Deconstruir la migraña .1
Galeno denominó “hemikranea” a un dolor de cabeza cuya característica más llamativa era que afectaba a media cabeza. El término procede del griego hemi (mitad) kraneon (cabeza). “Migraña” procede de esa denominación griega, degradada a lo largo de los años.
Realmente es un hecho singular y característico. Cualquier propuesta sobre el origen de la migraña tendrá que ofrecer alguna hipótesis plausible sobre el por qué de esa propensión a afectar sólo a media cabeza. A veces, siempre el mismo lado. Otras, alternando y otras simultáneamente a ambos lados.
“Media cabeza” se puede entender al menos de tres modos:
- mitad izquierda-mitad derecha
- mitad superior-mitad inferior (encima y debajo de las cejas)
- mitad anterior-mitad posterior (frente y cara o nuca)
De hecho la hemikranea opta por la versión izquierda-derecha, que es la que habitualmente se contempla pero hay pacientes a los que les duele la cara (mitad inferior) del kraneon e, incluso la mitad izquierda o derecha de la cara. Los expertos no llaman hemikranea al dolor facial. Prefieren el término “dolor facial atípico”, que, en el fondo, sería una hemikranea inferior (facial).
Para Galeno (120-200 d.c.) sólo existía un concepto de mitad: izquierda o derecha. Dado que existe una barrera anatómica, la hoz del cerebro, que separa el hemisferio cerebral de uno y otro lado, dedujo que el dolor era unilateral porque esa barrera meníngea (la hoz) impedía el paso del dolor originado en un lado al otro.
Realmente, aunque es una propuesta descabellada desde lo que ahora sabemos, al menos indica que Galeno se molestó en buscar una explicación.
No conozco ninguna otra hipótesis que trate de explicar el dato fundamental de la hemikranea.
Actualmente se ha propuesto el origen vascular del dolor: arterias inflamadas y dilatadas lo generan, por una condición genética. Si así fuera habría que considerar una genética que tiene la curiosa propiedad de afectar sólo a una mitad y desde la exclusiva concepción de mitad como izquierda-derecha y no como superior-inferior o anterior-posterior.
No tengo ningún argumento para negar esa singularidad de expresión genética sólo en un lado pero me sorprende que los expertos no acepten el reto de pensar sobre ello y dar alguna explicación.
La teoría vascular de las arterias inflamadas y dilatadas parece que está en sus últimos estertores y pocos la contemplan. Hoy se lleva más el trigémino. Es un nervio que se distribuye por el kraneon y la cara, uno para cada lado (izquierda-derecha) y cada uno tanto a la mitad anterior-posterior como superior-inferior.
La supuesta genética migrañosa debiera también expresarse en uno de los dos nervios trigéminos (derecho o izquierdo) y dentro de su territorio a los ramos anterior o posterior (frente o nuca) o superior-inferior (frente-cara).
Tampoco conozco reflexiones sobre la singularidad de la hemikranealidad desde la perspectiva de unos genes que se expresan sólo en un lado, a través de uno de los dos nervios trigéminos..
La propuesta trigéminovascular del origen del dolor sigue vigente: el dolor tiene que originarse necesaria y exclusivamente en las terminales perivasculares y meníngeas del trigémino. Esas terminales, por alguna razón (genética, por supuesto), son hipersensibles y algo hace que adopten misteriosamente esa condición de hipersensibilidad.
Hoy en día parece que la génesis de la hemikranea está en el cerebro. Allí reside la condición genética que genera, por medios no aclarados, el estado hipersensible trigéminovascular. La sensibilización trigéminovascular, dicen, es un efecto necesario para que aparezca el dolor y no una causa.
Otra vez, aun aceptando que la madre de todas las crisis se esconda en la profundidad del insondable cerebro, habría que dar alguna explicación de por qué la condición genética ha tenido a bien respetar un lado y cebarse sólo en el contrario, o alternar la izquierda-derecha, sin considerar la mitad anterior-posterior o superior-inferior.
La condición hemikraneal tampoco explica el hecho bien conocido de los equivalentes migrañosos:
Los niños expresan la condición “hemikraneal” de dolor en las tripas, sin preferencia de mitades, o en una extremidad (izquierda o derecha) o, incluso, ni siquiera aparece el dolor sino un episodio violento de vértigo o tortícolis, hacia la izquierda o la derecha.
Siempre me ha fascinado y sorprendido esa querencia sólida de la hemikranea a la expresión (como corresponde) en media cabeza y también me ha decepcionado la falta de propuestas teóricas a esa singularidad.
Dejo que los lectores dediquen los tiempos de vagabundeo mental a considerar esa peculiar característica de la hemikranealidad. Piensen en mecanismos que expliquen el por qué el viento sur, el chocolate, el queso, el estrés o las hormonas (femeninas) pueden cebarse a conciencia sólo en un lado y respetar el otro.
¿Tenía razón Galeno con su propuesta de la barrera meníngea que impedía el paso del dolor como si de una exclusa se tratara?
No lo creo, pero nadie ha propuesto ninguna hipótesis alternativa.
Se admiten propuestas
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