Daño ilusorio
De ilusión, dicen, también se vive… y se malvive. No siempre la realidad se muestra meridiana en su significado. En muchas ocasiones debemos actuar, tomar decisiones, sobre una información parcial, ambigua, potencialmente engañosa. Muchas veces no tenemos ni idea de lo que puede estar sucediendo en entornos opacos a nuestros sentidos y no podemos sino imaginarlos, hacer cábalas, apoyándonos en los expertos, los que saben de lo inaccesible. En la pantalla de la conciencia confluyen realidad e imaginación, sin un etiquetado que nos permita saber la proporción de cada una de ellas. Gran parte de la conciencia es ilusoria. Apoyándose en unos confusos datos sensoriales, el cerebro construye, a veces, percepciones engañosas, interpretaciones erróneas de la realidad, máxime si tenemos en cuenta que lo que la conciencia contiene puede ser fruto de un proceso predictivo impulsado por la emoción, el miedo. - Me duele la cabeza, la parte izquierda. Tengo migraña. En la parte izquierda de la cabeza no sucede nada amenazante en la migraña. El dolor es, en este caso, una percepción ilusoria, nacida del temor al daño. El cerebro consigue inducir en el paciente un estado similar a la hipnosis. Requisa la atención hacia la parte izquierda de la cabeza y sugiere desde el ronroneo mental propuestas perceptivas, cognitivas y conductuales. Hay pacientes más hipnotizables, más sugestionables, que otros. - Comienza el dolor. Procuro no hacer caso y centrarme en mis tareas, pero no consigo quitármelo de encima. Al final tengo que tomar el calmante. Con otros la inducción y sugestión hipnótica no funciona. - Noto dolor. Sé que no sucede nada. Desatiendo la propuesta del cerebro. No me dejo sugestionar. El dolor se va. - ¿Cómo consigo que el cerebro no me enrede, no me lleve al terreno de sus propuestas? Imagine que está en el cine viendo una película emocionante. Está usted hipnotizado. Se deja absorber por la pantalla. De repente decide dejar de atender. Desvía la atención hacia otras cuestiones. Saca el móvil y se pone a oír música. Se pierde el hilo de la peli. Ya no le importa lo que pueda haber sucedido. Algo parecido sucede en el sueño. Nada de lo que aparece en la conciencia tiene sentido pero sólo si se despierta, si vuelve al mundo real, acaba la pesadilla. En el dolor por daño ilusorio, imaginado, el paciente debe imponer la vuelta a la realidad, el fin de la pesadilla. ¿Cómo? Con el conocimiento (no sucede nada amenazante, son imaginaciones del cerebro…) y la inmersión en el mundo real. - Ya lo intento, pero no lo consigo. Debo ser fácilmente hipnotizable por el cerebro. Realmente uno debería poder inducirse una contrahipnosis. Imponer el escenario real. No sucede nada. No hace falta inducir el estado hipnótico para conseguir modificaciones perceptiva, cognitivas o conductuales. Basta con proyectar el conocimiento, la seguridad razonable de que nada de lo que el hipnotizador cerebral sugiere es cierto. El cerebro imagina la realidad y procura camelar al individuo, hacerle cómplice de sus temores ilusorios. ¡Venga ya! -
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