Desconocer
La casa en la que vivo tiene dos ascensores. Uno de ellos lo han cambiado y el otro aunque está en servicio, falla con frecuencia y muchos vecinos han quedado atrapados. Los vecinos tenemos desde ayer la opción del ascensor malo conocido y el nuevo, bueno por conocer, teóricamente fiable, moderno y recién instalado. Reconozco que he tenido el impulso de coger el malo conocido pero mi tendencia racionalista me ha obligado a optar por el bueno por conocer. Así lo he hecho y ahora este nuevo ascensor es, para mí, el bueno conocido, preferible al malo conocido. Sin embargo observo que mayoritariamente la vecindad prefiere el malo conocido y echa mano del antiguo, defectuoso. Está claro que preferimos lo conocido, el pájaro en mano que ciento volando. Los pacientes de dolor optan por las propuestas conocidas. A veces resultan buenas y otras, malas. Hasta que no consumen todas las ofertas conocidas y comprueban que les han salido malas, no se deciden a dar una oportunidad a la propuesta pedagógica. Acuden al curso y comprueban, muchos de ellos, la bondad de conocer el proceso, desde la perspectiva racional, biológica. Lo desconocido se hace conocido y el dolor amaina, con fundamento. Lo nuevo ha salido bueno. Muchos de mis conocidos y colegas padecen dolor y cuentan sus idas y venidas a las ofertas conocidas. Saben que yo ando por otros terrenos, desconocidos. Prefieren ignorar lo que propongo, desconocerlo. Los pacientes de los cursos cuentan su experiencia a los allegados. A lo más que pueden aspirar es al juicio de “interesante” aun cuando los que así lo juzgan no llegan a interesarse realmente por los contenidos. La Biología del dolor es absolutamente desconocida. Lo que se dice y aplica habitualmente sobre dolor es conocido aunque sea contrario a lo que el conocimiento da por cierto. Los ciudadanos se conceden la oportunidad de que algo de lo conocido acabe con el dolor, sin entrar en consideraciones sobre el intríngulis del proceso. Esperan que suene la flauta aunque sea por casualidad (placebo) y no por causalidad. Llevamos ya unos cuantos años algunos, predicando cuestiones básicas de la biología del dolor. Afortunadamente parte del colectivo de fisios apuesta por esta vía racional aun yendo contracorriente de lo conocido. El conocimiento no hace daño y ayuda a afrontar los miedos con opciones de disolverlos. Sin embargo el instinto de lo conocido nos impide flirtear con las propuestas desconocidas. Como en casa de lo que uno conoce, en ningún lado. Parece que seguimos padeciendo el temor a probar la fruta del árbol prohibido, el del conocimiento, aunque el hacerlo no suponga el destierro del Paraíso sino el librarnos del infierno. La Biología aun cuando compleja en su trama molecular, es sencilla en su sentido evolutivo. Tiene lógica, cuando se conoce. El empeño en desconocerla deja el campo libre a lo conocido. - A mí me funciona… Disponemos del conocimiento pero no del reconocimiento. No parece que exista excesivo interés por parte de los poderes fácticos por promover siquiera el que se conozca socialmente lo que ya es conocido biológicamente. Prefieren apostar, también, por lo malo conocido.
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