La migraña no existe.
Este sábado hemos tenido la revisión de los alumnos de la 17 edición de cursos de migraña.
En general el resultado ha sido bueno. Una de las alumnas, llevada por el entusiasmo por haberse librado completamente del dolor y haber recuperado el visado para re-vivir, comentó que a sus allegados, cuando le preguntan por el cambio evidente, les responde con la contundente afirmación de que “la migraña no existe”.
Evidentemente la migraña existe y la afirmación es falsa. Quizás habría que matizar: “mi migraña ya no existe”. Se ha volatilizado… al menos de momento.
Podríamos afirmar sin embargo que “la migraña no debiera existir” o que “podría no existir”. Bastaría para ello con que el organismo humano actuara como el del resto de los animales: sin la influencia de la cultura experta en esta cuestión.
Nuestra expectativa de vida ha aumentado, gracias a esa cultura experta, a los avances que aporta, pero también ha aumentado la probabilidad de la mortificación y la invalidez injustificada.
La migraña existe desde los tiempos de los faraones y ya había expertos que la atribuían a l enfado de los dioses por la conducta del pobre padeciente, quien habitualmente se comía pocos roscos, entre otras cosas por culpa de la migraña.
A los dioses y espíritus les han relevado humores, energías, arterias, genes, hormonas, estreses y nuevos misterios moleculares pendientes de ser desvelados.
Andamos mal pero los nuevos descubrimientos siguen abriendo nuevas vías para nuevos fármacos, pre-dispuestos para triunfar.
.”La Medicina ha avanzado tanto que ya nadie está sano” dijo A. Huxley o “La enfermedad más común es el diagnóstico” que dijo alguien cuyo nombre ahora no recuerdo
La comprensión del organismo humano no es competencia exclusiva de la Medicina. Afortunadamente disponemos de nuevas vías de conocimiento que nos están permitiendo cambiar radicalmente el marco de comprensión y resolución de cuestiones atascadas, como la de la migraña.
En los cursos divulgamos este nuevo modo de ver el problema, desde la biología, desde lo que vamos sabiendo de la gestión neuronal del organismo.
En este grupo el alumnado ha pasado de sufrir 131 días a 69, de tomar 146 calmantes (ibuprofenos y triptanes) a 54 y de una media de 7,9/10 de intensidad a 6,05.
Previsiblemente las cifras mejorarán en los próximos meses. El reencuentro de la revisión con los relatos y reflexiones compartidas contiene un poderoso efecto liberador.
La mayoría del alumnado ha tenido, como siempre sucede, problemas para contar la experiencia pedagógica. Se han encontrado con caras raras y malentendidos. No es fácil contar lo aprendido en las ocho horas de exposición de los nuevos conceptos, complementadas con la lectura del libro y el blog.
– ¿Sólo hablando? Algo más haríais…
Nuestra alumna ha preferido zanjar la cuestión negando la existencia de la migraña. Antes era, según su relato, “la pobre”, la víctima de innumerables crisis con todo el cortejo migrañoso. Ahora sonríe y ha recuperado el placer de exponerse a todos los desencadenantes que la vida inevitablemente contiene, sin miedo a la factura del despropósito del dolor y los vómitos.
No todo el alumnado puede presumir de haberse librado completamente de la tortura pero agradecen el disponer de un marco teórico comprensible, lógico, que les ha permitido conformar un horizonte, un terreno de juego en el que podrán desatar muchos nudos de la trama migrañosa, con menos fármacos y con más libertad para llevar una vida normal.
Reconforta comprobar el poder del conocimiento, la ilustración en biología.
Contra los intereses de mercado, contra los miedos, no hay arma más poderosa que la inmunización desde el esfuerzo por conocer el soporte biológico (neuronal) de lo que nos atenaza y aplicarlo con convicción, continuidad y coraje.
No hay fórmulas, pautas, terapias, pasos marcados. Sólo una actitud nueva alimentada desde el “empoderamiento” teórico y práctico.
No por repetido deja de sorprender el escepticismo ante la propuesta del origen cultural de la migraña. Estamos tan acostumbrados a oír la monserga de los genes, las hormonas, el estrés y los desencadenantes, la necesidad de aplicar terapias y someterse a hábitos, que nos cuesta ver la simplicidad del impacto del aprendizaje.
No hay nada más gratificante para los profes y para los alumnos que el disfrute en el conocimiento, en la recompensa del trabajo desarrollado en el curso.
La migraña no existe. Es una posibilidad, un reto.
No se pierde nada ilustrándose, inmunizándose.
Sólo el miedo.
Comentarios (5)
Los comentarios están cerrados.