Negacionistas
A principios de la década de los 90 comencé a tejer el marco teórico de mi propuesta del error evaluativo como origen de la migraña y otros padecimientos.
Frente a la tesis oficial de los genes y los hábitos poco saludables propuse la hipótesis contraria: no se nace con la condición migrañosa sino que se adquiere a lo largo del aprendizaje, a golpe de observación e imitación inconsciente de modelos en allegados y por la instrucción de expertos.
Por esa época se presentaron en sociedad los Triptanes, el primer grupo de fármacos “específicos” para la migraña y se proclamó el fin del infierno migrañoso para el 2000, en los titulares de los telediarios.
Eran los tiempos del origen “vascular”, de arterias que se contraían y dilataban sin medida, del dolor “pulsátil”, generado por el estímulo mecánico del latido sobre una pared arterial sensible, “inflamada”.
Hoy en día sabemos que las arterias pintan poco o, más bien, nada; que la ritmicidad martilleante del dolor no coincide con el latido, sino con osciladores cerebrales. Los triptanes nacieron como vasoconstrictores y, unos años después, la teoría vascular fue disolviéndose, a medida que las nuevas tecnologías obligaron a abandonar la convicción de que todo se cocía en arterias.
De las paredes arteriales sensibles e “inflamadas” se pasó a las terminales nerviosas del trigémino, que rodean a las arterias. Nació la teoría trigémino-vascular. Allí se origina el dolor, porque no puede haber otro lugar, se dice, sin pestañear. El cerebro no duele, se decía y sigue diciendo, aunque la evidencia científica diga desde hace unos años lo contrario.
Desde los 90 hasta el momento actual he visto infinidad de pacientes de migraña. Les he explicado la tesis del aprendizaje tutelado que facilita errores de gestión de la seguridad física por parte del cerebro. Un cerebro asustado protege en exceso, irracionalmente. No tiene sentido asustar con la información y des-asustar con la promesa de una terapia que se promete eficaz y se descubre, antes o después, que no lo es tanto.
A estas alturas de la película no tengo ninguna duda de que la propuesta pedagógica es muy eficaz para muchos pacientes, a pesar de que les aleja de la tesis oficial. Nuestros alumnos hacen justo lo contrario de lo que se les aconsejaba. Recuperan la golfería inocente de los chupitos y el desorden cotidiano, toman menos fármacos y, a pesar de ello (o gracias a ello) tienen menos días de dolor.
Un alumno al que le fue bien con el curso me ha escrito un correo en el que me contaba cómo al relatar su mejoría (con la propuesta del aprendizaje) a un amigo neurólogo, este negó la posibilidad, aduciendo que dicha mejoría se habría producido espontáneamente por “la edad”.
Los neurólogos siguen, erre que erre, con su tesis del origen genético, misterioso, de la migraña y sus consejos de evitar la vida desordenada, tomar preventivos (antidepresivos, antiepilépticos, botox, anticuerpos monoclonales) y la toma precoz de calmantes, inespecíficos o “específicos”, negando o, peor, ignorando la propuesta del aprendizaje.
Ya hay trabajos firmados por los líderes de opinión oficial en migraña, que cuestionan lo que los neurólogos predican, y aconsejan tímidamente cambiar de orientación. Estas propuestas también son negadas o, peor aún, ignoradas.
Llevamos ya 6 años con la bendita experiencia de los grupos. Ningún neurólogo se ha interesado por lo que hacemos.
“No me convence”. “Puede que tenga algo de razón”, sin argumentos concretos. Mientras tanto, botox y demás, hasta cubrir toda la oferta farmacológica.
Ayer iniciamos otro grupo en el Centro de Salud de San Martín. Este sábado tendremos la 26ª edición de los cursos intensivos en la Clínica de Fisioterapia Asier Merino. La semana que viene daré dos cursos en Alcorcón.
De todo ello saldrá probablemente un balance positivo. Menos dolor, más normalidad y menos fármacos.
Seguiremos ignorados y des-apreciados.
¿Argumento?
La falacia “ad verecundiam”. Los expertos dicen lo contrario.
El cerebro duele. La conectividad cerebral se construye dinámicamente a lo largo de toda la vida. No existe no aprendizaje. La información experta cuenta. La imitación cuenta. Hay algo más que genes.
¿Argumentos?
Lo que vamos sabiendo desde la Neurociencia, digan lo que digan los expertos.
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