Inflamados
Últimamente se habla mucho de la inflamación.
Cuando algo no funciona, se sugiere o sostiene que es porque está “inflamado”.
El dolor crónico, la migraña, el Alzheimer, el cáncer, la diabetes… todo puede explicarse a través de un supuesto estado inflamatorio… “de bajo grado”.
Dolor, calor, rubor, tumor e impotencia funcional. Yo pensaba que la inflamación se expresaba por esos indicadores clínicos. Ya no es así.
Basta con encontrar en un tejido “mediadores proinflamatorios” para concluir que hay inflamación y que eso lo explica todo.
Los “mediadores” son mensajeros que activan o inhiben una función en las células receptoras de los mensajes.
La presencia de mensajeros cuya función es la de alertar sobre un posible suceso no indica, necesariamente, que éste se haya consumado o sea inminente. Simplemente certifica que el Sistema Neuroinmune de defensa está sensibilizado como resultado de sus evaluaciones, más o menos acertadas.
En una crisis de migraña se dice que la inflamación se va extendiendo desde las terminales perivasculares del nervio trigémino hasta el mismo cerebro. Toda la red neuronal acaba “inflamada”. De ahí el dolor insoportable.
En el dolor crónico la inflamación se instala en el asta posterior de la médula espinal y de allí acaba propagándose hasta el rincón más elevado y complejo del cerebro.
Los años traen consigo “la inflamación”, el “inflamaging”.
Vivir inflama.
El estrés inflama. Los alimentos inflaman o desinflaman.
Ya no hace falta que haya dolor, rubor, calor, tumor ni impotencia funcional. Basta investigar y ver si los “mediadores proinflamatorios” andan por ahí.
Ya no hay ningún rubor para proclamar que el dolor se hace crónico porque el bombardeo de mensajes de los tejidos ha inflamado las zonas de recepción, de abajo-arriba. El teletipo echa chispas, se inflama, con las noticias que recibe.
Habrá que redefinir lo que entendemos por inflamación. Lo que es y no es estar inflamado.
Los sucesos despliegan mensajeros pero la presencia de mensajeros no certifica, necesariamente, que haya pasado algo. Existen las falsas alarmas, los estados preventivos de vigilancia sensible, los miedos…
Los policías no son mediadores pro-atentados o pro-desplazamiento de máquinas para eliminar escombros. Pueden estar allí porque se evalúa una amenaza, que puede cumplirse o no.
Necesitamos más rigor en los términos.
Podría utilizarse el término “alerta Neuroinmune” para los casos en los que sólo existe una previsión o evaluación de daño potencial.
La alerta Neuroinmune afecta a todos los componentes locales, regionales o sistémicos, implicados en la vigilancia. Las terminales de las neuronas (nociceptores) y todos los centros de respuesta de protección, medulares, de troncoencéfalo y encéfalo estarán abiertos y atentos a las señales que puedan llegar de los tejidos vigilados.
La inflamación real, fetén, lleva consigo la anti-inflamación. Se autocontrola. El daño puede haberse reparado. Las máquinas de retirar escombros (macrófagos) se han retirado. Debiera levantarse el estado restrictivo de excepción pero no siempre sucede.
Se mantienen los efectivos de la alerta. No se retiran las vallas ni los controles estrictos. Los vecinos no pueden volver a sus casas, porque la evaluación de amenaza sigue vigente. Hay mediadores “pro-inflamatorios”, activadores del estado sensible.
Dolor.
Sin ningún rubor, se dice que lo que duele está “inflamado”.
“Inflamage”.
Parece que es lo que toca.
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