Todo es química
Cualquiera que sea la complejidad de un proceso biológico, puede ser reducido a reacciones químicas. Todo es química: nuestras emociones, pensamientos, sentimientos, percepciones… Absolutamente todo. No hay otra cosa que moléculas organizadas en tiempo y espacio en secuencias complejas.
El dolor también podría ser descrito como algo químico. Los genes son moléculas. La migraña es genética. La migraña es la expresión en la conciencia de una secuencia molecular patológica en la que sobran o faltan algunas de ellas.
Si uno revisa las publicaciones científicas sobre migraña encontrará preferentemente propuestas moleculares. La ciencia trabaja al servicio de las moléculas. Si no hay moléculas no hay ciencia.
Algunos piensan que no sólo hay química sino que esta se complementa con lo inmaterial, con energías psicológicas variadas, con la mente, con otros componentes desconocidos no explicables por el puro intercambio de átomos y moléculas.
Soy de los que creen que todo es química y que debemos pensar en moléculas para dar con las claves de lo que sucede en el organismo.
¿Qué es el agua?
Química: H2O: moléculas constituidas por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno.
¿Qué es el dolor?
Química. No conocemos su totalidad pero en ello estamos. Sí conocemos lo suficiente como para disponer de las moléculas “buenas” que neutralizan la química responsable de que nos duela. Por ejemplo las prostaglandinas son moléculas “dolorosas” y las antiprostaglandinas neutralizan su acción doliente.
– Deme un calmante para el dolor de cabeza.
¿Duele? Me tomo el calmante; a la media hora hace su efecto y el dolor se va. Química.
Dicen los neurólogos que los triptanes contienen la química específica para neutralizar la química doliente de la migraña y no otra. Hasta hace poco se creía que la química migrañosa específica era la responsable de generar constricciones y dilataciones violentas exclusivas de las arterias de la cabeza. El dolor “pulsa” luego es de origen arterial. Alguna química (genética) hace que las paredes de las arterias cefálicas se inflamen y dilaten. El estímulo mecánico del latido libera dolor de esas arterias sensibilizadas. Basta aplicar la química que controla la dilatación arterial para solucionar el problema. Primero fueron los ergotamínicos y luego llegaron los triptanes, los específicos.
Hoy sabemos que la “pulsación” del dolor surge de la oscilación rítmica de la actividad eléctrica cerebral y que nada tiene que ver con el latido arterial. La teoría vascular ya no la defiende casi nadie. Si la química de los triptanes es eficaz no es porque corrija la vasodilatación.
Algunos pensamos que el dolor migrañoso es la consecuencia de una evaluación y una decisión errónea de la red defensiva neuroinmune.
Una evaluación es también un proceso químico: canales iónicos, glutamato, receptores de glutamato… Las neuronas son entes químicos que generan productos psicológicos como la memoria pero ya sabemos cosillas moleculares de la memoria. Es sólo cuestión de tiempo. Podremos activar y desactivar contenidos de la memoria aplicando campos electromagnéticos sobre zonas específicas y modificar los contenidos perturbadores a través de los cambios químicos que esos campos electromagnéticos inducen.
El cerebro contiene creencias y expectativas. También química.
La pedagogía intenta modificar esas creencias pero sólo dispone del lenguaje. No hay problema. El lenguaje también es química. Sin moléculas no hay lenguaje. La química libera palabras y la química de quien las recibe permite que actúen en el lugar (químico) adecuado.
Dicen que cada cual tiene su dolor y que ello es así porque cada cual tiene su química peculiar, ya desde los genes. Hasta el efecto placebo viene ya predeterminado desde el genoma. Cada uno tiene su placeboma, además de su genoma, proteinoma, metaboloma, conectoma…
La química genera ideas y las ideas generan cambios químicos.
Teóricamente cada dolor, cada conjunto individual de expectativas y creencias, tendría su química paliativa específica. Dicen que el futuro nos aportará la química personalizada.
– Deme su tarjeta genómica y su perfil cognitivo conductual.
Cada doliente dispondrá de su química correctora exclusiva. Todo irá sobre perlas. Se pondrá fin a la invalidez y al sufrimiento.
De momento, la aportación de las moléculas analgésicas disponibles es más bien modesta. Nunca tanta gente tuvo tanto dolor como en los tiempos que corren.
Puede que la química moderna ande alborotada con el estrés y la toxicidad ambiental y perturbe el ámbito (químico) de la toma de decisiones en el cerebro. Puede que sobre glutamato y escasee la serotonina o el BDNF. Así no hay cerebro que pueda construir una hipótesis mínimamente sensata.
Puede que las ideas tengan vida propia y la química que detectamos no sea sino algo que esas ideas segregan.
De momento, yo me inclino por considerar las creencias y expectativas como entidades complejas que pueden modularse olvidándose uno de la química, no porque no exista sino porque no está a nuestro alcance y debemos limitarnos a lo que nos permite interactuar con nuestro organismo.
La biología es química autoorganizada históricamente. La química, en Biología, está al servicio de la información. Los genes son moléculas pero contienen información.
El dolor es una consecuencia de la información acumulada en el organismo. Parte de esa información es la que los instructores liberamos a través del lenguaje.
Todo es química.
Sí, pero al servicio de la información.
Para muchos es al revés: la información al servicio de la química (fármacos).
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