. El dolor puede hacerse crónico eliminando las ganas del individuo de llevar una actividad normal. Todo duele y cansa, aunque no se haga nada. La sequía de la buena gana tiene sus motivos, y esos motivos, están en los circuitos del sistema motivacional. A veces son razonables y otras no. Es fundamental conocer los motivos del dolor, desde la perspectiva del organismo. Si duele es porque el organismo evalúa amenaza. ¿Existe una amenaza real? No. Lo que procede es centrar la atención, las ganas, en la actividad que uno aprecia y ha perdido, desde la convicción de que nada negativo va a suceder. Fuera roces, pinzamientos, contracturas y posturas vigiladas. El cerebro propone pero no, necesariamente, dispone. Es el diálogo continuo entre la predicción automatizada y el YO que propone, desde el conocimiento, lo contrario, el que puede llevarse el gato al agua. La historia que el organismo teje y desteje debe actualizarse a la luz de nuevo conocimiento y nuevas experiencias. Esa es la función del individuo: aportar novedad teórica y práctica. Hay que buscar nueva comida. La digestión ya no es cosa de uno. La hace el organismo. Buen apetito y que aproveche.
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