Sentir y/o padecer
El dolor, como cualquier otra percepción, es un contenido consciente que integra varios componentes: sensoriales, emocionales, cognitivos y conductuales. Tiene una cualidad (qualia) determinada (“dolor”), una localización en tiempo y espacio, una intensidad, una interpretación (significado), una cuota de sufrimiento y una propuesta conductual. Una cosa es sentir algo, percatarse de que el dolor está ahí, y otra, que nos haga sufrir y nos condicione el discurso mental y la conducta. Una cosa es que sintamos (detectemos) una temperatura baja y otra, que la padezcamos, obligándonos a buscar abrigo. - Ha bajado la temperatura. Se constata el cambio pero uno sigue con lo que estaba haciendo sin darle mayor importancia. Otras veces la baja temperatura nos obliga a hacer algo - Tengo frío. Voy a casa a por un jersey. En los cursos hay pacientes que siguen teniendo dolor, quizás algo menos intenso y algo menos frecuente, pero toman menos calmantes y ese dolor, tan parecido al que tenían antes del curso, ya no les importa tanto, lo padecen mucho menos. Por hipnosis se puede disociar el sufrimiento de la sensación. - Notará el mismo dolor pero sufrirá menos… La sugestión, cuando tiene éxito, desactiva las áreas que generan el componente afectivo de sufrir, mientras se mantiene la de las áreas que procesan las variables de localización e intensidad. - Apenas notará dolor pero le hará padecer lo mismo… La actividad se desvanece en las áreas discriminativas y se mantiene en las afectivas. Al saber que en la zona que duele no está sucediendo nada amenazante, que el dolor no contiene relevancia, los pacientes desactivan las áreas que nos hacen sufrir. El dolor puede estar ahí pero ya no le prestamos tanta atención ni nos hace sufrir ni cavilar. La diferencia está en la indiferencia. El dolor ya no genera miedo ni incertidumbre. Se ha enfriado emocionalmente. Lo ideal sería no sentir ni padecer dolor, cuando no hay un motivo biológico que lo justifique. No siempre se tiene éxito. En ocasiones se deja de padecer pero si uno le presta atención observa que está ahí, como siempre. Sucede lo mismo con otras perturbaciones perceptivas, como los acúfenos. - Sigo oyendo el ruido pero no le presto atención y lo padezco menos. - Es una calle ruidosa, con muchos coches… pero no presto atención. Puedo estudiar y dormir, sin problemas…
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