Xenofobia intelectual
Cuando alguien tiene noticia de algo contrario a sus convicciones, pone en marcha, con más o menos consciencia e intención, mecanismos mentales dirigidos a preservarlas frente a la amenaza del ataque que implica lo que se dice o dicen que se dice.
Las creencias funcionan como una propiedad, una residencia en la que se cobija el YO. En ocasiones lo que se dice es contrario a lo que se cree y el YO reacciona de inmediato, protegiendo sus bienes mentales. Esas ideas no son “de las nuestras”.
Una estrategia defensiva es la de ignorar las propuestas novedosas.
– No sé lo que dice ni me interesa.
Si a uno le va bien, para qué arriesgarse. Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Ni qué decir si lo conocido genera beneficio, al menos, aparente.
No se comprende bien, sin embargo, la negativa a considerar un marco nuevo de interpretación cuando uno está invalidado por un dolor huérfano de explicaciones y alivio y hay una propuesta que contiene un potencial para comprender y solucionar lo que está sucediendo.
El cerebro tiende a la cabezonería y al gregarismo. Aceptará y probará cualquier propuesta que cuenta con aceptación social sin importarle si lo propuesto contiene o no un mínimo de sensatez biológica y rechazará lo extraño y contrario mientras quede algo conocido por probar.
– Por probar no pasa nada. No me importa en qué consiste. El caso es que funcione.
Otra estrategia consiste en recibir la información novedosa con pre-juicios y atención sesgada que modifican el sentido de lo que se dice.
– O sea que soy YO el que se produce el dolor. Pienso que me va a doler y duele…
El pre-juicio ha generado un mal-entendido. Bastaría una recepción mejor del mensaje para modificarlo.
– Estaba equivocado. Ahora lo entiendo. Es algo complicado ¿no?
La estrategia de rechazo extrema es la tergiversación.
– O sea que el dolor no existe. Me lo imagino. Lo manipulo. Ja, ja, ja.
Estos días, a raíz de la entrevista en la radio, he recibido comentarios de resistencia de todos los tipos. El mensaje está contaminado por malentendidos y tergiversaciones. Antes entraba al trapo de las aclaraciones. Ya no lo hago. Respondo a las sonrisas con otra sonrisa.
Una vez hecha la gracia casi nadie pide aclaraciones. Quien quiera recibirlas tiene a su disposición libros y blogs. Me tiene también a su disposición.
Los alumnos de los cursos tienen muchas dificultades para relatar lo que han aprendido y para que sus allegados bendigan el cambio. El boca a boca no funciona, como lo hacen los éxitos de las propuestas conocidas, familiares, “de las nuestras”.
La xenofobia contiene una raíz biológica poderosa.
Lo extraño se repele. El YO y el no YO no sólo se aplica al rechazo de tejidos ajenos.
El YO narrativo, socializado, instruido en un abanico de propuestas conductuales aceptadas, segrega los anticuerpos necesarios para neutralizar las ideas extrañas, novedosas, desconocidas.
– ¿Por qué no te tomas el ibuprofeno y te dejas de tonterías?
Estoy rodeado de amigos con lumbalgia, cervicalgia, cefalea… y de profesionales que saben que tengo una propuesta extraña. La conversación sobre la cuestión se limita al silencio activo o a la gracieta tergiversada.
¡Ay, señor! ¡Qué cruz!
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