«Escuela de dolor: explorando vías de afrontamiento» (VI) - ¡No es tan fácil! (Francisco F.)

Continuando con el relato de ayer…
Francisco F. (Conclusiones)
En primer lugar, he de decir que no soy una persona que se cierra en banda a todo lo que no sea la doctrina oficial y, ciertamente, me encontraba muy receptivo a escuchar y aprender, más con la predisposición que motiva el querer encontrarse bien, aunque he de reconocer ciertas reservas iniciales, puesto que ni tan siquiera había oído hablar o leído sobre esta propuesta en alguna divulgación o en los medios de comunicación.
Pero poco a poco, a través de las sesiones formativas sobre este nuevo paradigma de entender el dolor y su fisiología, fui adentrándome en el concepto de “Sensibilización del Sistema Nervioso Central” y fui comprendiendo que algunas personas podemos tener dolores inespecíficos o disfuncionales, que unas veces surgen en un momento determinado y tienes todos los elementos fisiológicos y de proceso mental necesarios para que se cronifiquen.
De pronto todo empezaba a encajar. Mi experiencia con el dolor, mis diálogos conmigo mismo, mi forma y mi perspectiva de analizar ciertas cosas… ¡iban cambiando!, a pesar de que el dolor persistía. Tampoco se negaba la opción de apoyar esta nueva forma de conceptualizar el dolor con herramientas de gestión y control, así como con la toma ocasional de analgésicos. Esto no ha sido incompatible y en algunos momentos he recurrido a ello.
Con el conocimiento para poder valorar ese dolor como real, instaurado en diversos momentos en mi organismo, de forma inespecífica, disfuncional, no siguiendo un patrón lógico proveniente de una lesión nociceptiva, poco a poco fui comprendiendo y asimilando la perspectiva de que no hay daño, que el cerebro se equivoca, que su diagnóstico se había acomodado a tener una percepción errónea de peligro. Comprendí, es más, quise comprender y llevar a la práctica todo esto.
Ciertamente, cuando el dolor era muy intenso, muchas veces me hundía -soy un ser humano-, por mucho que fuera entendiendo una nueva forma de afrontar que me estaba ayudando a tener una perspectiva diferente sobre lo que me ocurría. En las sesiones de formación también ha habido sus idas y venidas, con mis dudas al ir asimilando todos estos nuevos conceptos. Pero he de decir que mi impulso a seguir era la evidencia demostrada, en primer lugar, sobre las inexistentes lesiones y ciertamente también, la de creer en la pedagogía que estaba aprendiendo.
Lo he dicho al inicio, hay que tener la mente abierta y no cerrarse a todo lo que nos suene “diferente”, no oficial. Pienso que los que somos padecientes de dolores no asociados a daño necesitamos tener un marco pedagógico y de afrontamiento, pero no como un dogma de fe al que agarrarnos, creo sinceramente que si hubiera pensado que se trataba de hacer un acto de fe, no hubiera abordado este tema del modo en que lo he ido asimilando, me hubiera confundido y me hubiera alejado de la perspectiva de lo racional.
Llegados a este punto y por seguir un hilo conductor sobre los 10 temas comentados por Cristina en la introducción, resaltaría lo siguiente en relación a mi vivencia con el dolor:
1. He de decir que yo tampoco estoy del todo bien, que no estoy “curado”. Es más, tengo mis dudas sobre que uno se pueda “curar” del todo. Ahora bien, sí que participo mucho más en todo mi proceso, no soy un sujeto pasivo, me implico y persisto. Hay veces en que caigo, pero no llego hasta el abismo. Lo que puedo decir es que he conseguido relativizar mis síntomas, la convivencia con el dolor es ahora más liviana, no tiene tanta carga agresiva. Ahora sé que el dolor no se genera en la parte del cuerpo que nos duele, sino que se desarrolla dicha percepción en el cerebro y es ese cerebro el que, como es mi caso, sin tener una lesión que lo justifique, puede estar equivocado y, mediante esa confusión, alimentado por mis vivencias, mi relación con él, mi modo de pensar y mi entorno, convertir el dolor en mi centro de atención, con lo que eso conlleva y ha supuesto de exclusión social, laboral y de propia angustia. El cambio de paradigma ha sido una gran ayuda para tomar conciencia de que se puede tener una mejor calidad de vida.
2. En mi caso concreto, la información y aplicar la pedagogía ha supuesto entender, desde un punto de vista fisiológico, cómo se “fabrica” el dolor. En las charlas y sesiones con Rafael Torres hablamos mucho sobre este tema y a mí me ha ayudado a adoptar un papel activo en el proceso y notar una reducción de los síntomas. A día de hoy podría afirmar que mi percepción de dolor se ha reducido en un 50% (por cuantificarlo de algún modo) y creo sinceramente que se debe al conocimiento y a entender el mecanismo fisiológico del dolor cuando no existe una lesión física y a las pautas de exposición progresivas que he ido desarrollando y comprometiéndome con ellas.
3. Supongo que habrá personas que se esfuerzan igualmente en comprender por qué sienten en su cuerpo todos esos síntomas y que, a pesar de aplicar los conceptos teóricos y los elementos de conducta ya expuestos (atemperamento de la hipervigilancia, acallar la mente del runruneo incesante, cambiar la percepción, etc.), no consigan mejorar lo suficiente como para tener más calidad de vida.
