Dolor: juicios, culpas y causas
Ayer conocí un comentario de una lectora de mi libro “Migraña, una pesadilla cerebral”, en Amazon. Lo transcribo:
Padezco migrañas, así que lo abordé con auténtico interés. Una aproximación neurológica accesible para el profano y una solución hasta cierto punto original. Hasta cierto punto porque no encuentro mucha diferencia a nivel práctico entre “razonar con tu cerebro” y convencerle de que está en un error (la migraña) y otros procedimientos (autohipnosis, relajación) Conceptualmente puede que sea distinto, pero a nivel práctico representa que el enfermo se conciencie de su dolencia y participe activamente en mitigarla con técnicas cognitivas. Al final se deposita igual, directamente en él, la “responsabilidad” de la migraña y la obtención de la salud. De este modo eres “culpable” de tener migraña porque tu cerebro (digo yo que uno mismo) está equivocado y desencadena un proceso que no está justificado. Si tienes éxito es que la teoría funciona y si no lo tienes “es que tú no te sabes convencer”. Mientras, la migraña ahí sigue y mi cerebro y yo estamos en contienda. El libro resulta ameno y enriquecedor en su faceta científica hasta la mitad. Luego es una reiteración que abunda en nuevos conceptos sobre funcionamiento del cerebro pero no añade nada al hecho de que la migraña es una dolencia difícil de abordar por médicos y pacientes.
Siempre es de agradecer que alguien se tome la molestia de expresar su opinión como lector. Es obligación del autor reflexionar sobre lo que en él se dice. No siempre la intención se refleja debidamente en el texto.
En mi opinión la lectora (“Elena”) ha interpretado algo que yo no digo. Más bien intento decir lo contrario.
La intención del autor no es concienciar al paciente de su problema para después mitigarlo con técnicas cognitivas o de relajación.
La Pedagogía sólo pretende divulgar conceptos actuales sobre Biología del sistema defensivo neuroinmune. El dolor, los vómitos y la intolerancia sensorial de la crisis migrañosa no son sino la expresión hacia el individuo de un estado de alerta de dicho sistema. Evidentemente el organismo ha cometido el error de activar la alarma y la protección sin que se de ninguna condición que, remotamente, lo justifique.
No es cierto que se culpabilice al individuo. Ponemos siempre énfasis en eliminar el sentimiento de culpa en los pacientes. La analogía del sistema inmune así lo aclara: uno no es culpable de tener alergia al polen. Es su organismo, a través del sistema neuroinmune, el que activa la respuesta inflamatoria y otras (por ejemplo, el estornudo y lagrimeo) porque evalúa erróneamente como peligroso (potencialmente infeccioso) el aire que contiene moléculas procedentes del polen.
La Pedagogía en la alergia consistiría en explicar el proceso evaluativo del sistema neuroinmune al paciente, el error en este caso.
En la alergia la información sobre la causa del síndrome no modifica su evolución. Saber que el sistema inmune del organismo en el que uno reside está equivocado no cambia nada. Los linfocitos no responden directamente a las explicaciones.
En el caso de la migraña y otras entidades afines, se da la misma situación pero la responsabilidad del proceso evaluativo recae fundamentalmente sobre el sistema nervioso. Activar la alerta migrañosa por evaluación de peligro en la cabeza por una supuesta condición potencialmente patógena (interna o externa) es responsabilidad de la función evaluativa neuronal.
A través de la pedagogía explicamos el proceso y hacemos ver que las creencias y expectativas de la rama neuronal del sistema neuroinmune de defensa, se alimentan básicamente de la cultura y que, al igual que se generan errores pueden, teóricamente disolverse. Las herramientas son el conocimiento y la aplicación práctica, desde la convicción, de lo aprendido.
Nunca se garantiza nada. No podemos predecir los resultados. Si son beneficiosos puede tratarse de un efecto inespecífico placebo. Si no hay mejoría sólo podemos certificar que el sistema neuronal defensivo mantiene intactas sus creencias y expectativas.
Afortunadamente no conocemos las claves para modificar a conveniencia lo que creemos, tememos y deseamos. Todos los días uno se encuentra consigo mismo. El yo lo enciende el organismo para cumplir con la navegación sugerida desde la ficción de la voluntad y libre albedrío.
En los cursos explicamos conceptos actuales de Neurociencia. Hablamos de nocicepción, aprendizaje, sistema de recompensa, percepción, inflamación, alerta nociceptiva, nocebo-antinocebo y otras muchas cuestiones que los alumnos desconocen porque las culturas actuales del dolor, políticamente correctas y exitosas, no las contemplan.
Cualquier ciudadano puede provocarse una migraña. No tiene mas que contagiarse con un meningococo o provocarse un sangrado en el espacio subaracnoideo, acciones que no están, afortunadamente, al alcance de nadie. Sólo el organismo, desde sus evaluaciones, puede activar los recursos somáticos cuando así esté “escrito” en los sistemas de memoria predictiva del sistema de defensa.
Los padecientes que mejoran no saben dar la receta: se limitan a comentar que piensan en lo que han aprendido y lo ponen en práctica, cada uno con su estrategia.
Podríamos decir lo mismo de otros contextos de dolor “erróneo” como la fibromialgia o el dolor lumbar crónico. Desde la pedagogía explicamos el proceso, corregimos errores y falacias que funcionan como dogmas con la única garantía de que es lo que se lleva y bendice socialmente.
Sólo se pretende que el sistema neuroinmune de defensa imagine el organismo real y no el conformado por la cultura. Si nadie ayuda al individuo a visualizar esa dependencia del organismo imaginado por sí mismo será muy difícil que encuentre la salida al conflicto kafkiano de residir en un organismo razonablemente sano y padecerlo como si estuviera enfermo, desgastado, envejecido y fuera exquisitamente vulnerable.
Los pacientes de dolor lumbar aceptan sin reticencias que el dolor procede de músculos acortado y rígidos, de contracturas y protrusiones, de roces y pinzamientos, todos ellos sobrevenidos de excesos (“la culpa”) mecánicos y de disponer de unos músculos impresentables o sentarse en posturas inadecuadas.
Comentar a un paciente con lumbago que el dolor no se origina en su columna sino en el cerebro, es un ejercicio arriesgado que deberá realizarse con mucho tacto.
– O sea que me duele porque quiero o porque no le entiendo
– En absoluto. Le duele porque su cerebro valora como amenazantes para la integridad física de su columna sus acciones.
– Eso no me resuelve nada.
– Hay muchos pacientes que lo han entendido y aceptado. Se han puesto manos a la obra y han conseguido recuperar gran parte de la actividad perdida.
– O sea que, si no lo consigo, soy culpable…
En los aprendizajes existe el fracaso por múltiples e interactivos motivos. Sólo si el alumno no se esfuerza, no va a clase, no estudia, no se cree lo que le explican y pasa de todo podríamos hablar de “culpabilidad” o, mejor, de que renuncia a conocer la propuesta.
-Le guste o no le guste, el dolor es una cuestión cerebral. Las decisiones del cerebro humano están poderosamente influidas por la cultura. Esa dependencia, en muchas ocasiones, hace que la gestión de los recursos defensivos neuroinmunes sea errónea.
La capacidad de detectar y corregir el error es limitada pero puede mejorarse con la información adecuada y empeorar con la que potencia y consolida los errores.
Usted verá. Existe la oportunidad.
Es usted aparentemente libre de decidir lo que su cerebro quiere que decida.
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