Dolor justificado
Para el individuo todos los dolores son malos. Preocupan, mortifican e invalidan. Puede que reconozcamos y aceptemos la función positiva de aviso de que algo anda mal pero deseamos que desaparezca de nuestra pantalla consciente cuanto antes.
Para el organismo existen dolores buenos y malos, necesarios o superfluos. El dolor bueno informa y protege. El beneficio justifica el coste. El malo sólo aporta estrés improductivo, restricción, activación innecesaria de recursos. El costo es alto (para el organismo y el individuo) y el beneficio, nulo.
El dolor se justifica cuando emerge en la conciencia como resultado de un evento de amenaza consumada de daño o por la presencia de un agente o estado amenazante que debe evitarse inmediatamente.
Los tejidos dañados por un desgarro, una compresión, la exposición a una temperatura extrema o una condición química nociva, liberan moléculas (alarminas), que son detectadas por las células vigilantes del Sistema Neuroinmune, dando lugar a la respuesta protectora y reparadora de la inflamación.
Los nociceptores, las neuronas encargadas de detectar agentes y estados nocivos, detectan la consumación de la tragedia (necrosis: muerte accidental). Previsiblemente sus terminales, también se han destruido. Los cabos vivos que rodean la zona muerta, detectan las moléculas que liberan los cadáveres celulares y disparan señales eléctricas a los centros de respuesta a la vez que ponen en marcha, junto a las células del sistema inmune, la respuesta inflamatoria.
La zona se hincha, está más caliente y roja, duele y se da de baja. Bendita inflamación, para el organismo. Maldita inflamación para el individuo.
– Tómese este anti-inflamatorio… Se encontrará mejor.
Con el daño consumado, los receptores mecánicos, térmicos y químicos de los nociceptores se vuelven hipersensibles. Cualquier estímulo inofensivo sobre la herida, dispara la señal y, previsiblemente, aparecerá el dolor en la conciencia. Así será mientras se protege y repara el destrozo y se regeneran las terminales nerviosas destruidas.
Ninguno de los síntomas y signos de la inflamación, por separado, permite concluir que la zona está inflamada.
Hay un abuso extendido de dar por sentado que si algo duele, está inflamado.
Es más, si estuviera inflamado, deberíamos respetar el trabajo inflamatorio protector-reparador, salvo en determinadas circunstancias (ausencia de daño que lo justifique o exceso de la respuesta).
Los nociceptores de una zona sana pueden detectar un estado o agente físico-químico peligroso. Inmediatamente se generan señales eléctricas que informan a los centros de respuesta. Previsiblemente: dolor y activación de una conducta de evitación: apartar la mano de la cazuela demasiado caliente.
En estos casos el dolor se activa rápido y se disipa, también al instante, si se ha evitado el daño (necrosis).
Dolor útil, justificado.
Angina de pecho: dolor torácico que informa de que el músculo cardíaco no recibe suficiente aporte de sangre, ¡peligro! El dolor obliga a pararse al individuo. El dolor es intenso. Al pararse, el dolor se va. Dolor útil, beneficioso, justificado.
Si me muevo, me duele la columna.
¿Dolor útil, beneficioso?
Ese es otro cantar. Lo dejamos para la siguiente entrada, la de los dolores inútiles, injustificados. Ni informan ni protegen. Sólo mortifican e invalidan.
Comentarios (18)
Los comentarios están cerrados.