¿Sólo hablando?
Hemos tenido la revisión del grupo nº 14 de pacientes de migraña. Durante cuatro horas, los alumnos del curso intensivo han intercambiado experiencias y reflexiones. Ha habido una notable mejoría general. Muchos menos fármacos, mucho menos dolor y más vinitos. En definitiva, menos miedo.
– ¿Sólo hablando?
Efectivamente. En las ocho horas del curso, hace dos meses, no utilizamos fármacos, ni técnicas de psicoterapia ni ninguna otra intervención 2terapéutica”. Desmontamos tópicos erróneos dados como verdades y mostramos conceptos ciertos, ignorados por la información habitual. El objetivo es el de recuperar una gestión razonable de los recursos defensivos por parte del cerebro.
Ocho horas de inmersión en las cuestiones básicas de la organización defensiva neuronal y los riesgos que genera la dependencia de su gestión del aprendizaje.
– ¿Terapia cognitiva?
No. En absoluto. Enseñar no es hacer terapia. Si alguien tiene una idea equivocada de la realidad porque así se lo han explicado, no necesita una terapia psicológica sino una aclaración argumentada. Una cosa es que el individuo construya falsas creencias y otra que las reciba por parte de los expertos.
La idea básica del curso es que en la migraña el organismo activa programas defensivos sin justificación, por alarmismo irracional aprendido. Digamos que actúa desde el miedo a todo. Para vencer ese miedo mortificador e invalidante, el padeciente debe modificar su conducta: dejar de identificar para evitar el desencadenante y tratar de llevar una vida normal, olvidándose de buscar infructuosamente un supuesto desencadenante y yendo a por él si lo tiene identificado para conseguir tolerarlo.
– ¿Terapia conductual?
Tampoco. Una cosa es tener miedo desde una construcción alarmista, fóbica, en la que el individuo se reconoce (por ej, miedo a los ratones, a entrar a un ascensor…) y otra tener miedo al dolor, a las crisis, como expresión de una supuesta enfermedad. El miedo a lo desconocido se combate con el conocimiento. Una vez hemos aprendido a representar la normalidad y seguridad de la cabeza debemos ejercitar esa convicción con el objetivo a medio plazo de librarnos de amuletos terapéuticos.
No hay actividad cerebral que no genere una reorganización de su conectividad. Todo cambia. Un trabajo tan intenso y atento como el desarrollado por los alumnos, continuado después con lecturas y aplicaciones prácticas de lo aprendido (enacciones) tiene la potencialidad de inducir cambios de conectividad profundos.
La prueba de que esos cambios se han producido con la intervención pedagógica está en que las cosas han cambiado sustancialmente.
– ¿Sólo hablando?
No. No sólo hablando: escuchando atentamente, implicándose, relatando sus experiencias, exponiéndose a la vida normal, aun a riesgo de padecer alguna crisis en el intento, imaginando la cabeza, reflexionando, abriendo la mente al juego de las nuevas experiencias desde un marco contrapuesto., rebajando fármacos y prevenciones.
– Anda, no seas tonta y tómate el calmante. ¡Haz el favor!
Abrir la boca y meter una molécula al organismo para que se disperse vaya usted a saber dónde y haga milagros, devolviendo el sosiego a la compleja red neuronal de las cosas defensivas, es echar mucha fe a la química. Una cosa es meter un antibiótico, un veneno selectivo para los malos bichos que nos infectan, una hormona al organismo que no la segrega o un fármaco que mata células cancerosas. Son acciones moleculares necesarias y productivas.
Otra cosa muy distinta es introducir una molécula para que restaure el sentido común en la enmarañada red de conexiones neuronales.
El ciudadano está instruido en creer en las terapias, en las soluciones externas, en el algo para todo. También está instruido en la idea de un organismo sumiso que hace lo que le dicen los fármacos, los masajes o las hierbas.
Cada acción terapéutica externa en la migraña refuerza la conectividad de la dependencia hacia esa supuesta ayuda.
Lo que el organismo migrañizado necesita es ayuda de información, luz para comprender lo que está pasando. Libertad. Tolerancia. Exploración confiada.
– ¿Sólo con una molécula? No me lo creo.
Para gustos.
De lo que se cree, se cría.
Comentarios (4)
Los comentarios están cerrados.