The tissue is the issue
Para muchos, legos y profesionales, el dolor se origina en los tejidos (músculos, piel, huesos, articulaciones, estómago…), o, al menos, actúan como si así fuera.
El dolor sentido en la zona de la columna o las articulaciones, surge, según esa convicción, de los tejidos, las células y espacio extracelular que las conforma.
The tissue is the issue: la cuestión está en los tejidos.
– ¿El cerebro, dice usted? Bueno, sí. Modula el dolor. Puede hacer que aumente o disminuya pero se origina en los tejidos. Hay que tratar de eliminar el foco del dolor, aunque no estaría de más considerar a la persona, sus creencias, sus expectativas, su ánimo, sus emociones. Modelo biopsicosocial. Bio=tejidos; psicosocial=cerebro.
Para algunos (entre los que me incluyo), el dolor surge del cerebro, única y exclusivamente.
No brain, no pain. Sin cerebro no hay dolor. En ningún caso.
– ¿Los tejidos, dice usted? El cerebro también es un tejido. No hay allí mas que células y espacio extracelular.
Sin tejido nervioso, no hay dolor.
– ¿Cuál sería, entonces, el papel de los otros tejidos, los músculos y demás?
– En esos tejidos, lo que se produce no es el dolor sino daños, muerte violenta consumada de células o estados de peligro de daño inminente, si no se resuelve la situación.
El tejido dañado libera moléculas (DAMPs, alarminas) que permiten detectar dicho daño por parte de las neuronas y células del Sistema Neuroinmune de vigilancia (nociceptores).
En ausencia de daño consumado, las neuronas vigilantes detectan temperaturas y estímulos mecánicos peligrosos, así como estados químicos amenazantes. Los detectan e informan a la red, activando respuestas de protección. El dolor forma parte de esa respuesta compleja defensiva.
El daño consumado o inminente es una cuestión de tejidos en los que se produce ese evento.
El dolor es una cuestión de tejidos nerviosos, ubicados en el cerebro. En función de la evaluación de amenaza de cada momento, lugar y circunstancia, con o sin cuestiones de tejidos dañados, pueden generar el sentimiento de dolor, proyectado en un determinado lugar. Por ejemplo, en la columna.
No es una condición necesaria ni suficiente que exista una cuestión de daño consumado o inminente en los tejidos de la columna, para que el tejido cerebral, atendiendo a sus cuestiones evaluativas, genere el sentimiento de dolor proyectado en la zona lumbar.
– Me duele la columna.
Sería más correcto decir: “siento dolor en la zona lumbar”.
Los tejidos cerebrales evaluativos, con o sin daño actual, han generado el sentimiento doloroso. Se han activado unas determinadas conexiones.
Las neuronas son células, tejido. Algo tan físico como las células hepáticas o los músculos.
Sin embargo, se ocupan de cuestiones psicológicas: memoria, predicción, imaginación, percepción, cognición, emoción, decisión, aprendizaje… y conciencia.
El tejido cerebral anticipa peligro, con o sin fundamento. Las neuronas evaluativas se han activado, por impulso de la memoria predictiva.
El corazón se acelera, sentimos un desasosiego en la boca del estómago…
El miedo se genera en el corazón, dirían algunos. Allí lo siento, en las palpitaciones…
The tissue is the issue . El corazón, en este caso.
No es el corazón, sino el cerebro. No son las células cardíacas sino las cerebrales.
A veces hay una situación de peligro consumado: fuego o un león.
Otras sólo hay peligro imaginado.
Las palpitaciones son reales, haya o no, realmente, peligro. Basta con que así sea evaluado el momento, lugar y circunstancia por el tejido cerebral.
El profesional tiene que juzgar todos los tejidos presuntamente implicados.
Por supuesto, el músculo, el hueso, la articulación, los tendones…
Por supuesto también, el cerebro.
Hay quienes sostienen que la disputa tejidos o cerebro es estéril.
No es una cuestión de tejidos y/o cerebro, sino de la persona.
Vale, pero la persona es tejido, un organismo con historia.
La persona es una sociedad celular.
Algunos tejidos de la persona viven el presente, el aquí y ahora. Soportan los daños.
Otros tejidos viven a caballo entre el pasado, el presente y el futuro. No esperan a que se produzcan los eventos. Los imaginan y actúan.
Los tejidos clásicos (músculoesqueléticos) pueden estar razonablemente sanos, ser capaces de cumplir con su trabajo, pero el tejido cerebral puede imponerles un régimen de alerta “por su bien”, para preservarlos.
Cualquier acción generará en las neuronas vigilantes, información de que, en contra de las recomendaciones del tejido cerebral, el individuo ha decidido moverse.
– Me duele. ¡Esta columna..!
No es la columna sino el tejido cerebral que ha decidido restringir y penalizar la actividad de la columna.
– No es la columna real, sino la virtual. El tejido de su columna no está tan mal. Es el tejido cerebral, el que teje los sueños, los miedos…
La vida es sueño… de los tejidos del cerebro.
Comentarios (4)
Los comentarios están cerrados.