El dolor, ese disconocido
Hay un consenso creciente entre los investigadores de dolor en el sentido de considerar que el paciente debe conocer lo que vamos sabiendo a Ciencia razonablemente cierta sobre su origen, su soporte biológico, para afrontarlo con éxito.
Sabemos, a Ciencia absolutamente cierta, que el dolor, aunque sólo sea por el hecho de ser un contenido de la consciencia, sólo puede existir si se activa una extensa red de circuitos cerebrales.
Sin cerebro no hay dolor ni ningún otro sentimiento.
No “duelea” la columna sino la denominada “neuromatriz o neurofirma” del dolor.
Los huesos, los músculos, articulaciones, estómago, no pueden proyectar dolor ni nada de nada a la conciencia. Sólo generan información, señales que son captadas por neuronas vigilantes y pasan la información hacia los campos del cerebro. Esa información se procesa en función del contexto y, en ocasiones, emerge el sentimiento doloroso en la conciencia.
Algo tan elemental y cierto como lo anterior no sólo no es conocido por el gran público sino que todavía hay muchos profesionales que parecen ignorarlo.
Es más fácil pensar que el dolor se genera donde duele, cuando encontramos allí una alteración que pudiera explicarlo y colgar el sanBenito psicológico al paciente si no encontramos un motivo satisfactorio, antes que meterse en el berenjenal del origen cerebral del dolor.
Los medios divulgan todo tipo de errores sobre el origen del dolor y sus remedios.
No sólo se desconoce la Biología del dolor. Peor, aún se da por bueno aquello que se sabe que no es cierto.
Estamos ante un dis-conocimiento, unas creencias no sólo erróneas sino nocivas, unas creencias que alimentan y cronifican el dolor.
A quién debe consultar el paciente con dolor, una vez que se ha descartado un origen de nocividad?
No tengo duda: a alguien que esté actualizado en conocimiento validado sobre Neurobiología del dolor.
Lamentablemente el cambio de paradigma no parece coger fuerza.
Sobra información sobre cerebro… menos en lo que se refiere al dolor.
¿Por qué?
¿Dónde están los divulgadores de Neurociencia? ¿Por qué no saltan al ruedo público y extienden lo que dicen sobre otras cuestiones a un tema tan dramático para la salud como el del dolor?
¿Qué hace la Universidad?
Hay algo peor que la ignorancia, el no saber nada, y es el dar por sabido y cierto lo que no lo es, el dis-conocimiento.
La patología cerebral no se limita a las infecciones, tumores, tóxicos, déficits y degeneraciones. Hay una patología evaluativa: un exceso de errores en la gestión de los recursos biológicos, en las decisiones somáticas, por culpa de una idea de organismo que no contempla al cerebro como un gestor de su seguridad desde una perspectiva actual.
En la era de la inteligencia artificial estamos dejando de lado la inteligencia biológica.
La alfabetización de profesionales y pacientes en las ideas básicas sobre cerebro defensivo y el peligro de la dependencia cultural y de mercado de las decisiones que el adoctrinamiento impone a ese cerebro, es urgente.
¿Cuándo será trending topic el dis-conocimiento del dolor?
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