La función evaluativa
Dice Ramachandran que el dolor es una opinión cerebral. En el mismo sentido se puede afirmar que el dolor, como cualquier otro contenido perceptivo, surge de una “toma de decisión” por parte de la red neuronal o como una propuesta más o menos poderosa de dicha red para que el individuo asuma una conducta de protección. “Le haré una propuesta que no podrá rechazar” (El Padrino) En la función evaluativa se integra toda la información disponible en la red para cada escenario, para cada acción, para cada entrada sensorial. Anticipadamente, la red pre-dispone una predicción de lo que va a suceder o es deseable que no suceda. No hay ninguna garantía de que la predicción sea cierta. Lo que importa es la seguridad y si el temor al daño es alto, la red genera, desde una conectividad concreta, un estado que aparecerá en la conciencia como dolor. A su vez ese estado de evaluación de amenaza recibe el informe de aparición en la conciencia de la percepción dolor (re-entrada). Desde ese momento todos los componentes que han colaborado, inconscientemente, en el afloramiento del sentimiento doloroso, es decir, cogniciones, expectativas, memorias, emociones… entran en el universo consciente, con más o menos intensidad. El individuo ya está implicado en todos ellos. La información viene y va. Cada área de la red vuelca su estado, influido ahora por lo que el individuo conoce y decide, con voz y voto. No existe un “centro evaluativo”. Tampoco existe un “centro del dolor”. Existen estados de conectividad en los que se integra todo lo que la red contiene para afrontar el escenario con garantías, sin riesgos. No podemos imponer la voluntad. “No quiero que me duela”. “Desactiven el estado de amenaza”. “Es una orden”. Nos limitamos a interiorizar una convicción. “Sé que no sucede nada que justifique la alerta del sistema”. “Voy a centrar la atención en mis tareas”. No basta con decirse algo de lo que uno no está convencido. “El avión no se va a precipitar al mar” Se necesita convicción. La participación consciente del individuo en el proceso evaluativo no es determinante pero sí fundamental. La re-entrada de lo que uno conoce y decide, desde la conciencia a la red, influye en la dinámica del proceso. “Sé que no pasa nada”. “No voy a tomar el calmante” Los resultados son impredecibles: - Lo intenté pero tuve que tomar el ibuprofeno. No siempre es así: - Decidí ir a la cena, sin tomar el calmante y al cabo de un rato el dolor se había ido. No nos gustan las complejidades y menos aún en una cuestión como el dolor. - Déjate de historias y tómate el calmante. No seas tonto. La Biología neuronal, mal que nos pese, es compleja. - El dolor es una percepción aversiva que contiene implícitamente una evaluación aprendida de daño necrótico consumado, inminente o imaginado y que incita a una conducta de protección. Uff! Demasiado. - Tiene usted artrosis. Por eso le duele Si al recibir esa propuesta informativa, la red neuronal la da por buena y concluye que cada movimiento generará un estrés mecánico sobre la zona, la función evaluativa quedará sensibilizada. - Esta artrosis me está matando de dolor La re-entrada echará más leña al fuego. - No existe correlación entre los cambios radiológicos que denominamos artrosis y el dolor. Muchos ciudadanos tienen esos cambios y no sufren dolor. Muévase sin miedo y con confianza. Es complicado educar al ciudadano y a los profesionales en estas cuestiones evaluativas. Algunos lo comprenden y aceptan, con resultados variables. Otros las rechazan. - Bah. Filosofía barata! Aunque uno decida ignorar la complejidad del proceso evaluativo, seguirá ahí. El individuo, consciente o inconscientemente estará influyendo en las decisiones. Por eso es importante la Educación en Biología neuronal del dolor. Es una oportunidad. Puede ofender a quien se le ofrece pero no a los tejidos.
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