Activación
El cerebro es una enmarañada red de miles de millones de neuronas conectadas entre sí con varios miles de puntos por cada unidad. Esos puntos de conexión están apagados o activados. Cada combinación temporoespacial de puntos activados da lugar a un efecto específico: una percepción, una idea, una palabra, una emoción, una acción.
Una de esas infinitas posibilidades de conectividad de las neuronas cerebrales da lugar a la percepción de dolor, pero necesita activarse.
Todos disponemos del potencial de generar la percepción de dolor en cualquier tiempo-espacio del organismo. Lo podemos hacer a voluntad, donde y cuando queramos. Sólo hay un modo de conseguirlo: aplicando a ese tiempo-espacio una energía térmica, mecánica o química nociva: podemos comprimir, estirar, aplicar calor-frío extremo o un ácido. Todo bicho viviente, con una red neuronal razonablemente sana, sentirá dolor en el punto y momento que ha sufrido el contacto con esa energía nociva.
También podemos evocar la percepción de dolor en alguna zona a voluntad sin necesidad de aplicar una energía nociva. No está al alcance de todo bicho viviente sino sólo de aquellos cuyo cerebro ha aprendido a hacerlo.
– Matemático. Sólo oler el tabaco me provoca dolor de cabeza.
Las moléculas que libera la combustión del pitillo activan inofensivamente los receptores olfatorios de la mucosa nasal y al poco rato aparece en la conciencia la percepción de dolor. Aplicando una energía química inofensiva se ha activado el mismo patrón de conectividad que con la aplicación de una nociva pero esa vía de activación es individual. No se nace con esa vía de activación. La comunicación surge con el aprendizaje, por múltiples caminos potenciales.
Otras veces, sin ninguna energía de por medio, se activa también el patrón de conectividad que da lugar a la percepción de dolor:
– Matemático. Me despierto todos los sábados con dolor de cabeza.
Basta con que sea sábado, un hecho que no contiene ninguna energía específica que active algún receptor sensorial, para que se haya activado el mismo patrón de conectividad que lo hacía al aplicar una energía nociva o inofensiva.
Ese mismo patrón de conectividad puede activarse en algunos cuidadanos viendo una imagen de daño violento consumado. Una foto de una herida ajena aparatosa en una rodilla puede evocar, por empatía, la percepción de dolor en la rodilla del observador.
También podemos engañar al cerebro haciéndole creer que le estamos aplicando una energía nociva cuando, realmente, sólo aplicamos una crema inofensiva.
– Le dolerá. Es una crema irritante…
Volverá a activarse el mismo patrón de conectividad con unas pocas palabras.
Los caminos de la activación del dolor, como se ve, son muchos y variados.
Nacemos con un camino de activación aprendido evolutivamente. El genoma contiene el plano que lo construye. Es el camino de la aplicación de energía nociva, térmica, mecánica o química. El dolor que surge es útil: informa y protege.
Los demás caminos no disponen de un plano en el genoma. Este sólo contiene el plano que permite su construcción por aprendizaje individual. Esos caminos de aprendizaje no aportan nada útil. Ni informan ni protegen. La activación del patrón de conectividad es innecesaria.
Los caminos de activación inútil de la conectividad que da lugar a la percepción de dolor los construye, o al menos los facilita, la cultura.
Afortunadamente son caminos que, al igual que aparecen, pueden borrarse. No son carreteras asfaltadas sino veredas dibujadas por los pasos repetidos. Basta dejar de andar por esos caminos inútiles para que desaparezcan y dejen de dar la lata con el dolor inútil.
Hay muchos intereses ajenos en mantener abiertas esas veredas que conducen a la activación inútil del dolor.
El dolor no es mas que una de las múltiples expresiones del miedo del organismo a que algo se dañe físicamente.
El miedo se manipula fácilmente, sobre todo si anda por medio un cerebro como el humano, seleccionado especialmente para la imitación y el adoctrinamiento en todo tipo de creencias, a cada cual más absurdas.
Hay dos modos de librarse del dolor inútil:
- Con falsos antídotos que apagan el camino aprendido de la conectividad.
- Informando y convenciendo al cerebro que esos caminos no conducen a ninguna parte
En la vida no hay cosas que temer, decía Marie Curie, sino cosas que comprender.
Usted mismo.
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