"La información"
La alimentación, la digestión, el metabolismo, la respiración, la circulación… son funciones importantes, vitales. El ciudadano hace cábalas sobre ellas. A veces la digestión es lenta o mala, la sangre no circula, no respira lo suficiente… Eso piensa y parece. La información es otra función importante. No sólo de glucosa viven las células sino también de la información que les afecta en el día a día. Por el árbol circulatorio no sólo fluyen nutrientes y oxígeno. La sangre está cargada de mensajes que indican a los órganos cómo deben funcionar. Cada latido cardíaco está influido por esos mensajes. Hacen que el latido sea más o menos vigoroso, más o menos rápido. La mensajería circulatoria (endocrina) no es nada comparada con la mensajería neuronal. Por los nervios (haces de neuronas) fluye información sensorial de lo que sucede fuera y dentro del organismo y mensajes que expresan el resultado del continuo proceso evaluativo de diversas capas de procesamiento. No es probable que los ciudadanos o profesionales utilicen el concepto de “mala información” para explicar síntomas. Mala digestión, mala circulación… Vale. Se entiende. ¿Mala información? Suena extraño. Tampoco parece plausible un medicamento para “la información”. Sin embargo los neurofármacos (todos aquellos que actúan sobre las neuronas) actúan sobre la información, sobre la mensajería neuronal. Lo hacen de un modo global, burdo, sin precisión, sin matices, sin inteligencia. ¡Más serotonina! ¡Menos dopamina! Los nervios no son tubos huecos y no podemos introducir artilugios ópticos (escopias) para ver lo que sucede en su interior, lo que hacen. Parece que las nuevas tecnologías permitirán adivinar el pensamiento. La resonancia magnética funcional, la magnetoencefalografía… nos indican qué áreas del cerebro se activan o inactivan en cada tarea. La imaginación es la antesala de la acción. Es una acción simulada, emulada. Sólo necesita un empujoncillo para pasar de lo pensado a lo ejecutado. Puede que, en el futuro, existan chequeos de lo que el cerebro imagina. Más vale prevenir que curar. Habrá una imaginación más saludable que otra. Mientras llega esa tecnología nos resignamos a saber lo que imagina cada ciudadano a través de preguntas. - ¿Por qué cree que le duele? ¿Cómo imagina su columna? Tiene sentido. Interesarse por la información que circula por el organismo e influye poderosamente en el funcionamiento de todos sus órganos. Realmente, en el tema del dolor crónico, en ausencia de una causa que lo explique y justifique, hay que mirarse “la información”. Puede que sea mala, alarmista, improductiva, restrictiva, invalidante, mortificadora, absurda, kafkiana… - ¿No me da nada para “la información”? - Uno de estos cada 8 horas… Antidepresivos, tranquilizantes, euforizantes, neuromoduladores… - Sigo igual - Le envío al psicólogo… Dicen que el dolor crónico es una enfermedad en sí. Unos tienen diabetes, Parkinson, Alzheimer, cáncer. Otros tienen dolor crónico. - Tiene que aceptar que está enfermo. Sobrellevarlo. Le vendrá bien la natación, el mindfulness… La “mala información”. Una pandemia continua que acompaña a _Homo sapiens (_ma non troppo) desde que su cerebro se pasó varios pueblos a la hora de imaginar. Una imaginación es saludable si nos liga a la realidad, nos permite llevar una actividad normal. No lo es si imagina enfermedad o peligro donde no lo hay. Consulte a su médico. Chequee “la información”. Ande con cuidado.
Comentarios (5)
Los comentarios están cerrados.