La pelea atencional
En cada momento, la realidad, externa e interna, ofrece múltiples y contrapuestas oportunidades. Puede estar pasando de todo o puede llegar a pasar. La memoria predictiva considera en cada escenario todo tipo de sucesos y proyecta a la conciencia aquello que dispone de una puntuación más alta como relevancia.
Todo es posible pero sólo hay algunos estados probables. Sin embargo la trascendencia de lo posible hace que el cerebro opte en ocasiones por aquello que, aunque altamente improbable, pueda traer consecuencias relevantes.
Es poco probable que nuestro avión se precipite al vacío pero es posible y relevante. Evitaremos el avión.
Es poco probable que nuestro décimo de lotería salga premiado pero también es posible y relevante. Compraremos el décimo.
En una crisis de migraña el organismo actúa como si algo terrible (una infección o una hemorragia…) estuviera sucediendo o fuera a suceder en la cabeza. Es posible pero altamente improbable. El foco atencional se vuelve hacia ese estado relevante de amenaza a pesar de su casi nula probabilidad. De esa selección atencional emergen el dolor y la intolerancia sensorial y digestiva, todos ellos programas defensivos. La crisis está servida.
¿Qué hacer?
- Conocer el proceso. Instruirse en la entraña cerebral evaluativa de la migraña. Una crisis es un error evaluativo, no corregido.
- Proyectar esta convicción de error a nuestra conciencia y relajar la percepción de la cabeza.
- Tratar de derivar la atención a la tarea programada.
- Si existe un hábito “terapéutico” calmante, no obsesionarse con la decisión de aplicarlo o evitarlo.
Nuestras armas son la ideación (el discurso, los argumentos) y la conducta. Con ellas podremos pelear por derivar la atención hacia la actividad, con éxito variable.
Ando unos días acatarrado con una tos moderada irritativa. Ayer fui a un concierto, un escenario en el que la tos es altamente relevante. Concierto de violín de Sibelius. Un pasaje en pianísimo. Noto el picor en la garganta y empieza la batalla. ¿Podré controlar la tos? ¿Tendré que salir (perturbando el clima del auditorio)?
Me propuse ganar la batalla y lo conseguí. Proyecté una convicción de que podría no toser, me centré en la música e imaginé una garganta sosegada en la que no sucedía nada. La pelea duró un par de angustiosos minutos pero la atención quedó finalmente centrada en el escenario externo y no en el interno. Ganó el oído y perdió la laringe.
Esta es la estrategia. El éxito es posible pero la probabilidad de conseguirlo es incierta.
- Lo intenté pero tuve que tomar el calmante y encerrarme en la habitación oscura…
- Lo intenté pero acabé tosiendo y tuve que chupar un caramelo, con poco éxito
Con la pedagogía cumplimos un objetivo: el de facilitar el marco teórico que disuelva la convicción de enfermedad. En una crisis no hay nada patológico, salvo la evaluación de amenaza, errónea. El reino de lo posible ha ganado sobre el de la improbabilidad.
Queda pendiente la puesta en práctica en los escenarios en los que el organismo activa la alerta.
No hay pautas ni métodos para aprender. Podemos hacernos con rituales, con placebos, con rivales atencionales… Pueden servir en el corto plazo pero generan dependencia y vulnerabilidad.
En la crisis todo se vuelve contra el paciente. Incluso la víctima colabora, sin darse cuenta, en cerrar el círculo de la pescadilla que se muerde la cola.
Podemos hacernos con aparentes aliados: calmantes, caramelos…
Podemos evitar el escenario, renunciando a él.
Podemos tener la ilusión de controlar con ello la situación.
Podemos, también, hacer justo lo contrario. Ir al fondo del asunto y cambiar el chip.
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