Dolor nociplástico
Hasta ahora la IASP clasificaba el dolor en dos tipos: el nociceptivo, debido a un daño consumado o inminente en tejidos no neuronales, y el neuropático, secundario a daño neuronal. La propia IASP contempla en su definición de dolor que éste puede existir sin que ningún tejido esté dañado. Para explicarlo recurría al argumento de “vivido como tal daño”, sin entrar en detalles sobre lo que se quiere decir con esta coletilla final. El mayor volumen de dolor corresponde al “vivido como tal daño” aunque éste no exista, salvo en algún ámbito imaginativo. La IASP propone denominar a este dolor huérfano de daño, “nociplástico”: un dolor que procede de una “nocicepción alterada”, sin clara evidencia de amenaza real o potencial de daño en los tejidos (neuronales y no neuronales). No sucede nada en los tejidos. El servicio de vigilancia de daño consumado o inminente, los nociceptores (neuronas que detectan nocividad), funciona mal y genera información de daño, que confunde a las áreas centrales de procesamiento. El error no se detecta ni corrige, sino todo lo contrario. Con el tiempo va a más. Migraña, fibromialgia, dolor crónico, colon irritable… Dolor nociplástico. No hay daño pero los nociceptores generan y transmiten falsa señal de daño. Los centros de procesamiento no sólo desatienden esas falsas señales sino que las amplifican, dando lugar a la proyección en la conciencia del dolor más mortificador e invalidante que se pueda imaginar. Las conexiones neuronales son plásticas, es decir, aprenden. En el dolor nociplástico, la plasticidad enloquece. No genera aprendizaje sino confirmación y amplificación del error. ¿Por qué? , No se sabe, ya se sabe. Muchos factores, los de siempre: genes pro-nociplasticidad, estreses, hormonas, toxicidad ambiental, emociones mal gestionadas, alimentos, inflamación de bajo grado… El término nociplástico no considera el error evaluativo ni la tutela cultural del aprendizaje. Todo se cuece en la nocicepción. El dolor se genera, necesariamente, en los tejidos. Si estos no están dañados, son los nociceptores los responsables de generar un dolor injustificado. Los centros de la médula o del cerebro dan por buenos los informes erróneos de los nociceptores y facilitan y amplifican el tráfico de señal falsa. Sin embargo sabemos que el dolor no se genera en los tejidos neuronales y no neuronales de la periferia. Sabemos, a Ciencia cierta, que el dolor aflora a la conciencia como consecuencia de un proceso evaluativo de amenaza, aprendido a lo largo de la interacción del organismo con el entorno. No hay “señales de dolor” ni “vías de dolor” pero la IASP sigue erre que erre situando el dolor en la periferia, esta vez en forma de una pretendida disfunción de nociceptores o del primer relevo de sus señales en la médula. Realmente, el dolor nociplástico es un dolor kafkiano. No sucede nada en el barrio. Suenan las alarmas a todas horas o a las más inoportunas. Aparece la policía, los bomberos, las ambulancias. Así durante años. Los residentes del barrio ya no pueden más. - En el barrio no hemos detectado ninguna amenaza. ¿Seguro que oyen ustedes las alarmas y ven policías, bomberos y ambulancias? Si así fuera, tendría que haber una amenaza real pero esa amenaza no existe. Todo esto es misterioso. - ¿Y yo qué puedo hacer? - No sé. Le mando al psicólogo. Tiene que aceptar la situación. A partir de la etiqueta, todo cambiará, sugieren los de la IASP. Sabremos de qué estamos hablando. - Tiene usted un dolor nociplástico. - Ya me quedo más tranquilo, sabiendo lo que tengo… - De momento no hay tratamiento pero pronto sabremos cómo combatirlo. Investigaremos la nociplasticidad y aparecerán nuevos modos de combatirla… ¡Ay, Señorrrrr…!
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