Síndromes de habituación central
La ciudadanía de nuestro tiempo sufre el azote de los denominados “Síndromes de sensibilización central.
Su organismo actúa frente a estímulos, circunstancias, escenarios, habitualmente irrelevantes, inofensivos, como si en esa exposición le fuera la vida.
Migraña, fibromialgia, dolor crónico, colon irritable y un largo y creciente etcétera.
Cada Síndrome incluye un conjunto de síntomas, que no son más que la expresión de una respuesta excesiva, innecesaria, de alerta, de protección preventiva.
No hay una respuesta clara a la pregunta obvia:
¿Por qué un organismo responde de esa manera hipersensible? ¿Por qué actúa como si estuviera en peligro si no lo está?
Unos proponen que se nace así. Los genes.
Otros sugieren que el ambiente está hecho un asco. Tóxicos, gérmenes, campos electromagnéticos.
Puede que el estrés, las emociones…
Puede que sea un popurri de todos ellos.
El caso es que el organismo, criado en condiciones naturales para condiciones naturales, llevaderas, no está para estos trotes modernos, definidos por la artificialidad desbocada y descontrolada.
El organismo hipersensible sería un organismo enfermo, incapaz de soportar la carga de la agresión ambiental psicofísicoquímica.
Puede que ese organismo fuera feliz y sano en un entorno natural, también sano.
La cultura sería la responsable del desastre. La Tecnología, la manipulación de todo, el modus vivendi enloquecido.
Otros pensamos que, aun siendo cierto todo lo anterior, aun aceptando que hemos degradado el entorno y los estilos de vida y que podemos nacer más o menos dotados para soportar ese entorno, debiera considerarse el aprendizaje como otro factor importante.
No nacemos sensibilizados, vulnerables. Salvo en los casos de deficiencias enzimáticas congénitas, raras, podríamos adaptarnos a entornos variables sin problemas, sin sensibilizaciones innecesarias. Podríamos habituarnos a casi todo, dentro de una banda ancha de tolerancia a lo que no es manifiestamente nocivo.
Podemos, incluso, habituarnos a inhalar un humo tóxico como el de los cigarros.
Los fumadores padecen un Síndrome de habituación central.
Su organismo debiera ser sensible al humo del cigarro y generar síntomas de sensibilidad, pero acaba haciendo lo contrario. Promueve el hábito de inhalar el tóxico y penaliza si no lo hace, creando el síntoma del desasosiego de la abstinencia.
El organismo de un bailarín habitúa a los giros enloquecidos. El de un intérprete de oboe a la hiperventilación.
Los Síndromes proponen una conducta al individuo, con más o menos apremio.
Una crisis de migraña propone-incita al individuo al refugio en el cuarto obscuro y silencioso, a la quietud de la cabeza, al vómito.
El dolor crónico propone-incita al movimiento cuidadoso, limitado, sin chicha.
Los Síndromes de sensibilización proponen la evitación de lo necesario, la actividad normal, inofensiva.
Los Síndromes de habituación proponen el consumo de lo innecesario, tóxico o poco fisiológico-natural.
Todos los organismos generan respuestas hipersensibles o de hiperhabituación.
Lo deseable es que las propuestas-respuestas sensibles y/o de habituación fueran inteligentes, justificadas, productivas.
Hipersensibilidad al tabaco o a otras conductas claramente perjudiciales e innecesarias y habituación a lo inofensivo-necesario: poder llevar una vida normal en un entorno razonablemente habitable.
¿Son reversibles los Síndromes de Sensibilización o habituación?
Hay quien dice que no. Un organismo hipersensible padece una enfermedad misteriosa e incurable. Quizás en el futuro se descubra el verdadero origen y su remedio. Mientras tanto, privaciones para encontrar un cierto alivio.
Los Síndromes de habituación, las adicciones, pueden curarse pero exigen la colaboración del individuo, el empeño de oponerse a las propuestas del organismo.
En los Síndromes de Sensibilización no se contempla ningún protagonismo del individuo. Sólo es un paciente, una víctima indefensa. La voluntad no cuenta.
Pienso que no es así.
Existe el mismo margen de maniobra para el individuo, tanto si reside en un organismo hipersensible o hiperhabituado.
En los dos casos, habita un organismo razonablemente sano pero mal gestionado.
Basta con saber y aceptar que es así y proponerse cambiar la situación.
No digo que sea fácil, pero sí sencillo.
Por eso resulta difícil.
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