Despotenciando la migraña
¡Al enemigo, ni agua!
No hay que facilitar la migrañización de la cabeza, ni siquiera de una mitad de ella (hemi-crania).
Realmente lo que se migrañiza no es la cabeza, sus vasos, meninges o las terminales vigilantes del trigémino que vigilan el cráneo y su interior. Todos estos tejidos no piensan, evalúan ni deciden. Tampoco padecen una condición genética que los sensibilice de modo extremo, de tal manera que entren en un paroxismo de dolor ante cualquier desencadenante que la mayoría de los mortales tolera sin pestañear.
Todo se cuece en las neuronas de la azotea, en las áreas que memorizan todo lo que sucede y se dice, para procesarlo y extraer conclusiones, al principio provisionales y más tarde más o menos estables, en función de lo que dé de sí el aprendizaje, guiado por la experiencia propia, observación-imitación de la experiencia ajena y la instrucción de expertos e iluminados.
El procesamiento cerebral está sujeto a múltiples riesgos de torpezas lógicas. Una de ellas es dar por sentado que si B sigue en el tiempo a A es que A ha causado B. Si después de echar un chupito (A) duele la cabeza (B) es que el chupito (A) ha causado el dolor (B). Si después de tomar un calmante (A) el dolor se va (B) es que el calmante (A) ha eliminado el dolor (B).
Otra chapuza de la lógica cerebral es la ilusión causal emocional, la lógica guiada por temores y deseos. Si temo que A cause B, B ha sido causado por A. Si el cerebro teme que A (el chupito) cause B (el dolor) B habrá sido causado por A. Si el cerebro desea que se tome el calmante (A) y el dolor se va (B) es que el calmante ha eliminado el dolor.
El cerebro es un órgano domesticable. Las neuronas son células domesticables. No son los genes los que determinan la domesticación. Pueden influir, facilitando por ejemplo una mayor atención al peligro y optando por la obediencia a lo que el grupo sugiere (domesticabilidad).
La cultura está ahí fuera, con sus creencias y expectativas, más o menos conscientes e intencionadas (mal o bien-intencionadas). La tendencia congénita variable a la domesticación, al aprendizaje guiado por instructores bendecidos socialmente y no a la exploración en la dirección contraria, novedosa, por instinto de rebeldía-curiosidad-desobediencia, facilitará el juntar el hambre con las ganas de comer (sensibilidad al daño potencial-obediencia-cultura experta alarmista) generando una alta probabilidad de que un mal día el estado de conectividad de alerta supere el umbral de acceso a la conciencia y enrede al individuo consciente incauto-ignorante-obediente en el proceso.
En ocasiones la obediencia protege. Otras, somete, condiciona.
Si uno nace evitador de daño, vigilante y obediente puede beneficiarse de las aportaciones preventivas reales de la cultura experta.
El problema es cuando la supuesta prevención no contiene esa tendencia vigilante sino que la dinamiza sin ofrecer ninguna ventaja a cambio.
No es casualidad que el colectivo de neurólogos sea el que más cerebros migrañizados contiene. Están más expuestos a la cultura alarmista por su condición de predicadores crédulos, obedientes e incautos, seducidos por quienes construyen los modelos y organizan y esponsorizan cursos, revistas y congresos.
Un cerebro sensible-vigilante, abocado a todos los excesos de evitación-protección, necesita que alguien le ayude a disponer de la sensatez necesaria para tolerar-disfrutar las contingencias inofensivas de la vida.
La doctrina oficial, expuesta en el programa Conviure amb la migranya no hace sino consolidar el alarmismo y la irreversibilidad de la condición migrañosa, ubicando exclusivamente en los genes la causa y despreciando el complejo y poderoso influjo de la crianza al calor de la cultura.
La Neurociencia del dolor es incompatible con lo que en el programa se dice. El contenido no soportaría el aluvión de críticas que suscitaría en un Congreso imparcial en el que se hablara de los nuevos paradigmas.
Es sorprendente comprobar cómo la propuesta oficial de la migraña está conceptualmente protegida, aislada en una torre exclusiva en la que no aparece la crítica, la actualización.
Los que hayan visto el programa y sean lectores del blog habrán podido comprobar el profundo desacuerdo entre las propuestas oficiales y las que aquí se defienden.
Hay otra falacia lógica peligrosa: la falacia social. Si los de mi grupo dicen que A es cierto es que lo es. Se complementa con la fuerza aparente de la autoridad de quien lo dice: si lo dice fulano o la Asociación X es que es verdad. Si lo dice un don-nadie ni siquiera merece la pena atender el contenido.
– No me convence. No, no sé lo que dice pero no estoy de acuerdo.
Pues bien. Ni siquiera se acepta lo que sostienen autoridades oficiales reconocidas, como P. Goadsby y S. Silberstein, quienes en un comentario editorial de la revista Neurology (Enero 2013) pubicación de la Academia Americana de Neurología, piensan que…
“La replicación experimental de la migraña con los desencadenantes puede ser más compleja de lo que parece. La respuesta a un desencadenante depende de la expectativa a la respuesta, condicionamientos previos, aprendizaje, memoria, motivación, y significado.
Si la migraña es un trastorno cerebral de la habituación a señales sensoriales normales, ¿no debería uno más bien tratar de habituar su cerebro en vez de evitar el desencadenante?”
El programa sostiene lo contrario.
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