El poderoso efecto nocebo
Un porcentaje sustancial de la población padece migraña. Creen, porque así les han enseñado a creer, que el origen de su padecimiento está en los genes y que algo que hacen y no debieran hacer o que no hacen y debieran hacerlo “desencadena” las crisis. Piensan, porque así les han enseñado a pensar, que están condenados a sufrir las consecuencias de su condición heredada y que deben aplicarse a identificar sus desencadenantes para evitarlos, a la vez que llevan una vida ordenada. La mayoría no consigue dar con el maldito desencadenante y piensa que así nunca encontrará alivio a su sufrimiento.
Un porcentaje sustancial de la población padece “de la columna”. Creen, porque así les han enseñado a creer, que sus vértebras están comprimidas, los nervios pinzados y los músculos agarrotados. Creen, porque así les han enseñado a creer, que han llegado a esa situación por haber cogido muchos pesos de malas maneras, porque pasan sentados mucho tiempo, también de malas maneras, delante del ordenador y/o del televisor y en el coche o, simplemente, porque eso de ser bípedo pasa su factura. Creen, porque así les han enseñado a creer, que deben sentarse bien, coger bien los pesos y hacerse con una buena faja muscular abdominal, aunque ya quizás sea tarde.
Un porcentaje sustancial de la población padece fibromialgia. Creen, porque así les han enseñado a creer, que es una enfermedad misteriosa e incurable a la que se accede por vulnerabilidad genética y estrés físico y emocional o, quizás, por exposición a un medio ambiente tóxico. Creen, porque así les han enseñado a creer, que deben aceptar su condición y cuidar su sensible organismo con todo tipo de ayudas físicas y psicológicas, multidisciplinares, sin perder la alegría de vivir.
Un porcentaje sustancial de la población padece dolor en cualquier lugar de su organismo en el que los médicos no encuentran ninguna condición patológica que lo justifique. Muchos aceptan que el dolor es algo consustancial a la edad, al desgaste y que cuando se cronifica ya no tiene remedio.
Un porcentaje sustancial de ese porcentaje sustancial de población dolorida, cree, porque así les han enseñado a creer, que el dolor surge de donde duele, de tejidos afectados, necesariamente, por alguna condición física inadecuada.
Un porcentaje sustancial de los profesionales que atienden e instruyen a ese porcentaje sustancial de población dolorida considera que si duele y ellos no encuentran un daño significativo donde duele es porque se dan circunstancias psicológicas adversas (ansiedad, depresión).
Un porcentaje sustancial de neurólogos y mayor de neurólogas, mayor aún si se dedican preferentemente a atender dolores de cabeza, padece migraña, en proporción llamativamente mayor que la población de “no neurólogos”. No dan muchas pistas sobre lo que opinan de esa alta incidencia.
Sin embargo sabemos, a Ciencia cierta, que todos los dolores surgen del cerebro y que no es una condición necesaria ni suficiente para que sintamos dolor en una zona el que exista una condición patológica en ella.
Sabemos, a Ciencia cierta, que sí es condición necesaria y suficiente que se active simultáneamente un conjunto de áreas cerebrales conocida como la “neuromatriz del dolor” para que lo sintamos.
Un porcentaje sustancial de ciudadanos doloridos no quiere ni oír hablar del cerebro porque creen, ya que así les han enseñado a creer, que se da a entender que el dolor no existe mas que en la imaginación de quien se queja.
Un porcentaje sustancial de ciudadanos doloridos y de los profesionales que les atienden e instruyen, creen, porque así les han enseñado a creer, que el dolor que remite tras su intervención terapéutica lo hace por la estricta cualidad de la virtud analgésica de esa terapia.
Un porcentaje sustancial de la población dolorida y de los profesionales que les atienden e instruyen, creen, porque así les han enseñado a creer, en virtudes mágicas de moléculas, en meridianos energéticos, en nanoestructuras de la memoria del agua, en dietas y en muchas otras prácticas de alivio.
Algunos pensamos que sería condición necesaria y suficiente para que un porcentaje sustancial de la población dolorida encontrara alivio, que conocieran el proceso básico de la generación neuronal del dolor desde la perspectiva de la biología Neuroinmune.
Nuestra ya dilatada experiencia con la Pedagogía en grupos de pacientes con migraña así lo demuestra.
Frente al efecto nocebo, es decir, frente a las expectativas y creencias más extendidas entre la ciudadanía lega y profesional, sólo cabe el efecto antinocebo que no es otro que el de divulgar información que modifique aquellas expectativas y creencias que confunden y engañan al cerebro y le hacen dar por válida una idea de organismo que no se corresponde con la realidad.
Algunos justifican frente al nocebo, una buena acción placébica, en base al principio de utilidad. Si el dolor se alivia no importa que lo haga con el engaño de una cápsula con azúcar.
La ciudadanía tiene derecho a una información veraz.
Los profesionales, además del derecho tienen el deber de acceder a esa información.
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