El derecho a no tener dolor
Una amiga mía ni siente ni padece una artrosis bilateral de cadera. Por limitación mecánica le pusieron una prótesis en un lado y por el mismo motivo le pondrán la otra pronto. Jamás ha sentido dolor. - Tendrías que tener dolor. - Es imposible que no te duela. Los comentarios son de sesudos profesionales. Sabemos a ciencia estadística cierta que no existe correlación entre artrosis radiológica y dolor. Con la edad los cambios radiológicos que definen la artrosis, son cada vez más comunes. La mayoría de ciudadanos indoloros los tiene. Otros ciudadanos con cambios mínimos, sin embargo, padecen dolor severo. No se entiende bien el empeño en que algo tenga que doler sabiéndose que puede ser perfectamente indoloro. La declaración de la OMS sobre dolor dice que el ciudadano tiene derecho a que se preste todo el conocimiento y medios disponibles para tratar de aliviarlo pero no reconoce ningún derecho a librarse de él. Sólo nos garantizan el intento, muchas veces frustrado. Puede que esa negación del derecho a no tener dolor explique la negativa a reconocer el derecho de alguien a ¡no tenerlo! - Tienes que tener dolor, obligatoriamente. Por decreto. Tampoco se reconoce siempre el derecho a tener dolor… cuando se tiene. - No puede dolerte. Es todo normal. El problema viene de un error de principio: Sabemos, por ABC de la neurofisiología del dolor, que no existe correlación entre daño y dolor y que este surge del cerebro y no de los tejidos. También sabemos que los cambios artrósicos implican sólo una respuesta regenerativa, de calidad inferior a la restitución celular, pero que no tiene por qué generar respuesta de protección, es decir, dolor. Muchos profesionales siguen actuando como si el dolor surgiera de los tejidos y que cualquier cambio en ellos lo explica y justifica. Mi amiga cojea por la limitación articular pero sin dolor. Ya ha renunciado a discutir. - Es imposible que no te duela… ¿Será posible? Increíble, pero cierto. No hay manera de que se acepten los nuevos paradigmas. Los actuales, aun equivocados, prestan buenos servicios.
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