4. Creo que las personas que padecemos dolor, del tipo y localización que sea, en alguna medida tenemos cierta predisposición a la desesperanza por no encontrar una guía o, creyendo que la pedagogía pueda serlo, no encontrar la “carretera” recta y toparnos en el camino con muchos desvíos. Esto mismo que yo estoy haciendo, el escribir, el participar, la iniciativa de “testimoniar”, el leer y, a ser posible, participar en programas de dolor, creo que es la guía y la “carretera” más recta para sufrir menos.
5. Creo que pinten o no pinten bien los testimonios de las personas, participar y expresar lo negativo y positivo ayuda. No hay que permitir que se produzca el silencio por el dolor.
6. El cambio precisa de tu convencimiento sin ser un dogma de fe, eso debe quedar meridianamente claro. Porque de lo que se trata es de ser sujeto activo de tus dolencias, no un mero espectador de los síntomas.
7. Creo que la exposición gradual al movimiento y las acciones cotidianas se ha de hacer de modo progresivo. En mi caso, después de intentar cambiar la estructura de los pensamientos destructivos, teniendo como herramienta el poso de todo lo aprendido. Ahora bien, de cara a la exposición y a la no evitación, cómo se mide el dolor que puede tolerar otra persona que no sea yo, seguramente variará en cada cual. Hay personas que pueden sufrir mucho y otras no tanto y ahí habrá que comenzar a trabajar en función de lo que tolere cada cual. En mi caso, me ubicaría en la zona medio-alta si tuviera que aplicar una escala de valor, con momentos de intensidad muy fuerte. Pero también creo que esto pertenece al campo de la cultura y/o educación de la persona, que también influye en la percepción del dolor. Muy importante, no elevar al grado de “terrible” tus peores crisis.
8. En el programa formativo al que asisto (ahora espaciado en el tiempo cada dos meses, aunque siempre tengo una línea de atención abierta) se ofrece también apoyo psicológico. Decir que yo no lo necesité pero que no fue una decisión propia, sino que se fue viendo en base a mi evolución, pero si me lo hubieran aconsejado, hubiera aceptado esta ayuda. Uno puede llegar derrotado, sin aliento, viéndose sin salida, inmerso en un círculo del cual no se puede salir y ante una depresión, y por ello existe el apoyo de la psicología dentro del programa.
9. Sigo recurriendo a los fármacos. Pero así como antes lo hacía de forma habitual y por costumbre, pensando en “es que por si acaso hoy toca dolor de cabeza, porque he notado que….”, pues esa predisposición de construcción cerebral ahora es dialogada en positivo y, si puedo y veo la victoria, no tomo ibuprofeno, hemicraneal, etc. Es decir, es todo más racional porque la percepción de dolor se ha suavizado. Aclarar que, en mi caso particular, siempre estoy hablando de dolores inespecíficos, disfuncionales y crónicos, no atribuidos a un daño neuropático ni fisiológico, es decir, dolor sin daño.
10. Eso de que somos “valientes” lo apoyo en toda su extensión. Los pacientes/padecientes, no sólo tenemos que sufrir en nuestras carnes lo que significa vivir y convivir con la patología del dolor y sus síntomas, con nuestro “alien” particular, sino que esta sociedad muchas veces no nos comprende. Estamos en una sociedad de “usar y tirar”, esto trasladado al ámbito del dolor significaría algo así como -aquí solo vale el que vale, no caben los “tullidos”-, metafóricamente hablando. Por eso considero que es fundamental apoyarnos en las personas que nos reconozcan, entiendan y apoyen. Lo que más me ayudó en mi primer contacto con Rafael Torres en su consulta fue precisamente que dijo que me entendía y que sabía que yo ciertamente tenía dolor y que lo sufría y que, como lo ha visto él en las imágenes por resonancia magnética en sus muchos estudios, y yo cuando me las enseñaba y explicaba, se ve claramente cómo están activadas las áreas cerebrales implicadas en el dolor.
Y, una vez puestas las bases, ahora queda el afianzamiento. Estoy decidido a conseguir logros, aunque tengo claro que no voy a “llevar al límite” mi cuerpo para comprobar mi resistencia. No pretendo lesionarme por llegar a una meta imposible. Nada de eso. Como aprendí en el libro “Explicando el dolor”, avanzo en mi exposición gradual y el cuerpo puede contonearse, moverse… el ser humano nació para moverse y no por ello, en situaciones normales, lesionarse.
¡No es nada fácil! es el meollo de la cuestión, es una lucha diaria la de los padecientes de dolores crónicos o inespecíficos. Hay veces que se vuelve ese ¡alien! propio (palabra o idea “madre” aprendida de Rafa) y ese ¡alien! te socava y tienes que seguir adelante. No es un milagro el que disminuya la percepción de dolor, hay que ser constante, pero aportando todos los elementos en tu construcción cerebral y en tu forma de afrontarlo. Y también ser consciente de que habrá momentos de dificultad, que la disciplina aprendida requiere que se retenga en un poso mental.
Para terminar pido disculpas por mi extensión, no soy una persona intelectual, ni escritor, ni pretendo impresionar con mi relato, sólo me ha movido el ánimo por contribuir a ayudar a otras personas que sufren porque viven situaciones similares a la mía.
Y, cómo no, mostrar también mi agradecimiento a los profesores y profesionales, en especial a Rafael Torres y Arturo Goicoechea, por lo mucho que contribuyen con su perseverancia y su producción escrita a que los pacientes/padecientes tengamos un sitio donde poder escucharnos y vivenciarnos.
Desde aquí mi más sincero ánimo a todos.
Comentarios (4)
Los comentarios están cerrados.