Receptores de dolor
Lamentablemente, muchos textos de acreditada alcurnia y prestigio nos hablan de “receptores de dolor”, unos supuestos artilugios moleculares, ubicados en la membrana de las neuronas que detectan el daño consumado o inminente de los tejidos que vigilan, así como estados físicos (térmicos, mecánicos) y químicos, potencialmente letales. Parece como si los tejidos dañados rezumaran un ¡ay! molecular o un SOS, también molecular, cuando están en peligro inminente de daño. Las células generarían dolor cuando están en apuros. Ese dolor sería detectado por neuronas vigilantes del lugar y codificado en un tren de “señales de dolor” que llegaría a diversos centros defensivos, desde los que se evacuarían las respuestas de protección oportunas. No es así. Las células no liberan sentimientos. No existen moléculas doloridas. Lo que se libera en el daño consumado son moléculas-señal, que debieran permanecer en el recinto celular y, a causa del daño, aparecen en el espacio extracelular. Su presencia es detectada por las neuronas vigilantes y codificada en el correspondiente tren de “señales de daño”. Si el daño es inminente, por la presencia de estados físico-químicos potencialmente letales, las neuronas vigilantes notifican la circunstancia. Peligro. Los centros de recursos de protección reciben el informe de daño y activan, de modo integrado, las repuestas oportunas, según los contextos. No hay sentimientos. No hay conciencia. No hay dolor. Sólo información y evaluación. Podemos interrumpir el tráfico de información sobre daño, con anestesia local en el lugar dañado, o con anestesia general en el pórtico de acceso a la conciencia. Los anestésicos no han bloqueado las “señales de dolor” sino las de daño consumado o inminente. La información de daño fluye por las diversas capas de procesamiento-evaluación, de modo integrado y bidireccional. No todo el contenido genera conciencia, un estado que exige la activación del más alto nivel e integración. La conciencia es el ámbito de lo relevante, en cada momento, lugar y circunstancia. El dolor es un contenido consciente que exige la activación integrada de múltiples áreas neuronales que conforman el sustrato del acceso a la consciencia. Sólo esa activación integrada de alto nivel puede hacer que aparezca en la conciencia el estado “dolor”. Por debajo de la conciencia no hay dolor. Sólo procesamiento de información, inconsciente. Moléculas, señales, mensajeros, circuitos… El “receptor de dolor” es el individuo, el usuario de la conciencia. El papel del individuo como receptor del mensaje “dolor” es fundamental para el devenir de ese contenido consciente. Puede desvanecerse o consolidarse, en función de lo que el individuo aporte, cognitiva, emocional y conductualmente, una vez recibe en la pantalla consciente el informe “dolor”. En ocasiones, el informe “dolor” está justificado. El individuo deberá ajustar su reflexión, impacto afectivo y conducta a lo que la lesión imponga. En muchas ocasiones el informe “dolor” procede de un sustrato neuronal de cogniciones, emociones y propuestas, absolutamente injustificado, fóbico, irracional. El “receptor de dolor”, el individuo, podrá y deberá des-apreciar el informe y tratar de que se desvanezca, según va perdiendo potencia conectiva en las áreas evaluativas, la consideración de amenaza. No imponemos pero podemos exponer, generar inputs de racionalidad al sistema. No va a poder evitar ser el único receptor de su dolor. Aproveche la oportunidad. No pida terapias si no hay motivo. Pida información. Quite miedo.
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