Memoria evaluativa
La Biología es memoria, huella del pasado que condiciona el futuro. Cada escenario, cada acción, guarda memoria de lo que el pasado generó. El organismo predice sobre la base de la evaluación que ese pasado fue tejiendo. Las experiencias vividas aportan una conclusión, más o menos provisional. Desde esa conclusión, memorizada, se proyectan a la conciencia percepciones, emociones, cogniciones y propuestas de conducta. Muchas veces la conducta refuerza las pre-visiones. Confirma lo anticipado. Si hago esto sucederá aquello… Toca finde. El organismo prevé amenaza y esa evaluación memorizada se hace conciencia en forma de una crisis migrañosa. La irrupción de la crisis refuerza la evaluación previa. La pescadilla se ha mordido la cola. Las estructuras circulares, reverberantes, son frecuentes en la red. Permiten mantener un estado evaluativo en cada escenario. Los círculos viciosos, los estados de conectividad reverberante que se retroalimentan al servicio de una evaluación errónea, sólo pueden atajarse si se modifica el contenido evaluativo o si se añade una condición exigida por la evaluación. - Me empieza el dolor. Pienso en lo que he aprendido. Sé que no sucede nada en la cabeza. Me centro en mis cosas y el dolor se va. Si la evaluación exige ibuprofeno… - Intento no tomar el calmante. Pienso en lo que he aprendido… pero, al final, tengo que tomar el ibuprofeno. Al cabo de un rato, el dolor se va. Sesgo de confirmación. El calmante es una condición exigida para desactivar la evaluación de amenaza. No siempre es así. - Intenté no tomar. Al final, lo tomé pero no me hizo nada. La evaluación exigía la toma precoz. La denominada “neuromatriz del dolor”, el conjunto de áreas neuronales activadas cuando duele, es, en realidad, la neuromatriz evaluativa. Expresa las cogniciones, percepciones, emociones y propuestas conductuales que se derivan de la evaluación de amenaza, en ese momento y circunstancia. No se trata de qué hacer con el dolor sino con la evaluación errónea de amenaza que nutre la crisis. O se cumplen las condiciones exigidas por cada estado evaluativo memorizado o se transgreden, desde la convicción de que ese estado es incorrecto, injustificado. Todo esto puede sonar a filosofía barata, charlatanería, especulación. Lo científico es el ibuprofeno precoz, la molécula prodigiosa, que pone orden en el desaguisado neuronal. La memoria es una función creativa, abierta a los cambios, aunque con cierta tendencia a defender el soporte de sus creencias, con obstinación variable. No podemos cincelarla a voluntad, quitar y poner. Sólo podemos proveer de material informativo y experiencia y desear que surja efecto. - La migraña es una enfermedad misteriosa, incurable. Vida ordenada, identificar y evitar desencadenantes, calmante precoz y preventivos. O bien… - La migraña se aprende. Vida interesante, con su dosis saludable de estrés, exponiéndose a los desencadenantes si los tiene identificados u olvidándose de ellos si no los ha detectado. El calmante `precoz es la última opción teórica, decidida para acallar a la bestia. Si algo queremos cambiar, deberemos pensar, temer y hacer cosas diferentes. La función evaluativa es continua. Cada escenario construye sus pre-visiones. Podemos moldearla conscientemente con el conocimiento y la experiencia. - Hago ejercicios evaluativos. No me va mal.
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