Demasiado para el cuerpo
Esta madrugada en el programa de la 2: “Millenium”, dedicado al dolor, se comentó que el dolor crónico aparece con la edad por la degeneración de los tejidos, que conlleva el vivir un exceso de años y que el cuerpo no puede aguantar. La cultura habría prolongado excesivamente la supervivencia y el cuerpo sapiens no aguanta tanto. Tiene fecha de caducidad. Garantía limitada.
Duelen los años, el desgaste, la degeneración. Normal.
“Si un día te despiertas y compruebas que no te duele nada, es que te has muerto”
Suena convincente, pero es falso.
Hay numerosos estudios que muestran “cambios degenerativos” progresivos en la columna en una proporción creciente de ciudadanos… en ausencia de dolor. Los tejidos capean los cambios inducidos por los años de brega mecánica sin que el cerebro valore amenaza, porque, realmente, no la hay.
En consecuencia, cambios con la edad, por todo el cuerpo, pero no necesariamente amenazantes; probablemente, adaptativos. La capacidad regenerativa celular disminuye con los años pero los parches “degenerativos” cumplen perfectamente la función de remiendo.
Plausiblemente lo que añade dolor a los años son las expectativas en muchos casos, alimentadas por la convicción de que los años “duelen”.
El dolor crónico no respeta ni siquiera a la infancia. Claro que podemos alegar asimetrías, escoliosis, vicios posturales, cargas (mochilas…) pero es una atribución precipitada y también falsa.
Dicen también que la condición bípeda nos pasa la factura del dolor lumbar. No entiendo bien cómo se puede llegar a sustentar dicha afirmación, pero tiene éxito.
Homo sapiens está condenado, al parecer, al dolor. Demasiada carga mecánica, demasiados años, demasiado estrés, pocas patas. De condición, sus dolores. Necesitamos bastones, ibuprofenos, prótesis, motorcitos, psicólogos.
El cerebro es un órgano predictivo agorero con tendencia al catastrofismo. Si le meten miedo protege los tejidos con dolor, programas motores corsé, fatiga, desmotivación, rumiación cognitiva y con nubarrones en el horizonte.
– Si con cincuenta años ya tengo dolor cómo será cuando tenga 60…
El mejor antídoto contra el dolor, una vez descartado un origen que lo explica y justifica, es la actividad confiada y el mayor aliado, el miedo, la idea de cuerpo desgastado.
– Doctor, ¿qué me recomienda?
– ¿Qué le gusta hacer? Pues hágalo.
– Me encantaba bailar.
– Pues baile. Sin miedo. Su cuerpo lo agradecerá.
Se dijeron otras cosas en el programa.
Iré comentando.
Comentarios (2)
Los comentarios están cerrados.