Pasión de cervicales
Somos una especie castigada por el dolor y el mareo.
Dicen que lo que nos duelen son los huesos, articulaciones y músculos y que el evolucionar de cuadrúpedos a bípedos, aun cuando nos permitió mejorar la exploración visual y las manualidades, nos pasa factura, pues no es lo mismo dos soportes que cuatro. La carga acumulada hace mella, sobre todo si uno coge pesos de malas maneras. Lumbalgia.
El bipedismo nos hizo mirones o la curiosidad despegó el apoyo anterior. Palpamos el mundo con los ojos. Nada se nos escapa. Todo son estímulos móviles (coches, ciclistas…) que atraen la mirada. Tanto meneo cefálico puede volvernos tarumbas. No sorprende el mareo. Necesitaríamos curas de reposo con un collar rígido que mantuviera la cabeza en su sitio, apoyada sobre el artilugio.
La tecnología ha centrado la mirada en pantallas de ordenador y televisión, libros o tareas estáticas. La musculatura cervical mete horas extra manteniendo la cabeza en extensión para sostener la mirada al frente. Dolor.
Una cabeza más quieta podría explicar el dolor por la sobrecarga muscular pero no el mareo.
– Ando mareado. El médico me ha dicho que son las cervicales. Me ha mandado al fisio.
Por el cuello pasan las arterias que riegan el cerebro. La artrosis angosta el recorrido de esas arterias y al mover la cabeza, se agudiza la estrechez. Al cerebro no le llega sangre suficiente. Mareo.
– Me ha dicho el médico que es “falta de riego”, por las cervicales.
El interior de la cabeza y la cara están vigiladas y protegidas por el nervio trigémino. Deposita sus informes sensoriales en un núcleo situado debajo del cerebro.
La parte alta del cuello está vigilada y protegida por unos nervios (raíces) que depositan sus informes sensoriales en el mismo núcleo que el trigémino, aunque en su zona inferior. Juntos pero no revueltos.
Dicen los neurólogos que el dolor de la migraña nace en las terminales del trigémino ubicadas en el interior del cráneo.
Dicen los fisios que la migraña se cuece y nace en la parte alta del cuello y que si el dolor se proyecta en la zona de competencia del trigémino es porque el núcleo de este y el de las raíces cervicales superiores son vecinos.
A muchos ciudadanos el mundo le da vueltas. Tienen vértigo. Para conseguir que los ojos se fijen con precisión en los objetos de interés se necesita integrar la delicada melodía de pequeños movimientos que giran, flexionan y extienden la cabeza. Una tupida red de sensores situados en las articulaciones de las primeras vértebras informa a los centros que controlan la mirada. Parece lógico que si algo no va bien en el cuello, el delicado trabajo de sensores y músculos se resienta.
– He estado con vértigo. Me ha visto el otorrino. Todo normal. Parece que es de las cervicales.
¿Qué hay de cierto en todo esto que se dice y oye?
Todo puede ser. Hay estudios para todos los gustos e intereses.
Lo que me sorprende es que el cerebro esté ausente en todas estas propuestas.
Sólo aparece como víctima de la “falta de riego”, del estrés y de la alimentación.
Al final dejamos de ser lo que somos: una especie móvil, exploradora, observadora, mirona.
El dolor de columna, la tensión de los músculos, la fijación ocular en pantallas. nos ha apartado del camino para el que la evolución nos habilitó.
Ya no somos una especie móvil y equilibrada. El móvil nos ha inmovilizado.
Lo que no hemos dejado de ser es imaginativos y chismosos.
El cerebro es un fantaseador. Imagina el exterior y el interior. En ocasiones lo hace desde el miedo y desde lo que los expertos dicen.
Para el dolor y el mareo no hay como moverse… sin miedo.
Es lo que necesita el cerebro.
Tiene riego de sobra.
– ¿Y las cervicales?
– Facilite su trabajo. Déjelas en paz.
Comentarios (2)
Los comentarios están cerrados.