¿Y el placebo qué?
Los estudios sobre utilización de botox (toxina botulínica) en la migraña crónica han demostrado que es eficaz (reducción de al menos el 50%) en el 70% de los pacientes, respecto a días de dolor, invalidez y consumo de fármacos. El botox es significativamente superior al placebo. ¿Abrumadoramente superior? No. La superioridad estadística es muy modesta, casi despreciable. Lo que muestran esos estudios es la potencia del efecto placebo. No sorprende. El tratamiento con toxina botulínica es novedoso y aparatoso (se inyecta la toxina por el cráneo y cuello en 31 puntos con la escenificación correspondiente) y muy caro. Los placebos caros, novedosos y aparatosos son más poderosos que los anticuados, simples y baratos. Los estudios incluyen un grupo de control en el que se pinchan los mismos puntos pero se inyecta suero fisiológico en vez de toxina. A los pacientes se les informa que tienen una probabilidad del 50% de recibir toxina o suero. No se les informa en cada caso si han recibido el botox o el placebo. No se les informa pero lo saben: la presencia de la toxina se nota. Es como distinguir agua insípida (placebo) de agua con un fármaco que añade cierto sabor. No se informa cuándo se da agua o fármaco pero a través del sabor el paciente sabe cuándo le ha correspondido el agua o el fármaco. Hay placebos puros, por ejemplo, el suero fisiológico, el excipiente de sacarosa, almidón… Hay, también, placebos impuros, es decir moléculas o intervenciones que inducen cambios. La toxina botulínica es un placebo impuro. Los placebos impuros son más eficaces que los puros. Cuanto mayor sea su impacto sobre el organismo más potente será el efecto placebo. Puede que los estudios sólo muestren que el placebo impuro (toxina) es más eficaz que el puro (suero). En cualquier caso lo que demuestran es que el placebo puro es potente. Es decir, las expectativas y creencias son potentes. Siempre me fascinó el efecto placebo. Creo que mi curiosidad por su poder me trajo a donde ahora me encuentro: en el mundo de las expectativas y creencias, en su conformación cultural. Hay quien defiende la utilización consciente del placebo si el resultado es bueno. Lo que importa en dolor es el alivio. El fin justifica los medios. Puede que si pensamos sólo en el corto plazo sea, al menos, discutible. En el medio y largo plazo, en mi opinión, no hay justificación que valga. Pan para hoy y hambre para mañana. ¿Qué sería de las terapias en dolor si no fuera por el placebo? - La Pedagogía también es un placebo - ¡Claro! Informamos para inhabilitar expectativas y creencias que sólo mortifican, invalidan y confunden. Un parche de nicotina es un placebo impuro para dejar de fumar. Lo que es eficaz es el deseo de librarse del círculo adictivo-tóxico del hábito. - Fumar es una enfermedad. Va bien el tratamiento con parches de nicotina. - Fumar es un hábito aprendido. El tabaco es tóxico. Déjelo. Puede que los placebos ayuden en algunos casos a hacer la transición pero no deben hacernos perder el norte. Es comprensible que padecientes y ciudadanos bendigan una terapia eficaz y desaprecien el mecanismo que explica su virtud. La angustia por el alivio parece justificarlo todo. - A mí me funciona. Al menos, opinable. En mi opinión, no hay justificación para no intentar previamente el enfoque pedagógico. También funciona.
Comentarios (8)
Los comentarios están cerrados.