La acción de pensar
Una de las alumnas de la última edición del curso rehusó acudir a la revisión.
“He comprendido el marco teórico y veo su lógica pero no habéis dado pautas para aplicarlo. Sigo igual ”.
Muchos alumnos hacen la misma reflexión.
– ¿Qué tengo que hacer?
– Pensar.
Tendemos a separar el pensamiento de la acción.
Respecto al dolor se proponen “acciones diversas”: tomar un fármaco; recibir masajes; yoga; relajación; acupuntura y un largo etcétera de propuestas que el paciente considera como acciones terapéuticas.
Nosotros no proponemos ninguna propuesta que pueda considerarse como una acción.
– Piense en lo que ha aprendido. Imagine el organismo real y no deje que su cerebro imponga por miedo y desinformación la idea de un organismo vulnerable-amenazado. Intente seguir con su vida, con sus programas cotidianos.
El cerebro actúa desde sus estados de conectividad, desde la historia que construye sobre organismo y las consecuencias de las acciones del individuo. Antes de que este decida “hacer algo” se activa el estado cerebral que esa historia de organismo ha construido.
– Me duele. ¿Qué hago?
– Piense. Intente modificar esa historia antes de ejecutar la acción que desea.
No basta con repetirse mentalmente una frase:
– No hay daño. No pasa nada. No tiene por qué dolerme.
Se trata de conseguir la convicción de que es así. Creerlo. No simplemente, desearlo.
Si dejamos que la idea de organismo siga activa, imponiendo sus temores, restricciones y penalizaciones, padeceremos las consecuencias.
En el ámbito de la conciencia podemos actuar a través de la imaginación, del conocimiento y de la voluntad de desatender las exigencias del guión cerebral del miedo.
No hay garantía de éxito. A veces se impone con aparente facilidad la sensatez. Otras cuesta y resulta complicado y doloroso.
– Lo intenté pero tuve que tomar el calmante.
La idea de organismo impone el guión que incluye la exigencia de actuar, buscando el calmante y tragándolo.
El Sistema motivacional de recompensa-castigo dispone de recursos para empujar al individuo a hacer (actuar) lo que considera necesario, independientemente de que sea razonable o absurdo.
Este sistema motivacional no actúa por libre sino que está influido por cogniciones y emociones previas, por pensamientos a veces erróneos y miedos muchas veces infundados, que exigen acciones ya penalizadas antes de que se ejecuten.
No son las articulaciones que rozan, los músculos contracturados, los nervios pinzados, los estreses acumulados, las emociones mal gestionadas, el sueño poco reparador ni otras reflexiones que cuentan con la bendición social (profesional y profana).
No es cuestión de hacer algo con la química y la física interna, aplicando moléculas y fuerzas físicas externas.
Tenemos que hacer algo con las cogniciones internas aplicando conocimiento externo.
– ¿Así, sin más, sin pautas que nos digan cómo se hace? ¿Sólo pensando?
– Haga lo que quiera pero piense antes de actuar. Es la acción más importante, la de pensar.
Pensar, actuar, temer, desear. Va todo en el mismo código, en el estado de conectividad que proyecta en la conciencia dolor.
Quite irracionalidad. Quite miedo.
Actúe.
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